• Paynesville – Una Verdadera Experiencia Australiana

    Estuvimos al menos un mes cargando con un dolor en el talón de aquiles de Dani. Seguíamos pedaleando pero hablábamos de eso constantemente. Franco y yo intentando que Daniel se de cuenta de que tarde o temprano teníamos que frenar. Encima estamos hablando de SU talón, no el nuestro, pero, sin duda, bajarlo al Dani de la bicicleta era uno de los desafíos más complicados.

    Los tres días anteriores a Paynesville estuvimos con varias personas y los lugares donde dormimos fueron distintos a los de siempre: la casa de una mujer de Indonesia que nos invitó a pasar luego de una breve charla afuera de un negocio, el piso de un apartamento vacío que nos dio la llave una persona que conocimos en la calle y un baño público en la ciudad de Stratford. Esta noche de Stratford la recuerdo más que ninguna porque conocimos un músico excepcional llamado Willy a las once de la noche en este baño público. Nos invitó a pasar a su camioneta, en donde vive, e hicimos música hasta altas horas de la noche. Fue una locura.

    Haciendo música en la van de Willi

    La cuestión es que después de tantos lugares en donde hubo que dormir y levantarse al alba para no dejar rastros, llegar a un pueblo como Paynesville fue un abrazo al alma. Aún más cuando nos volvimos a encontrar con Bernie y Ruth Ryan. A ellos los conocimos en el Sur de Australia, cuando estábamos tocando en el Wirrulla  Hotel. Bernie, un hombre de unos 60 años, alto y robusto, se acercó después de que terminara nuestro pequeño gran concierto (que duró unas tres horas) y me pidió que lo acompañara hasta su mesa. Allí tenía un video de YouTube en reproducción en donde se veía una especie de casa de chapa flotando en las aguas de los lagos de Gippsland, al sureste de Melbourne, unos 2000 km desde donde estábamos nosotros sentados esa noche en el Hotel de Wirrulla.

    _ “Tienen que venir a tocar en los lagos. Los espero en mi casa”.

    _ “!Vamos a ir!”, dije yo entre risas y unas cuantas cervezas.

    _”Aquí tienen mi número de teléfono para cuando estén cerca, pero tienen que venir”.

    Le compartí una tarjeta del proyecto y comenté que podía seguir nuestra locación en el GPS de la página web de los bikings. Nos despedimos muy rápidamente y me uní a Franco para seguir entreteniendo con los instrumentos y la música que nos gusta.

    Tocando esa noche en el Wirrulla Hotel

    La vida siguió y así nosotros de vuelta a la bicicleta. Nunca más pensé en el encuentro con Bernie que fue muy rápido de veras y tampoco había entendido del todo qué pasaba con esa casa que flotaba y si él era el dueño o eso pasaba en su pueblo y quería que vayamos a verlo. No entendí del todo bien así que nunca más volví a hablarlo.

    Lo interesante es que mucho tiempo después y de pura sorpresa, recibimos un mail de este hombre de Paynesville, Bernie. Nos decía que, de acuerdo a lo que decía en nuestro GPS de la página de los bikings, nos encontrábamos a unos 700 kms de su casa y que nos estaba esperando. Teníamos que ir en dirección a Paynesville a encontrarnos con Bernie y Ruth. Los micro-objetivos en este tipo de aventuras son lo mejor que le puede ocurrir a la mente. Lugares hacia dónde nos dirigimos y un motivo por el cual viajar, vivir y respirar. Paynesville, hacia allá nos dirigíamos.

    Cuando llegamos fue después de haber dormido en el baño público de Stratford, como conté anteriormente. Nos encontramos con Bernie, el mismo hombre alto y robusto, con el pelo completamente blanco y muchas ganas de compartir. Ruth, una mujer amorosa y sumamente cálida, nos invitó a pasar a nuestra casa. Toda la construcción fue hecha por ellos con su propias manos. Donde nosotros dormíamos era un pequeño apartamento dentro de un gran galpón en donde Bernie trabaja sus proyectos. Fue el lugar donde ellos vivieron durante la construcción de la casa principal, la cual tiene un diseño muy particular, osado e increíble. Grabaron un programa para la TV con el proceso y los años que tomo hacer la casa, es muy interesante.

    https://www.dailymotion.com/video/x6hl773

    Un parque industrial; el lugar elegido para poder construir su casa como se le diera la gana.

    Rápidamente nos hicieron sentir como en casa.  Bernie salió disparado a mostrar todos los proyectos de construcción que tenía. Un avión a escala, una guitarra-barco de 15 metros para flotar por los lagos, un pontiac del ´86 a restaurar (lo está terminando actualmente) y decenas de cosas auténticas. Daré un ejemplo más y con esto termino, al menos creo, de describir a estas grandes personas que son de Australia y se llaman Bernie y Ruth. Durante el verano conseguían la máxima cantidad de pianos posibles y los disponían en distintos puntos del pueblo al aire libre para que cualquiera lo toque. Ese tipo de personas son: cuidan a su comunidad, comparten con los demás y disponen siempre una actitud positiva.

    Restaurando el Pontiac

    Además de todo, llevaron a Daniel al médico y lo ayudaron en su recuperación del talón de aquiles.

    Estos vídeos, fotos y momentos son un pequeño fragmento de la cantidad de cosas que vivimos en este pueblo llamado Paynesville, al sur del estado de Victoria, en donde compartimos nuestra música flotando en los lagos incontables veces, fuimos testigos de diferentes estilos de vida y compartimos con la gente local que siempre enseña.

     

    Gracias Bernie y Ruth Ryan.

  • Paynesville – A Truly Aussie Experience

    Dani had been with a pain in the achilles tendon for at least one month. We kept pedaling but we talked about that constantly. Franco and I trying to make Daniel realize that sooner or later we had to stop. We were talking about HIS tendon, not ours, but, knowing Daniel, getting him off the bicycle was one of the most complicated challenges.

    In the previous days before arriving Paynesville, we happen to meet plenty of new people and the places where we slept were really different from the usual ones: the house of an Indonesian girl who invited us to spend the night after a brief talk outside a shop, the floor of an empty apartment which a stranger gave us the key after a chat in the street and a public restroom in the city of Stratford. I remember this night in Stratford more than any other because we met an exceptional musician named Willy at eleven o’clock in the evening in this public bathroom. He invited us to go to his van, where he lives, and we played music until late at night. It was crazy.

    Jamming at Willis van

    The point is that after so many places where you had to sleep and get up at dawn to leave no traces, getting to a town like Paynesville was a hug for the soul. Even more, when we met again with Bernie and Ruth Ryan. We knew them in South Australia, when we were playing at the Wirrulla Hotel. Bernie, a man of about 60, tall and robust, approached us after our little big concert (which lasted about three hours) and asked me to join him to the table where he was having dinner. There he was reproducing a YouTube video where I could see a kind of tin house floating in the lakes of Gippsland, southeast of Melbourne, about 2000 km from where we were sitting that night at the Wirrulla Hotel.

    _“You and your mates have to come to play in the lakes. I wait for you in my house”
    _”We will definitely go”, I said between laughs and after having a couple of beers”.
    _”Here is my phone number for when you are close. You have to come”.

    Playing that night at Wirrulla Hotel


    I gave him a presentation card from the The Bikings Project  and told him that he could track our location on the GPS on our website. I said goodbye very quickly and joined Franco to continue entertaining the pub with more music.

    Life kept going and we were again on our bicycles. I never thought of the meeting with Bernie again, which was very quick indeed and I did not fully understand what was all that floating house thing about. Was he the owner or that was just something crazy that had place in his hometown and wanted us to see it? I did not understand quite well so I never spoke of it again.

    The interesting thing is that a long time after this fast encounter had happened, and to our surprise, we received an email from this man from Paynesville, Bernie. He told us that, according to what the GPS on the page of the Bikings said, we were about 700 km away from his house and he was waiting for us. Going to Paynesville to meet Bernie and Ruth again was now a must! These micro-objectives in this type of adventure are the best thing for the mind. A new place where to go and another reason keep on traveling. Paynesville, that’s the place.

    We arrived Paynesville after having slept in the public bathroom in Stratford, as I said before. We meet Bernie again, the same tall and robust man, with completely white hair and eager to share. Ruth, a loving and extremely warm woman, invited us to enter what would be our new house while our stay in town. All the construction of their house was done by them with their own hands. Where we slept, it was a small apartment inside a big shed where Bernie works his projects. It was the place where they lived during the construction of the main house, which has a very particular, daring and incredible design. The TV even recorded a program with the process and the years it took to make the house. A very interesting documentary you can watch here:

    https://www.dailymotion.com/video/x6hl773

    An Industrial site: The chosen place to be able to build his house the way he wanted without having anyone against.


    In addition, they took Daniel to the doctor and helped him in his recovery.

    Franco having a maté before playing for the first time in the Floating Tin Shed


    These videos, photos and moments are a small piece of the many of things, we lived in this town called Paynesville, south of the state of Victoria, where we shared our music floating in the lakes in countless opportunities, witnessed different lifestyles and share with the local people who always teach us something new.

    Many thanks to Bernie and Ruth!

  • Another Nullarbor Plain

    We tell the story of a different Nullarbor Plain. In truth, we are not yet within the Nullarbor Plain itself. Many Australians call the stretch from Norseman’s exit to the arrival at Ceduna, but the reality is that the Nullarbor Plain National Park extends from Eucla to Yalata, 400 km. approximately.

    Why do I say it’s different?

     

     

    Bush camping in Caiguna, roadhouse of the Nullarbor Plain

     

    This section is one of the most desert places in all of Australia. Little rain and a lot of heat, especially at this time of year that it`s summertime. We are in February and we are pursuing an anticyclone with permanent rains that allow us to advance a few kilometers apart from a cold temperature that forces us to wear a jacket. We try not to pedal too much down the water because we can not afford to get sick, the trip continues and a fever could delay us too much. Anyway, that’s what I mean with a different Nullarbor Plain. I understand that these rains must be ideal for these dry soils where a bit of green is admiration for anyone, but it definitely has us a little tired. We had to wait for a whole day sitting inside a bathroom and today is another day where you just have to sit, wait, read, write or just contemplate. Depending on the perspective on how you look at it, this situation can be beautiful too. We rest, the trees cool and the moment of writing appears surrounded by nature and kangaroos. Nothing bad.
    We thought that this route covered 1200 km. without any trees, but the first days we were surprised to see some vast and beautiful trees. With an intense and clear green color in their glasses that bathed with the orange of the sun achieved a mixture that looked like a painting. Thus we managed to sit on the long bikes almost without feeling it. We were able to ride a lot and in a very enjoyable way. The places where you can find provisions or a telephone signal (or at least some people) are separated by 200 km. one of the other, but that did not matter. Pedaling became easy and our bicycles carried everything necessary to be independent of these places where, obviously, things are very expensive. We thought that walking this way was going to be very easy. We were even surprised to hear that many Australians highlight how lonely and hard this stretch was, too simple for us.
    Extreme heat and sun in one of the stages of the Nullarbor Plain

    Suddenly, nature took out these airs of greatness with which we had been carrying and showed us that not everything is as simple as it seems. The rains started and all our clothes along with our sleeping tents got wet. The looks in the morning, in silence, showed that little by little things were getting difficult. The confinement in the bathroom bothered someone and the impotence of wanting to move forward and not being able to despair a little. Thus between talks, silences, readings, fugas appearances of people who came to talk, we spent the day and night came. As always happens to us, there is no harm that does not come good. An elderly couple living on the road 11 years ago came up and gave us the richest dinner of our lives. A hot stew to raise our spirits. The next morning of that day “lost” another pair of divers walked towards us and kindly gave us water (the most precious), fruit and sweet cakes that made us good to the soul. That way we started pedaling under the rain because waiting in the bathroom was not a valid option. It was 27 km. faster since our trip began. We made them very motivated with Aleix constantly shouting “Come on, come on, come on !!!”. It was a special day, where, for the first time, we went together and with the same rhythm during the whole day of pedaling, besides fighting against the rain and against our own limitations.

    We arrived at Caiguna, another of these stations that are in the middle of nowhere and where things go three or four times more expensive than in any commonplace. We were happy and motivated. It should be noted that this trip is subject to constant changes of mood. It is like a roller coaster where in the morning you can lift badly, without desire, dejected and at night you can be the happiest person in the world. In Caiguna everything was good humor. We had achieved our goal of the day and we thought we could rest, take a shower, engage in some conversations, make new friends. But sometimes people complicate things. The owners of the station were not at all kind and all they wanted from us was the wallet. If not, we bought. The surprising thing was that despite having bought a bread, two snacks, some cookies and having paid for two showers they wanted to take us out. We left thinking that they were two bitter of life, but in reality, everyone does what they can and probably in other circumstances we could have had a good conversation. Who knows.

    Why do I tell this?

    Because I believe that good and bad situations have the same essence. They put us to the test and let us see that the perspective with which one looks at these encounters will determine our mood and our character. If one does not get angry and try to be empathetic, there was never a conflict because one of the two parties did not get into the problem. I have been told many times when in a fight one of the two does not want to fight there is no such fight. We try, or that we seek, that these situations serve us to learn because we know that all the people we come across want the best for our trip and we hope that all our expectations are met.

    We are still on this route that is not as easy as we thought. We are below a canvas that covers us kindly from the rain and gives us a space to think and reflect. On our side, we have trees, ants, kangaroos, spiders, flies, which are sure to be grateful for this water falling from the sky that provides life and growth. We thank the reader, the one who is interested and the one who looks for new ways of seeing good and bad things from another perspective.

  • Otra Nullarbor Plain

    Contamos la historia de una Nullarbor Plain distinta. En verdad no estamos todavía dentro de la Nullarbor Plain propiamente dicha. Muchos australianos llaman así al tramo que abarca desde la salida de Norseman hasta la llegada a Ceduna, pero la realidad es que el parque nacional de la Nullarbor Plain abarca desde Eucla hasta Yalata, unos 400 kms. aproximadamente.

     

    ¿Por qué digo que es distinta?

     

     

    Bush camping en Caiguna, roadhouse en la Nullarbor Plain

     

    Este tramo es uno de los lugares más desérticos en todo Australia. Pocas lluvias y mucho calor, más aún en esta época del año que es verano. Estamos en Febrero y nos persigue un anti ciclón con lluvias permanentes que nos permiten avanzar de a pocos kilómetros además de una temperatura fría que nos obliga a usar campera. Intentamos no pedalear demasiado abajo del agua porque no nos podemos permitir enfermarnos, el viaje sigue y una fiebre nos podría retrasar demasiado. En fin, a eso me refiero con una Nullarbor Plain diferente. Entiendo que estas lluvias deben ser ideales para estos suelos secos en donde un poco de verde es admiración para cualquiera, pero definitivamente nos tiene un poco cansados. Tuvimos que esperar un día entero sentados dentro de un baño y hoy es otro día completo en donde solo queda sentarse y esperar leyendo, escribiendo o simplemente contemplando. Dependiendo de la perspectiva en como se lo mire, esta situación puede ser bella también. Nosotros descansamos, los árboles se refrescan y el momento de escribir aparece rodeado de naturaleza y canguros. Nada mal.
    Pensábamos que esta ruta abarcaba 1200 kms. sin ningún árbol, pero los primeros días nos sorprendió ver unos árboles vastos y hermosos. Con un color verde intenso y claro en sus copas que bañados con el naranja del sol lograban una mezcla que parecía un cuadro. Así logramos estar sentados en las bicicletas largos ratos casi sin sentirlo. Pudimos avanzar mucho y con un andar muy ameno. Los lugares en donde se pueden encontrar provisiones o señal de teléfono (o al menos algunas personas) están distanciados a 200 kms. uno del otro, pero eso no importaba. Pedalear se hizo fácil y nuestras bicicletas cargaban lo necesario para ser independientes de estos lugares en donde, obviamente, las cosas son muy caras. Pensamos que andando así esta ruta se iba a hacer muy fácil. Hasta nos sorprendió escuchar que muchos australianos destaquen lo solitario y duro que era este tramo, demasiado sencillo para nosotros.
    Calor intenso en uno de los tramos de la Nullarbor Plain
    De golpe, la naturaleza nos sacó estos aires de grandeza con los que veníamos cargando y nos demostró que no todo es tan sencillo como parece. Las lluvias comenzaron y toda nuestra ropa junto con nuestras tiendas de dormir se mojaron. Las miradas a la mañana, en silencio, demostraban que poco a poco se iban dificultando las cosas. El encierro en el baño molestó a alguno y la impotencia de querer avanzar y no poder desesperaba un poco. Así entre charlas, silencios, lecturas, apariciones fugases de personas que se aceraron a conversar, pasó el día y llegó la noche. Como siempre nos ocurre, no hay mal que por bien no venga. Una pareja de ancianos que viven en la ruta hace 11 años se acercó y nos dieron la cena más rica de nuestras vidas. Un estofado bien caliente para subir nuestros ánimos. A la mañana siguiente de ese día “perdido” otra pareja de buzos caminó hacia nosotros y amablemente nos dio agua (lo más preciado), fruta y pasteles dulces que nos hicieron bien al alma. De esa manera arrancamos a pedalear debajo de la lluvia porque seguir esperando dentro del baño no era una opción válida. Fueron los 27 kms. más rápidos desde que comenzó nuestro viaje. Los hicimos muy motivados. Fue un día especial, en donde, por primera vez, fuimos juntos y con el mismo ritmo durante todo el día de pedaleo, además de luchar contra la lluvia y contra nuestras propias limitaciones.
    Refugiandonos de la lluvia y descansando dentro de un baño antes de llegar a Caiguna

     

    Llegamos a Caiguna, otra de estas estaciones que se encuentran en el medio de la nada y donde las cosas salen tres o cuatro veces más caras que en cualquier sitio común. Estábamos contentos y motivados. Cabe aclarar que este viaje esta sujeto a constantes cambios de humor. Es como una montaña rusa en donde a la mañana podes levantar mal, sin ganas, abatido y a la noche podes ser la persona más feliz del mundo. En Caiguna todo era buen humor. Habíamos logrado nuestro objetivo del día y pensamos que podíamos descansar, darnos una ducha, entablar algunas conversaciones, hacer nuevos amigos. Pero a veces la gente complica las cosas. Los dueños de la estación no fueron para nada amables y lo único que querían de nosotros era la billetera. Sino comprábamos, fuera. Lo sorprendente fue que a pesar de haber comprado un pan, dos snacks, unas galletas y haber pagado dos duchas nos quisieron echar. Nos fuimos pensando que eran dos amargados de la vida, pero en realidad cada uno hace lo que puede y probablemente en otras circunstancias podríamos haber tenido una buena conversación. Quien sabe.
    Foto general del bush camping
    Porque creo que las situaciones buenas y malas tienen la misma esencia. Nos ponen a prueba y nos dejan ver que la perspectiva con la que uno mire estos encuentros será la que determine nuestro humor y nuestro carácter. Si uno no se enoja e intenta ser empático, nunca hubo conflicto porque una de las dos partes no se metió en el problema. Me lo han dicho muchas veces, cuando en una pelea uno de los dos no quiere pelear no existe tal pelea. Intentamos, o eso buscamos, que estas situaciones nos sirvan para aprender porque sabemos que toda la gente con la que nos cruzamos quiere lo mejor para nuestro viaje y nos desea que se cumplan todas nuestras expectativas.
    Maxo riendo de un chiste malo de alguno

    Seguimos estando en esta ruta que no es fácil como pensábamos. Nos encontramos abajo de una lona que nos cubre amablemente de la lluvia y nos brinda un espacio para poder pensar y reflexionar. A nuestro lado tenemos árboles, hormigas, canguros, arañas, moscas, que seguro estén agradeciendo esta agua cayendo del cielo que proporciona vida y crecimiento. Agradecemos al que lee, al que se interesa y el que busca nuevas maneras de ver las cosas buenas y malas con otra perspectiva.

  • GREAT OCEAN ROAD BY BIKE

    The Great Ocean Road is for sure one of the most visited spots in the country. Both in winter and in summer, the coast of Victoria receives hundreds of tourists, mostly Asians. They rent a car or pay for a one-day trip bus (you can make it by bus leaving from Melbourne to the 12 Apostles and returning the same day). It is a short stretch of just 243 kilometers and borders the south-east coast of Australia. It goes from Torquay to Allansford. Lush forests, beaches, and viewpoints overlooking millenary rocks that emerge from the sea. Home of the famous “12 Apostles” and other magnificent stone formations such as “Loch Ard Gorge”, “The Grotto” and “London Bridge”, this road crosses several coastal towns and all of them are prepared to receive visits from all over the world. It can be done by car, bus, walking, cycling or whatever you want.
    You´ll see this sign on your way between Lorne and Ayres Inlet

    Riding the bicycles was a unique way of

    doing it

     

     

    Our first day in the Great Ocean Road heading Port Cambell
    Portrait of the bicycle in this paradise

    THINGS TO TAKE INTO ACCOUNT BEFORE STARTING

    1- Beware the cars! We got tired of listening to this recommendation, but on this road, we had to have more than attention. As mentioned, there is a lot of tourism that comes from China where the cars go in the opposite direction than Australia. There are signs written in Mandarin but there are several people who forget to drive in the correct lane. There is a high number of accidents and you have to be aware, visible and then enjoy.
    2- There are steep climbs. We recommend doing it with the least possible weight on the bicycle. We carry instruments in two trailers so our weight is exaggeratedly heavy and some hills were really hard. So in more than in some sections, we had to go down the bike and carry them walking. Anyway, it can be done and it is not an extreme effort at all. There is water, people and food, so if you go with a lot of weight have a little bit of patience and pedal!
    3- Enjoy the way. It is truly one of the most beautiful and attractive bike roads in the world. Being there was a very pleasant sensation. Take notice of the place where you are and understand that it is a unique opportunity.

    I WARRNAMBOOL TO PETERBOROUGH

    Warrnambool is a big city for what we were used to. We just spend the night to start with fresh energies.
    On the outskirts of the city, we began to feel the landscape to come. Small houses up in the hills, a lot of climbing and beach vegetation. The first day we did a short bike ride of 53 km on the “Princes Highway”. It was cold and raining since we did it in the month of May. The beautiful thing about this day was that we were able to grab a bicycle trail along the coast that took us 5 km, little but ideal not to be constantly next to the cars. We arrived at a tiny town called Peterborough where we had to spend the night in the bathroom. It was very cold to sleep outside and being inside with shelter was the best solution. Eating early and having a good sleep.

    II PETERBOROUGH TO PORT CAMPBELL

    Here we began to acknowledge what great stones that appear in the middle of the ocean are like. While you are on the road, you see entrances to the different spots to see the rocks. This day we met “Bay of Islands”, “The Grotto”, “London Bridge” and “The Arch”. We decided to stop at all the entrances. We knew it was once in a lifetime opportunity and took advantage of each place we cycled through. Something we always try to do. These stones are incredible and in “Bay of Islands” we had a beautiful experience. We arrived very early, we were alone and we had breakfast there. We drank some “mate” and enjoyed that silent morning. The sound of the water was amazing and we stayed quiet for a long time. Afterward, we met several people who came to talk to us when they saw our bicycles. Finally, we arrived at Port Cambell after 16 km.
    When we arrived in Port Cambell we spoke with Will and Fabiola, the couple that runs the Port Campbell hotel. She is from Peru and he is Australian. They invited us to eat and we played with Guampas del Sur at the bar. A luxury!

    III PORT CAMPBELL

    While we were playing at the hotel we met Railey. She is Australian and lived 6 months in Argentina. We talked for a good time and had a great night. Having no place to sleep, she invited us to spend the night at her grandparents’ house. It is the only house with an ocean view in the town of Port Cambell. A perfect and beautiful location. Railey told us that she had to go to Melbourne but we could stay there without any problem. We woke up we went to the place where her mother works to thank her for the invitation and saying goodbye to this beautiful town. Railey’s mother invited us to stay two more days in the house and we enjoyed it to the fullest. We got to know Port Cambell in depth and also, in a house overlooking the sea. We did one of the walks that takes you bordering the sea and the views are amazing. We couldn´t have had a better time.
    You can discover the place through this video:
    Go to Video!

    IV PORT CAMPBELL TO LAVERS HILL

    Despite being comfortable in the dream house, we started a new cycling day again. Sometimes the beginning is hard, but once the legs start to warm up, there is no turning back. This day we were going to see the “12 apostles”, the great attraction of the Great Ocean Road. Honestly, the other stones have nothing to envy to the 12 apostles and can even be enjoyed more because there is not so much conglomeration of people. Before arriving you find the stones of “Loch Ard”, one of the most beautiful for us. As usual, we drank some “mate” while we talked with different people who came and got interested in our story. We took out the guitar, the box and sang. We made a video of the song “Y vos de mí” from Guampas del Sur and many tourists came curiously to see what we were doing.
    You can watch the video here:

    Go to Video!

    We decided to continue on our way to the “Otway National Park”. A bit of gravel road and we enter the forest. We saw a sand road and had the brilliant idea of pushing the bicycles 200 meters, believing that the road would then let us pedal. In total, we made 400 meters, 200 to go and 200 to return because it was impossible to walk around for 30 km. When returning and stopping a while in the national park, the night began to fall. We got on the bicycles and went in search of a farmer who let us camp in his garden. So it was then when we met a man of few words but generous enough to allow us camp in his old dairy farm. The terrain was irregular but we could sleep and eat very well.

    V LAVERS HILL (where the forest meets the sea)

    This is the description of the sign on the road that describes Lavers Hill. This small place is, generally, a place where people just stop for a coffee, eat something and continue. There is a motel to sleep in and a store, nothing more. It was a day of intense cycling going uphill. Up, up and up. Again, due to our weight, it became difficult but cycling inside the forest made it unique and unrepeatable. In Lavers Hill, we arrived at the store and they gave us food that was not going to be sold as they were about to close. We talked to the owner and she invited us to set up the tents in a garden that was next to the store. It is a specially designed garden and it was full of flowers and colors. We set up the tents, ate a lentil stew and went to the hotel. We ordered a beer and then went to sleep.

     

    VI LAVERS HILL TO APOLLO BAY (Through Beech Forest)

    It was a very wise decision to go through “Beech Forest”. The question was the following: go to Apollo Bay by taking the sea or entering the forest. The forest required more uphills and the sea seemed to have a less “hard” path. We decided to go towards the forest and we did not regret it. In fact, it is obligatory to do it! The road is pure forest, fresh air, tall trees, animal sounds. It seemed to be a movie. Many climbs but many downhills too. The Great Ocean Road constantly borders the sea, so climbing here is different and special. Fortunately, it was a weekday so it was not full of cars. In this section, you have to be very careful because the road is very winding and there is no place for bicycles. The cars pass very close and you always have to be visible. It’s worth it, if your idea is to do this route YOU MUST to go through this place.

     

    Just before arriving at Apollo Bay we called the hotel and they invited us to play that same night. Food, beers and a good bed. People got into music and we had a very fun night.

     

    We stayed one more day and we also played in the Brewhouse of the town, they gave us food and accommodation as well.
    Apollo Bay has some amazing beaches and people. Another must go!

    VII APOLLO BAY TO LORNE

    This section is extremely beautiful. You are cycling along the coast and the whole visual is unique. As in all the Great Ocean Road, there are long climbs, but there are also downhills to breathe a bit. We cycled all day each on their own peace and the day was great to enjoy the sport. The clear blue sky, the bays that can be seen in the distance, the joy of being in that earthly paradise.

    Arriving in Lorne we found a group of Argentines who lived all together in a house and invited us to come in. We played some music and called the Lorne bowling club. They were waiting for us with dinner ready and the sound system ready for our arrival. So we arrived and met Luke, Tobi, and Christy. They are very kind and generous people. Tobi told us that after closing the place we could sleep at his house. Luke and Christy prepared an exquisite meal for us. Again, a night to remember and with the news that the following day there would be a “jam session” at the venue. We had to go, so we decided to stay the next day too.

    VIII LORNE AND THE JAM SESSION

    Lorne is so nice. The streets of the town have plenty of hills, a lot, and all the houses are hidden among the big trees. On the terrace of Tobi’s house, we could see and hear all kinds of birds. The house welcomed us and all the people who lived in it also. We took advantage of the fact that we had internet and we received a call from a radio station in Argentina. We answered questions and it was a productive morning.

    In the afternoon we walked the town and at night we went to the bowling club for the Jam Session. We played for around 4 hours between everyone. There were many people and we talked to several locals and people from nearby towns. Again, great food.

     IX LORNE TO AYRES INLET

    We saw the lighthouse in the distance. At the end of the bay, it stood majestically waiting for us. The road is similar, almost identical to the one we traveled from Apollo Bay to Lorne. Once you’re immersed you normalize the road, but every km is even more beautiful. The Great Ocean Road is amazing from start to finish.

    Our goal was the lighthouse, we did not know the name of the town we were going to, or how many people lived there or where we were going to sleep. That did not matter, we just wanted to get to the lighthouse.

    When we arrived we took out the instruments and decided to record a song in that beautiful location. We were so happy that we did not want to miss the sunset from that location, but we had to be sure we could find somewhere to sleep before the sun came down.
    You can watch the song here:
    Go to Video!

    We went to the village store, the only one to buy some vegetables. We tried to talk to some people to give us shelter but without success, we decided that we had to set up the tents.
    The local employee, Gill, asked us where we were going to sleep. When we answered that we had no idea, she invited us to spend the night at her house. She cooked for us an amazing risotto and we enjoyed the great company.

    X AYRES INLET TO GEELONG

    Gill, uploaded a photo to her Instagram about us and our trip. A friend of her, Sue, commented on the post and said that she was welcoming us at her house in Geelong. The city is passing Torquay, which is the end of the Great Ocean Road.
    We started pedaling with the idea that someone was going to host us so the day started with a lot of motivation.
    In Torquay, we only stopped to buy a fruit and rest a little. From there, only 20 km remained to reach Geelong. It was raining and the cold was increasing. When we started cycling that last stretch we found two cycle tourists. Arith, from Sri Lanka and Johann from France. Both were pedaling long stretches through Australia and one of them was a bicycle repair technician. Although the weather was not the best, the meeting lasted about two hours under the drizzle. We shared many stories in common and they helped us repair some things on our bikes. With a hug and wanting to meet again in the future, we continued our way to Geelong. We finished the Great Ocean Road!
    
    

    We arrived at Geelong and the doors and life of two more people were opened to us. Sue and Justin. It would be necessary to write a book on how this couple treated us and the moments lived together with them, but it is for another story. The important thing is that we complete the route and lived one more incredible experience.
    
    

    If you are thinking about doing this route, stop thinking. Just go for it that you will find beautiful landscapes, people, smells, sounds, and unforgettable places. Surely this is one of the most beautiful routes through which we will travel in our life. We thank all the people who gave us their trust and support to continue making this trip a story for our future life. Let’s travel and discover places, trust and open ourselves to people, that life is only once.

    
    
  • GREAT OCEAN ROAD EN BICICLETA

    La Great Ocean Road es, sin duda, una de las rutas más visitadas del país. Tanto en invierno como en verano, la costa de Victoria recibe cientos de turistas, en su mayoría asiáticos. Alquilan un auto o pagan una excursión (el viaje puede hacerse en bus saliendo desde Melbourne hacia los 12 Apóstoles y volviendo el mismo día)  y emprenden camino para conocer este hermoso y recomendable trayecto. Es un tramo corto de apenas 243 kilómetros y bordea la costa sur-este de Australia. Va desde Torquay hasta Allansford. Bosques frondosos, playas y miradores con vistas a rocas milenarias que emergen del mar. Hogar de los famosos “12 Apóstoles” y otras formaciones de piedra magníficas tales como ¨Loch Ard Gorge”, “The Grotto” and “London Bridge”. La ruta atraviesa varios pueblos costeros y todos están preparados para recibir visitas de todas partes del mundo. Se puede hacer en auto, autobús, caminando, en bicicleta o como uno quiera.
    Desde Lorne hacia Ayres Inlet se encuentra este cartel
    Montados en la bicicleta

    fue una experiencia

    única.

     

     

     

     

    Nuestro primer día en la Great Ocean Road camino a Port Cambell

     

    La bicicleta de personaje principal en este paraíso

    COSAS A TENER EN CUENTA ANTES DE EMPEZAR

    1¡Cuidado con los autos! Nos cansamos de escuchar esta recomendación, pero en esta ruta hay que tener mayor atención de verdad. Como mencionamos, hay mucho turismo que viene de China en donde los autos van en dirección contraria que Australia. Hay carteles escritos en mandarín pero hay varios despistados que se olvidan de manejar por el carril correcto. Hay un número elevado de accidentes y hay que ir atento, visible y luego, disfrutar.
    2– Hay subidas pronunciadas. Recomendamos hacerla con el menor peso posible en la bicicleta. Nosotros llevamos instrumentos en dos trailers por lo que nuestro peso es exageradamente pesado y costaron mucho algunas subidas. Tanto que en algunos tramos tuvimos que bajar y llevar la bici caminando. De todos modos, se puede y no es un esfuerzo extremo en absoluto. Hay agua, gente y comida, por lo que si vas con mucho peso solamente carga la paciencia, ¡Y a pedalear!
    3Disfrutar el camino. Es realmente una de las rutas más hermosas y atractivas para hacer en bicicleta del mundo. Sentirse ahí fue una sensación demasiado placentera. Hacete cargo del lugar en donde estás y entende que es una oportunidad única.

    I WARNAMBOOL HACIA PETERBOROUGH

    Warnambool es una ciudad bastante grande para lo que veníamos acostumbrados. Simplemente pasamos por ahí y nos fuimos a dormir para empezar con la ruta frescos.
    A las afueras de la ciudad comenzamos a sentir el paisaje que iba a presentarse. Pequeñas casas arriba en las colinas, mucha subida y vegetación playera. El primer día hicimos una pedaleada corta de 53 km por la “Princes Highway”. Hacía frío y llovía, ya que la hicimos en el mes de Mayo. Lo hermoso de este día es que pudimos agarrar un sendero de bicicleta por la costa que nos llevó durante 5 km, poco pero ideal para no estar constantemente al lado de los autos. Llegamos a un pequeñísimo pueblo llamado Peterborough en donde tuvimos que pasar la noche en el baño. Hacía mucho frío para dormir afuera y estar adentro con refugio fue la mejor solución. A comer temprano, película y a dormir.

    II PETERBOROUGH HACIA PORT CAMPBELL

    Aquí comenzamos a conocer lo que son las grandes piedras que se presentan imponentes en el océano. Mientras vas por la ruta aparecen las entradas que te llevan a conocer cada una de estas piedras. Este día conocimos “Bay of Islands”, “The Grotto”, “London Bridge” y “The Arch”. Decidimos parar en todas las entradas. Es que solo vamos a estar una vez acá y pensamos aprovechar cada lugar por donde pasamos. Estas piedras son increíbles y en “Bay of Islands” tuvimos una experiencia bella. Llegamos muy temprano, estuvimos solos y desayunamos ahí. Tomamos unos mates y nos adentramos en las piedras, donde el mar formaba una ola y pegaba muy fuerte contra las rocas. Era un sonido contundente y nos quedamos en silencio un rato largo. Conocimos varias personas que se acercaban a hablarnos cuando veían nuestras bicicletas. Finalmente, llegamos a Port Campbell después de 16 km. Prácticamente no pedaleamos porque estuvimos conociendo cada lugar, pero no tenemos ningún apuro.
    Cuando llegamos a Port Campbell hablamos con Will y Fabiola, la pareja que maneja el hotel. Ella es de Perú y el australiano. Nos invitaron a comer y tocamos con Guampas del Sur en el bar. ¡Un lujo!

    III PORT CAMPBELL

    Mientras estuvimos tocando en el hotel conocimos a Railey, la camarera del bar. Es australiana y vivió 6 meses en Argentina. Conversamos un buen rato y la pasamos muy bien. Al no tener un lugar para dormir ella nos invitó a pasar la noche en la casa de sus abuelos. Es la única casa con vista al mar que hay en el pueblo de Port Campbell. Una ubicación perfecta y hermosa. Railey nos comento que ella tenía que ir a Melbourne pero que cuando nos despertaramos vayamos al local donde trabaja su madre y digamos adiós a este bello pueblo. La madre de Railey nos invitó a quedarnos dos días más en la casa y la disfrutamos al máximo. Pudimos conocer Port Cambell en profundidad y además, en una casa con vista al mar. Hicimos uno de los senderos que te lleva bordeando el mar y las vistas son alucinantes. Mucho más no se puede pedir.
    Conocé más del lugar a través de este video:
    Ir a video!

     

    IV PORT CAMBELL HACIA LAVERS HILL

    A pesar de estar cómodos en la casa del sueño volvimos a arrancar un día nuevo de bicicleta. A veces cuesta el principio, pero una vez que las piernas empiezan a girar ya no hay vuelta atrás. Este día íbamos a conocer los 12 apóstoles, la gran atracción de la Great Ocean Road. Honestamente, las demás piedras no tienen nada que envidiarle a los 12 apóstoles y hasta se pueden disfrutar más porque no hay tanta conglomeración de personas. Antes de llegar se encuentran las piedras de “Loch Ard”, una de las más lindas para nosotros. Como siempre, unos mates mientras observábamos y conversamos con distintas personas que iban y venían. Ahora sí llegamos a los 12 apóstoles. Nos encontramos con unos jóvenes que habíamos conocido en Port Cambell y nos quedamos un rato largo conversando. Sacamos la guitarra, el cajón y cantamos. Hicimos un video del tema “Y vos de mí” de Guampas del Sur y muchos turistas se acercaban curiosos a ver que estábamos haciendo. Pudimos observar que de las 12 piedras que había inicialmente solo quedan 3, con el paso del tiempo, el agua, el viento se van cayendo y volviendo al fondo del mar.
    Mirá el video acá:
    Ir a Video!
    Decidimos continuar camino hacia el “Otway National Park”. Un poco de camino de ripio y nos adentramos en el bosque. Vimos un camino de arena y tuvimos la brillante idea de empujar las bicicletas 200 metros creyendo que luego el camino nos dejaría pedalear. En total hicimos 400 mts, 200 para ir y 200 para volver porque era imposible caminar por ahí durante 30 km. Al volver y frenar un rato en el parque nacional, la noche comenzó a caer. Nos subimos a las bicicletas y fuimos en búsqueda de algún granjero que nos deje acampar en su jardín. Así fue que conocimos a un hombre de pocas palabras pero generoso que nos permitió acampar en una vieja estación donde ordeñaban vacas. El terreno era irregular pero se pudo dormir y comer muy bien.

    V LAVERS HILL (donde el bosque se encuentra con el mar)

    Esta es la descripción del cartel en la ruta que describe a Lavers Hill. El camino costero empieza a volverse frondoso y el bosque aparece. Este pequeño lugar es, generalmente, un sitio donde la gente para por un café, comer algo y sigue. Hay un motel para dormir y una tienda, nada más. Fue un día de pedaleo intenso en donde subir fue la meta. Subir y subir y subir. Nuevamente, por nuestro peso, se hizo difícil pero pedalear adentro del bosque lo hizo único e irrepetible. En Lavers Hill llegamos a la tienda y nos regalaron comida que no se iba a vender ya que estaba cerrando el local. Hablamos con la dueña y nos invitó a poner las carpas en un jardín que estaba al lado de la tienda. Es un jardín especialmente diseñado y estaba repleto de flores y colores. Armamos las carpas, comimos un guiso de lentejas y nos acercamos al hotel. Pedimos una cerveza y nos fuimos a dormir.

    VI LAVERS HILL HACIA APOLLO BAY (Cruzando el Beech Forest)

    Fue una decisión muy sabia atravesar el “Beech Forest”. La cuestión es la siguiente: ir hacia a Apollo Bay costeando el mar o adentrarnos en el bosque. El bosque requería más subida y el mar parecía tener un camino menos “duro”. Decidimos ir hacia el bosque y no nos arrepentimos. De hecho, es obligatorio hacerlo. El camino es puro bosque, aire fresco, árboles altos, sonidos de animales. Parecía estar en el cine. Muchas subidas pero muchas bajadas también. La Great Ocean Road bordea constantemente el mar, por lo que subir por aquí es distinto y especial. Afortunadamente fue un día de semana por lo que no estaba repleto de autos. En este tramo hay que tener mucho cuidado porque el camino es muy sinuoso y no hay lugar para las bicicletas. Los autos pasan muy cerca y siempre hay que ser visible. Vale la pena, si tu idea es hacer esta ruta TENES que pasar por acá.

    Llegando a Apollo Bay llamamos al hotel y nos invitaron a tocar a la noche. Comida, cervezas y una buena cama. La gente se prendió a la música y pasamos una noche muy divertida.

    Nos quedamos un día mas y tocamos también en la Brewhouse del pueblo, nos dieron comida y alojamiento también.
    Apollo Bay tiene unas playas y una gente increíble. Vengan.

    VII APOLLO BAY HACIA LORNE

    Este tramo es extremadamente bello. Vas pedaleando bordeando la costa y toda la visual es única. Como en toda la Great Ocean Road hay subidas largas, pero también están las bajadas para respirar un poco. Anduvimos todo el día cada uno por su cuenta y el día se presto para disfrutar del deporte. El cielo claro y azul, las bahías que se pueden ver a lo lejos, el goce de encontrarse en estos paraísos terrenales.

    Llegando a Lorne encontramos a un grupo de argentinos que vivían todos juntos en una casa y nos invitaron a pasar. Tocamos un rato de música y llamamos al club de bolos de Lorne. Nos esperaban con la cena lista y el sistema de sonido preparado para nuestra llegada. Así fue que llegamos y conocimos a Luke, Tobi y Christy. Ambos 3 son gente muy amable y generosa. Tobi nos dijo que luego de cerrar el local podíamos dormir en su casa. Luke y Christy nos prepararon una comida exquisita. Nuevamente, una noche para recordar y con la noticia de que al día siguiente habría una “jam session” en el local. Nosotros teníamos que estar, por lo que decidimos quedarnos todo el día siguiente.

    VIII LORNE Y LA JAM SESSION

    Lorne es absoultamente encantador. Las calles del pueblo tienen una mucha pendiente, mucha, y todas las casa se esconden entre los grandes árboles. En la terraza de la casa de Tobi podían verse y escuchar todo tipo de pájaros. La casa nos acogió y toda la gente que vivía en ella también. Aprovechamos que teníamos internet y recibimos un llamado de una radio en Argentina. Contestamos preguntas y fue una mañana productiva.

    A la tarde conocimos el pueblo y por la noche encaramos hacia el club de bolos para la Jam Session. Tocamos alrededor de 4 horas entre todos. Había mucha gente y hablamos con varios locales y personas de los pueblos cercanos. Otra vez la comida estupenda.

     

    IX LORNE HACIA AYRES INLET

    Veíamos el faro a lo lejos. Al final de la bahía estaba parado majestuoso esperándonos. El camino es similar, casi idéntico al que transitamos desde Apollo Bay hacia Lorne. Una vez que estás inmerso normalizas la ruta, pero no puede dejar de asombrar. La Great Ocean Road es increíble de principio a fin.

    Nuestra meta era el faro, no sabíamos el nombre del pueblo al que íbamos, ni cuanta gente había, ni donde íbamos a dormir. Eso no importaba, solo queríamos llegar al faro.

    Cuando llegamos sacamos los instrumentos y decidimos grabar una canción en esa locación tan linda. Estábamos tan a gusto que no queríamos dejar de ver el atardecer y la siguiente caída del sol, pero teníamos que asegurarnos de encontrar algún lugar para dormir.
    Mirá el video acá:
    Ir a Video!

     

    Fuimos a la tienda del pueblo, la única que había para comprar algunos vegetales. Intentamos hablar con algunas personas para que nos den alojo pero sin éxito decidimos que teníamos que armar la tienda de dormir.
    La empleada del local, Gill, nos preguntó donde íbamos a dormir. Al responder que no teníamos la menor idea nos invitó a pasar la noche en su casa. Cocinó un risotto demasiado rico y dormimos en cama.

    X AYRES INLET HACIA GEELONG

    Gill, la empleada de la tienda de Ayres Inlet subió una foto a sus redes sociales sobre el viaje que estábamos haciendo. Una amiga suya comentó la foto y dijo que nos esperaba en su casa de Geelong. La ciudad queda pasando Torquay, que es el final de la Great Ocean Road.
    Arrancamos a pedalear con la idea de que alguien nos iba a alojar por lo que el día inicia con mucha motivación.
    En Torquay solo paramos a comprar una fruta y descansar un poco. Desde ahí solo restaban 20 km para llegar a Geelong. Por primera vez, el día estaba lluvioso y el frío se hizo presente. Cuando comenzamos a pedalear ese último tramo nos encontramos con dos ciclo turistas. Arith, de Sri Lanka y Johann de Francia. Ambos estaban pedaleando largos tramos por Australia y uno de ellos era técnico en reparación de bicicletas. Aunque el clima no era el mejor, la reunión duró unas dos horas debajo de la llovizna. Compartimos muchas historias en común y nos ayudaron a reparar algunas cosas de nuestras bicicletas. Con un abrazo y ganas de juntarnos en el futuro, seguimos nuestro camino hacia Geelong. ¡Terminamos la Great Ocean Road!

    Llegamos a Geelong y como siempre se nos abrieron las puertas de la vida de dos personas más. Sue y Justin. Habría que escribir un libro sobre como nos trató esta pareja y los momentos vividos juntos a ellos, pero queda para otra historia. Lo importante es que completamos el camino y tenemos más experiencias vividas.

    Si estás pensando en hacer esta ruta, deja de pensar. Vení que te vas a encontrar con paisajes, personas, olores y lugares inolvidables. Seguramente esta sea una de las rutas más hermosas por las cuales vamos a transitar en nuestra vida. Agradecemos a toda la gente que nos brindó su confianza y apoyo para seguir haciendo de este viaje un cuento en nuestra vida futura. Salgamos a viajar y a conocer, a confiar y conversar, que la vida es una sola vez.

  • The Bike Touring Experience

    First I imagined, desired, created, idealized, projected, materialized it and now I write from the sensations experienced. The best time investment is the one used towards the realization of dreams.

    My background

    Since I was little, Adventure has been special for me. I come from a numerous family ( seven siblings ) in which I am the fourth one out of seven. We used to spend two complete months on our holidays in the mountains of Córdoba province in Argentina. Almost daily and sometimes, forced by my father, we woke up at early morning to go for a hike. There were hikes of all kinds and in every direction. Some were short, in which we took advantage of the water/waterfall and spent the whole day there and other, quite long ones, that took us all day of pure walking. In both cases we packed with food, distributed water equally and ended up exhausted. I remember the sunburned faces and the hunger everyone had. This childhood is responsible for the delirious sense of adventure that I got now. Locating the north with a homemade compass, pointing out the south with a cross at night and knowing that you always have to follow the river when lost, were the first lessons.

    “Contact with nature provides some sensations that you won’t find anywhere else.”

    The silence. The flora and fauna. Watching the horizon. The immensity. To be sitting on a stone, almost two thousand meters high, boiling water to have a soup that you will enjoy while watching the sunset is addictive. Prioritizing these experiences, living in the city is complicated. Personal time is rare and time perception is over accelerated.

    Adapting on the way: sticking to the plan.

    Being in Spain doing a working season, the idea of working in Australia, to afterward travel around with a van came to mind. When doing the last minute paperwork, already with my ticket in hand, I realized that I had lost my driver’s license. It is one of the few procedures that you can’t do overseas and which takes time, so until I will return to Buenos Aires, Argentina, I won’t be able to drive. And now what? My eldest sister planted a seed that now sees its fruit. She gave me a book of a cycle tourist that pedaled through Australia. Before reaching the new destination, I had already read half of the book. The HOW changed but I still had the fixed idea of traveling around the country.

    “I still feel young. It is now when I can do it”.

    Little by little I started planning the structure of the trip that I am in now and from which I am writing. It took almost two years to prepare it.

    Back to roots. Back to paper maps

    Once in Sydney, I got a work as a hotel receptionist. As soon as I earned some money I bought myself a bike. Not mountain nor urban. Rather a simple and solid: a touring one. With some few kilometers ridden, I got a second job as a delivery guy with my bike and for over 9 months cycling around was my every day job. I needed to equip myself and have enough money to be able to travel. Panniers, camera, solar panels and camping gear ( tent, sleeping bag, burner, headlamp and many more ). It was then when I met @aleixpinadella. Born in Catalonia, he also spent his hours working with his bike and as a bartender in a bar. It didn’t take long till he decided to join the adventure. Two months before our visa expired we organized a pilot trip to the Northern Territory, center of Australia. We were in great physical condition and wanted the trip to be extreme. We needed an experience like that. And so it was and for 21 days we cycled from Alice Springs to Uluru, going through the Mereenie Loop, an unsealed road of around 120 km in the middle of November.

    Cycling the Mereenie Loop

    The traced route was 1200 km long. We went for holidays, hobby and as an experience. I had already the idea of a longer trip in my mind so we took advantage of the trip to generate content freely. There were no brands involved. It was a hard trip because of the heat and the gravel.

    Doing some content while on the rest areas and having fun

    The daily distances were close to 100 km. Between us, there were no complications. Dividing tasks in an equivalent way is easy being just two. Two days after having finalized the trip, I was back in Buenos Aires, Argentina after 2 years, with plenty of content and wanting to keep on traveling.

    Welcome to Uluru!
    Nothing like Australian skies

    Solo Bike Touring Experience

    Costa Rica was the next destination. I worked there for 6 months in an ad agency. The bike obviously traveled with me. I haven’t given it a name or nickname yet. I pictured myself surfing and living near to the beach. San José, where I lived, is the capital and located in centre of the country. Except in summer, it rains almost every day and work took up most of my time.

    The beautiful and wild Costa Rica
    Better to just cheers them from the saddle
    Cycling in Costa Rica and making new friends

    “I think it’s the pressure of knowing something is about to end, that drives me to make certain decisions”.

    In this case, I asked for a few days off in the office and went for a ten-day travel to Cuba with the bike. For the first time alone. Almost six hundred kilometers and a few postcards in memory. I like the silence. Loneliness too. It is in the immensity where my thoughts flow positively. Of course, movement as the main motor. All decisions are personal and there is no one to interfere with it.

    “By cycling alone, delegating tasks does not exist and laziness disappears”.

    Humor shifts to the background. Nor there isn’t anyone complaining. And if that was the case, I would then grab my bike and leave. It’s a simple plan. Serenity is key and having a clear mind on what I’m doing, even more. Going flat eight times in a couple of hours can become annoying or not. It is the present situation and the only thing what matters then is to solve this situation. It’s all about that. When being in contact with nature and facing adversities, one is resolutive. I could then think if things could have turned out differently but it’s not the case. I adapt easily to the circumstance.

    “Traveling alone for a couple of days is an experience that I recommend to auto-gift yourself”.

    Group bike touring around Australia

    I find myself now in Norseman, Australia. A month ago, together with three friends, we started cycling from Perth. The idea is to cycle all around Australia. We were expecting to find a really hot climate, but January in the Westside surprised me. Several cloudy days, others rainy and very few extreme heats.

    After 1200 Km we arrived Esperance

    This trip with The Bikings Project is different. We have to generate content. There are several brands involved and the group harmony is required to be able to transmit something beautiful and genuine.

    Aleix recording

    Understanding the extension of it is what makes it complex. The goal is almost a year away. In kilometers, it is about 16 thousand but I already learned that this number does not mean anything. Sleeping in the outdoors and being in the sun all day is exhausting. Sharing the breakfast, lunch, and dinner too. The minimum complaint can be the cause of many hours of mind thinking while cycling.

    “Easing against situations becomes obligatory. An art that you have to master or to learn on the way”.

    Losing the perspective can be very easy. Also the notion of where we are and what we are doing. We are used to something totally different. Consuming, competing and being constantly “connected”. There are many times when I find it hard to enjoy the present moment and I realised it is because my thoughts are not aligned with the big picture. Looking after each other and being attentive to keep our words steady, when cycling at four is sometimes challenging. What an experiment! The mental work goes up first in the list of priorities for us to be able to continue with the trip.

    “In every group there is a natural leader”.

    In this case, I am the eldest of the four and bearing the work position, I work towards the group wellbeing. Below is a series of organizational tools that help the team and we have been applying them for a while now.

    Maxo Cadel recording some ambient sounds
    Making some content on our day off

    To begin with: Security

    Having and following a protocol is essential. Knowing how to act in front of different situations is not random. We must always contemplate the integrity of the four of us. Easing is the mother norm. There is always someone crazier than you and being on a bicycle in the middle of the route makes us vulnerable. Easing by perspective. Each one carries a walkie-talkie. They have a range of 60 kilometers which we have not tested yet… The wind usually generates a lot of noise. Knowing that channel 40 is the one used by trucks gives us some security. They would be the ones who would intervene in the first instance if we had a problem ( hopefully we never have to contact them). Rearview mirrors were our last acquisition. Really important when facing one-way routes full of trucks that pull almost 120 tons of cargo. Stopping and standing aside is the most sensible and responsible thing to do. The sun in this country is very strong and in many sectors the shadow is null. Using sunscreen in the morning is vital to avoid risks. A sunburn would not only be painful but would delay the whole group.

    “No one can afford to be irresponsible”

    When traveling alone the responsibility is not delegated and attention to things is bigger. I trace the route previously and do a really deep research of the place. I try to contact a local to have where to sleep the first days and from there, finish organizing the trip.

    “Planning does not reduce the sense of adventure”.

    Cycling alone in Cuba taking my time to put the tripod and shot a photo

    The Kitchen

    Fuel and fire. In Australia this is the main issue. It rains very little and the landscape becomes super flammable. In fact, setting up a fire is fined with about a thousand dollars all around the country. Our kitchen goes with gasoline. Through air pressure, the fire that is generated is very controlled. We turn it on once a day and is due to the time it takes us to cook. The fact that we are a group ubicates yourself. There are times when the voracious appetite leads to bad decisions in a supermarket and that one of the group making us stop, means a celebration for the economy.

    Franco in charge of the kitchen.

    I´m not a great cook and in cases of need I don’t freak myself out. @francobicicleta is a cook and his culinary experience enrich every meal. Many tasks are divided by the mere fact of predisposition. In this case, spices and techniques are more than useful for the group’s diet. Calculating quantities, cooking times and alternatives. Having sixteen panniers and two trailers allow us to carry ingredients that if traveling alone wouldn´t exist. We have oatmeal with raisins, coconut, honey and cereals for breakfast … A luxury.

    Planning when riding long and desert stretches is vital
    Breakfast of the champs!

    Cycling in a group without being a bunch

    At times we ride altogether. Cycling at 30 km per hour fully loaded and screaming with happiness is something beautiful. If we divide ourselves for many kilometers, we know that we will meet at a scheduled point. Waiting is something that exercises patience. However, many times it is a cause for discouragement and negativity. When you go flat it is pleasant to have a team that encourages and helps to change the tyre. Otherwise, it could mean a delay, slowing of cycling rhythm, cooling down and losing attention.

    Team work to fix fast and keep going
    Six ears are always better than 1

    Cycling in a group has these types of dichotomies when facing a situation. The same with breakfast, dinner, etc.

    When we ride together
    Talking, something beautiful when riding with company

    Pedaling alone is something beautiful. FREE WILL is present at all times and the HOW as well. It can become a bit arduous on long trips. Not for the fact of making all the decisions by yourself but rather because of loneliness. I get along well with myself and enjoy my company. I spend time reading, making videos and photos.

    Cycling alone = the free willing to do just whatever you want. Here, having a taste of a real Cuban havano while cycling. Something I just had to do!

    Give yourself the opportunity!

    Movement is something unique. So unique that people greet, smile and encourage us when overtaking with the car or from the same sidewalk. Of all the ages and in any situation some curious people approach us in search of hearing a little bit of the story. It is simple and primitive. Riding a bicycle requires a bicycle and the desire. I recommend traveling like that. Both in a group or alone. For some days, months or for a couple of years. The route is just an excuse. Being at nature’s mercy, exposed twenty-four hours a day has its consequences. Purple necks, slanted eyes, and a hungry smile. Along the way, the number of people you get to know is something that only happens because of the circumstance. Because of asking for directions, shelter or for sharing a dinner.

    A new family is born
    New friends on the road

    “I learned this way to be present. Understand that time goes by and instants are the stories that I later have to tell”.

     

    writen by @francobicicleta and @rechtdaniel

  • La Experienca cicloturista

    Primero imaginé, lo creé, idealizé, proyecte, volqué, materializé y ahora escribo desde las sensaciones vividas. El mejor tiempo invertido es el destinado a la realización de sueños.

    Mi pasado

    Desde pequeño que la aventura es algo especial para mí. Vengo de una familia numerosa en la cual yo soy el cuarto de siete hermanos. Solíamos pasar dos meses en las montañas en Córdoba, Argentina. Casi a diario y a veces, casi que obligado mi padre nos levantaba temprano y salíamos a caminar. Había recorridos de todo tipo y a todo lugar. Algunos cortos en los cuales aprovechábamos del agua, o cascada para pasar el día y otros largos que nos tomaban todo el día a puro caminar. En ambos casos cargábamos con comida, distribuíamos el agua y terminábamos agotados. Recuerdo las caras insoladas y el apetito de todos. Fue esta infancia la responsable de mi delirante sentido de aventura que hoy día poseo. Ubicar el norte con una brújula casera, el sur con la cruz por la noche y que siempre hay que seguir el río cuando seg está perdido son de las primeras lecciones. El contacto con la naturaleza tiene ciertas sensaciones que en ningún lugar hay semejantes.

    “El contacto con la naturaleza tiene ciertas sensaciones que en ningún lugar hay semejantes”.

    El silencio. La flora y fauna. Ver el horizonte. La inmensidad. Estar sentado en una piedra a casi dos mil metros de altura calentando agua para una sopa que voy a tomar viendo él ocaso es adictivo. Priorizar esas experiencias viviendo en la cuidad es complicado. Los tiempos ahí son los raros y por demás acelerados.

    Adaptando sobre la marcha sin perder el plan.

    Estando en España haciendo temporada surgió la idea de trabajar en Australia así luego recorrer con una van dicho país. Revisando papeles de última hora, con ticket en mano, caigo en cuentas que mi carnet de conducir está caducado. Es de los pocos trámites que son personales así que hasta que no vuelva a Buenos Aires no manejo auto. Y ahora que ? Mi hermana mayor sembró una semilla que hoy día cobra frutos. Me regaló un libro de un ciclo turista que recorre Australia y antes de llegar al nuevo destino ya tenía medio libro leído. Cambio el cómo pero sigo con la idea fija en viajar.

    “Aún me siento joven. Es ahora que puedo hacerlo”

    Poco a poco fui armando la estructura de el viaje en el que estoy ahora y desde el que escribo. Casi dos años tomo formar el proyecto.

    Nada le gana al mapa de papel.
    Recién llegado a Sidney conseguí trabajar en un hotel de recepcionista. En cuanto pude recaudar dinero, adquirí una bicicleta. No deportiva ni para pasear. Más bien una sólida y simple. Con pocos kilómetros encima conseguí un segundo trabajo como delivery y durante meses que me aboqué a trabajar. Necesitaba equiparme y tener el suficiente sustento para poder viajar. Cámara, alforjas, panel solar y el equipo de acampe. ( saco de dormir, tienda, esterilla, frontal y cocina ) Fue en ese momento en el que conocí a Aleix. Oriundo de Cataluña repartía sus horas trabajando arriba de la bici y en un bar. La verdad es que tomó mucho tiempo conseguir todas las cosas y restando dos meses antes para que la visa se venza organiza un viaje al centro de Australia. Me encontraba con un gran estado físico y quería que el viaje sea extremo. Necesitaba de una experiencia semejante. Así fue pues como durante 21 días recorrimos desde Alices Springs a Uluru a mitad de noviembre.
    Andando sobre la llamada Mereenie Loop
    La ruta trazada fueron 1200 km. Fuimos de vacaciones, de hobbie y como experiencia. Ya tenia en mi cabeza la idea de un viaje más vasto por lo que aproveché la situación y generamos contenido. Eso sí, de manera libre. No había ninguna marca involucrada. Fue un viaje duro por el calor y el ripio.
    Generando contenido mientras le dabamos una pausa a la bici.
    Las distancias diarias eran cercanas a los 100 km. Entre nosotros no había complicaciones. Dividir las tareas de manera equivalente es fácil siendo dos. A dos días de haber concretado el objetivo me encontraba en buenos aires, con material y con ganas de viajar.
    La inmensidad de Uluru!
    Los cielos Australianos y su mágia
    Experiencia solo
    Costa Rica fue el próximo destino. Trabajé ahí durante 6 meses en una agencia y por su puesto que la bici vino conmigo. Aún no tiene nombre y/o apodo. Vuelta la misma situación. Me idealizé haciendo surf y viviendo cerca de la playa. En San José llueve casi a diario y el trabajo ocupó la mayor parte de las horas.
    Clásica postal de CR
    Mejor saludarlos desde la bici
    Los nuevos amigos pueden seguir esperando tranquilos
    ” Creo que es la presión de que algo termina lo que me lleva a tomar ciertas decisiones”.
    En este caso pedí unos días en la oficina y me fui diez días a recorrer Cuba con la bicicleta. Por primera vez solo. Casi seiscientos km y unas cuántas postales en la memoria. El silencio me agrada. La soledad también. Es en la inmensidad donde mis pensamientos fluyen de manera positiva.  Eso sí, el movimiento como eje principal. Todas las decisiones son propias y no hay a quien reclamar. Delegar tareas no existe y la pereza desaparece. El humor pasa a un segundo plano. Tampoco hay quien se queja. Y si fuese el caso , pues cojo la bici y me marcho. Es un plan simple. La serenidad es importante y tener en claro que hago más aún. Pinchar ocho veces en un par de horas puede tornarse molesto como no. Es la situación presente y lo único que resta es resolver. Se trata de eso. Uno en contacto con la Pacha frente a las adversidades es resolutivo. El pensamiento luego viene en sí las cosas hubieran sido de otra manera, pero no es mi caso. Me adapto fácil a la circunstancia.

    “Viajar en solitario por unos cuantos días es una experiencia que recomiendo a que se auto regalen”.

    Viaje en grupo

    Ahora me encuentro en australia. Hace un mes que junto a tres personas salimos desde Perth. Expectante a encontrarme con un clima más que caluroso, enero en el oeste me sorprendió. Varios días nublados, otros lluviosos y muy escasos los calores extenúantes.
    Después de 1200 Km llegamos a Esperance
    Este viaje es distinto. Con The Bikings project tenemos que generar contenido. Hay varias marcas involucradas y la armonía grupal es necesaria para poder transmitir algo genuino y bonito.

    Aleix grabando
    Entender la extensión del mismo es lo que lo vuelve complejo. La meta dista casi a un año. En kilómetros son 16 mil pero ya aprendí que ese conteo no dice nada. Dormir a la intemperie y estar todo el día bajo el sol es agotador. Compartir el desayuno, almuerzo y cena también. La mínima queja puede ser la causa de muchas horas de pensamiento sobre el pedal.

    ” Ceder se convierte en un arte obligatorio de tener y o aprender”.

    Es muy fácil perder la perspectiva y noción de dónde estamos y lo que estamos haciendo. Nos acostumbraron a otra cosa. Consumir, competir y estar constantemente “conectados”. Son muchos los ratos los que no logró disfrutar por qué mis pensamientos están ajenos a la causa. Donde están ? Atentos a que la conversación no suba de tono, en el desorden del otro y la lista es larga. Menudo experimento. El trabajo mental sube primero en la lista de prioridades así poder continuar con el viaje.

    “En todo grupo hay un líder natural”.

    En este caso soy el mayor de los cuatro y adjudicado el puesto, trabajo en son del bien común. A continuación hay una serie de herramientas organizativas que ayudan al equipo que aplico desde hace poco.

    @maxocadel grabando ambientes

     

    grabando en nuestro día libre
    Seguridad por sobre todas las cosas
    Contar con un protocolo es esencial. Cómo actuar frente a x situaciones no está obrado al azar. Debemos contemplar la integridad de los cuatro. Ceder es la norma madre. Siempre hay alguien más loco que uno y estando en bicicleta en medio de la ruta nos convierte en vulnerables. Ceder por perspectiva. Cada uno carga con un walkie talkie. Tienen un alcance de 60 kilómetros el cual no hemos probado… El viento suele generar mucho ruido. Saber que el canal 40 es el que usan los camiones nos da cierta tranquilidad. Serían ellos los que intervendrían en primera instancia ante una problemática. (Ojalá nunca tengamos que contactarlos.) Espejos retrovisores fueron nuestra última adquisición. Fundamentales a la hora de encarar rutas de una sola mano en la cual los camiones empujan casi  120 toneladas de carga. Frenar y hacerse a un lado es lo más sensato y responsable de hacer. El sol en este país es muy fuerte y en muchos sectores la sombra es nula. Ponerse protector solar por las mañanas es vital para evitar riesgos. Una quemadura no sólo sería dolorosa sino que retrasa todo el grupo. 

    “Ninguno se puede dar el lujo de ser irresponsable”.

    De estar solo la responsabilidad no se delega y la atención es mayor. La ruta la trazo con anterioridad e investigó lo más posible sobre el lugar. Contactar algún local así tener donde parar los primeros días y desde el lugar terminar de organizar el viaje. 

    “Planificar no quita el sentido de aventura”.

    Andando por Cuba solo tomandome el tiempo para plantar el tripode y sacar una foto
    La Cocina
    El fuego y el combustible. En Australia el tema está latente. Llueve muy poco y el paisaje se torna súper inflamable. De hecho prender fuego está multado con unos mil dólares en el acto al visado. Nuestra cocina es a gasolina. Mediante la presión de aire el fuego que se genera esta más que controlado. Se prende una ves al día y es debido al despliegue y tiempo que toma. Desayunamos y cenamos lo mismo. El hecho que seamos un grupo ubica. Hay veces en las que el apetito voraz lleva a malas decisiones en un supermecado y que alguno del grupo ponga un freno es festejo para la economía.

    @francobicicleta a cargo de la cocina
    No soy un gran cocinero y en casos de necesidad no le achico. Uno de los chicos es cocinero y su experiencia culinaria hacen las comidas ricas. Muchas tareas se reparten por el mero hecho de predisposición. En este caso las especias y las técnicas son más que útiles para la alimentación del grupo. Calcular cantidades, tiempos de cocción y alternativas. Tener dieciséis alforjas y dos trailers permiten llevar ingredientes que solo no estarían. Desayunamos avena con pasas de uva, coco rayado, miel y cereales prensados… Todo un lujo. El planeamiento a la hora de andar por zonas remotas es vital.
    Desayuno de campeones
    Pedalear en grupo sin ser un pelotón
    De a ratos andamos todos juntos. Andar a 30 km por hora e ir gritando de la felicidad es algo grandioso. De distanciarnos por kilómetros sabemos que en en el punto pautado nos encontraremos. Esperar es algo que ejerce la paciencia. No obstante muchas veces es causa de desánimo y mal estar.  De pinchar uno la cubierta da gusto contar con un equipo que alienta y ayuda a cambiarlo. Caso contrario puede ser causa de cortar con el ritmo, enfriar y perder la atención. 
    Andar en grupo tiene este tipo de dicotomías frente a una misma situación. Lo mismo al desayunar, cenar , etc. Compartir unos mates por la mañana y/o por la tarde en una locación extraordinaria no la puedo explicar. Debe ser el único buen vicio.
    Emparchando en equipo
    6 orejas son mejores que 2

    La charla, algo único cuando se viaja de a grupoPedalear solo es algo hermoso. El libre albedrío está presente en todo momento y el como también. Puede tornarse un tanto arduo en viajes largos. No el hecho de tomar todas las decisiones sino más bien por la soledad. Me llevo bien conmigo mismo y disfruto de mi compañía. Dedico tiempo a la lectura y a escribir.  
    Andar solo es la libertad de hacer lo que querés cuando querés. Acá, fumando un habano Cubano.

    Date la oportunidad!

    El movimiento es algo único. Tan único que la gente saluda, sonríe y alienta al pasar con el auto o desde la acera. De todas las edades y en cualquier situación algunos curiosos se acercan en búsqueda de un poco del cuento. Es simple y primitivo. Tan así que parece incierto. Andar en bicicleta necesita de la bicicleta y de las ganas. Viajar así lo recomiendo. Tanto en grupo como en solitario. Por algunos días o por años. La ruta es solo la excusa. Volcarse a la naturaleza estando expuesto las veinticuatro cuatro horas del día tiene sus consecuencias. Cachetes morados, los ojos achinados y una sonrisa hambrienta. Durante el camino la cantidad de personas que se conoce es algo que solo sucede por la circunstancia. Por pedir indicaciones, asilo o por compartir una cena.
    Nuevos amigos
    “Aprendí así a estar presente. Entender que el tiempo pasa y los instantes son las historias que luego tengo de cuento”.

    escrito por @francobicicleta and @rechtdaniel

  • Nullarbor Plain – Semana 2

    Si todavía no tuviste la oportunidad de leer la semana 1, puedes hacerlo a través del link:

    https://bit.ly/2JB5Cwx

    Día 8 :

    Desde que abrí los ojos se escuchaban las gotas repicar contra la carpa. No había dejado de llover en toda la noche y parecía que no pararía en todo el día. Desayunamos bajo techo y las caras largas anticiparon las pocas ganas de salir. Decidimos esperar un rato. Un rato que se hicieron horas y así pasamos todo el día. Leyendo, escribiendo y de a ratos nos juntábamos bajo el único refugio a conversar. Cerca de las 14 hs. los chicos tuvieron la idea de ir a la gasolinera. Pensaron que el episodio de ayer fue producto de un mal día y fueron con la ilusión de tomar una cerveza sentados en el bar. Yo opté por quedarme solo en el campamento y disfrutar de la situación. Pensé en los astronautas y sus meses enteros en cubiculos pequeños. Sus cenas y el temple que deberían tener. No pasó si quiera una hora y ya estaban de vuelta. Sucedió algo inexplicable. No los dejaron tomar dentro del local y solo podían comprar para llevar. Mientras del cielo caían gotas a montones; sin cerveza, marcharon vuelta al campamento más que enojados. Cenamos arróz con latas y decidimos que el día siguiente nos moveríamos sí o sí. De postre, unas galletitas de chocolate y con ellas el cambio de humor. Nos fuimos a dormir motivándonos. 

    Cuando la cara lo dice todo

     Día 9 : 

    La Nullarbor con lluvia!

    El arranque fue épico. Determinación. Eso fue lo que tuvimos. Mientras desayunábamos la avena nos alentábamos a salir. Seguía lloviendo. Desarmamos todo con una velocidad única. La próxima gasolinera distaba a 66 km.

    El pedaleo fue emocionante. Todos estábamos a gusto. Todos mojados . Todo mojado. Llegamos a la meta sin llluvia y los últimos 10 km habían servido para llegar secos.

    Felices sonreíamos de la hazaña. Para el festejo de la salida del sol, el movimiento y la actitud, Dani compró una cerveza para cada uno y ordenó un plato de fritas. Mientras hacía el pedido le comentó de la situación pasada los últimos dos días. El hombre se mostró más que interesado y con bolígrafo en mano apuntó toda la queja. Al terminar manifestó que el encargado del local donde nos habían negado sentarnos, no le caía para nada bien. Adelantó que en cuanto podía se lo hacía saber a la dueña. Cuando salió a dejarnos la comida vino con dos platos en vez de uno. Guíño el ojo derecho y más que contentos nos devoramos las papas. El precio del agua en este lugar era mucho más accesible y razonable. 10 litros por 2 dólares. Aprovechamos para cargar las computadoras, baterías y cerca de las 16 salimos de vuelta a la ruta. 20 km con la puesta del sol. Instalados en el lugar, montamos el tarp por si las dudas y cenamos pasta con salsa de tomate. Él hambre que genera el ejercicio hace que la comida sea riquísima. La repetición de las mismas no quitan el sabor . De postre un poco de chocolate para cada uno y acordamos como meta futura unos 70 km. Venimos con buen ritmo y el día fue una montaña rusa en cuanto a lo emocional. Una experiencia hermosa. Al acostarme me tome unos minutos para reflexionar sobre ello. Determinación. 

    Agua barata en la Nullarbor, algo difícil de encontrar

    Día 10 :

    Estar por salir y encontrarnos con un pinchazo nos demoró 30 minutos. El cielo estaba nublado y los ánimos eran buenos. Todos teníamos ganas de pedalear. Salimos cerca de las 8 y sin parar llegamos a la primera meta. 70 km por una ruta increíble.

    Los paisajes infinitos de Australia, algo que no deja de sorprendernos

    En la gasolinera nos dieron agua caliente gratis que sirvió para cocinar un cous cous con atún y tomate perita. El equipo estaba famélico. La mujer a cargo fue muy amable. Nos dió acceso a los baños y la ducha fue hermosa. Cargamos los equipos y esperamos a que baje la comida y el sol. Situaciones impensadas. Trabajar más que contentos dentro de un baño!   

    Las baterías siempre llenas!

    Antes de salir cargamos gasolina para la cocina y recordé que no teníamos más sal. Buscando la cocina del lugar me topé con un piano. No pude evitar sentarme a tocar. Compramos una docena de huevos y una loncha de pan. Con la sal en la mano salimos a la ruta. Hicimos una proeza. Nuestros primeros 100 km. El viento encontra no nos importó nada. Estábamos contentos, con energía y el sol estaba arriba. La llegada fue de cuento. Antes de bajarme de la bicicleta un hombre que estaba en su caravana había dejado un burbon con 4 coca-colas. Todos sonreíamos. Felicidad.

    No solo por los regalos que nos brinaron. El sacrificio y esfuerzo generan eso. Felicidad. Además del whiskey nos cargó todas las aguas, nos dió papel higiénico, arróz, salmón en lata, porotos en salsa de tomate y un jarrón lleno de maní con chocolate! Cenamos el kilo de arróz con todas las latas obsequiadas y de postre, el chocolate. Dormimos más que a gusto. Realizados.

    Día 11: 

    El desayuno fue diferente. Teníamos los huevos del día anterior así que los hicimos a la plancha. Dos para cada uno. Maxo se hizo cargo. Si bien la cena de la noche anterior había sido contundente todos quedamos con hambre de más. Una loncha con mantequilla de cacahuete y a encarar la ruta.

    Nos propusimos 80 km. Aleix salió como caballo de carrera. Más que motivado con llegar al destino. El resto del equipo fuimos detrás. Paramos a observar un auto abandonado en la ruta. De a poco nos adentramos y de curiosos lo revisamos. Dani sostenía las bicicletas. No quedaba nada. En cuanto decidimos continuar pedaleando cayó un aguacero. Sin aviso. Campera y a cubrir los instrumentos

    De a ratos el sol se asomaba entre las nubes y algunas gotas volvían a caer. Los últimos 10 km el viento en contra se puso violento. Estábamos cansados y hambrientos. Llegamos a la meta cerca de las 2 de la tarde con 4 horas y media de pedaleo detrás. Cociné una polenta! En cuanto puse el agua a hervir se acercaron dos coches a nuestro pequeño camping improvisado. En una camioneta viajaba una pareja jóven de alemanes y en la otra un muchacho australiano que su trabajo constaba en llevar la camioneta a la cuidad que se dirigía. Al llegar, regresaría en avión pagado por la empresa. Antes de entablar diálogo saco 4 cervezas frías del baúl. Otra hermosa bienvenida. Mientras brindamos dimos por finalizado el día y luego de charlar unos 15 minutos nos dejaron un kilo de arroz basmati y pan.

    De postre, una loncha bien cargada para cada uno

    Siguieron ruta y nosotros nos sentamos a comer la polenta. Por la tarde juntamos leña seca, hicimos música y a la noche  encendimos nuestra primer fogata.

     Observar al fuego es algo único. Los cuatro conteplamos la madera arder mientras cenamos arróz con latas de champiñón. Nos fuimos a dormir cansados y contentos. 

    Maxo dandose el gusto de grabar a un road train

    Día 12: 

    Despertamos y aún el cielo estaba oscuro. Ya se anticipaba que iba a ser un día caluroso y con poca sombra. Madrugamos y post desayuno grabamos unas tomas. Algunos planos, un rato de escritura y salimos. A 8 km había un tanque con agua y 2 km más se encontraba una roadhouse.

    Un tanque de agua de lluvia en el medio de la nada. Cosas lindas y amigables para el viajero que tiene la ruta Australiana.

    A penas subimos el asfalto se presentó un viento poco amigable. En contra y con fuerza. Cargamos agua y salimos para la estación. No necesitábamos nada de ella, pero queríamos parar. Antes de llegar un muchacho chino freno y luego de unas preguntas nos saco una foto. Más que contento nos dio un poco de comida y seguimos ruta. Algunos días suceden estas situaciones y el intercambio es enriquecedor.

    Llegue último a la Roadhouse. Tenía muy pocas ganas de pedalear. Estaba cansado mentalmente. Al llegar Dani reparte unas galletitas caseras de chocolate y dando aliento dice ” Un poco de energía para encarar el día que viene duro”. Pasaron los minutos y ninguno alentaba a salir. La pereza se fue contagiando cada vez más.

    Ah, recordé! Necesitábamos avena!! Estábamos cortos y aún restaban 8 días para finalizar la ruta. En primera instancia el personal del lugar respondió que no vendían. Habré entrado unas 4 o 5 veces al mostrador sin intención de comprar nada. Hablaba con las dos mujeres que estaban detrás y el muchacho de la cocina. Les contaba mis pocas ganas de salir, sobre el proyecto y mostraba mi interés de quedarme en el lugar. Todas las veces que salía me despedía y todos reíamos. La última entré para regalarles una pegatina. Ellos tenían dos bolsas llenas de copos de avena. La sonrisa se dibujó en mi rostro. Hasta ahora núnca tuvimos problemas de comida. El local nos acogió. Estaba a gusto. La conversación siguió y de pronto surgió la propuesta de que nos quedemos a tocar en el bar por la noche. No hubo oposición. Fue una decisión unánime. Nos dejaban quedarnos en el lugar de acampe. Yo ya contaba con las llaves del baño que siginificaban duchas y electricidad.

    Algo es algo. Nos movimos 10 km y como todo, es cuestión de perspectiva si fueron muchos o pocos… A todo esto no eran ni las díez de la mañana. Instalados en el lugar nos regalamos una ducha caliente. Cambiamos la distancia a recorrer por horas de edición y selección de material. Habiendo pasado un tiempo prudente de ocio nos juntamos a organizar las tareas. Ahí entra en el cuento Matthew. Mateo en español. El es del norte de Liverpool, Inglaterra. Entendí que era un boy scout o algo semejante. De por sí que era un aventurero nato. Trabajando en temporadas en parques nacionales por alrededor del mundo llevando gente a escalar, al río a hacer Kayak y a observar pájaros. Portaba un bigote frondoso.

    El gran Mathew

    Estaba muy atento a la conversación. Comía una bolsa de papas fritas caseras y se tomó un litro de leche helada. Esa era su gasolina. Cuestión; vino a Australia a acompañar a un muchacho a caminar todo el país. Este recauda fondos para la investigación del ACV, ya que sufrió uno hace 4 años cuando tenía 27. Mateo contó que no pudo congeniar con el debido a diferencias en las personalidades y algunas cuestiones éticas. Sin profundizar mucho en la historia contó que se marchó y acordó con su hermana encontrarse en Perth, a 3 mil km de donde se encontraba. Consiguió equiparse casi de manera gratuita y con una bicicleta del súpermercado estaba frente a nosotros disfrutando de su comida. Al rato el hambre se sintió en el equipo y cociné un cous cous. Algunas latas y salsa de tomate.

     

    A las cinco de la tarde nos presentamos con Maxo en el bar. Para el primer tema cenaba una pareja de motoqueros y el personal detrás de la barra se mostraba contento. De a poco fue cayendo gente al baile y de pronto me encontraba ebrio y el bar estaba lleno. Todos cantando al unísono clásicos que tocaba un muchacho francés que andaba de paso. Ver y participar de todo el proceso fue tremendo. Nos dieron unas papas fritas. Lo bueno de arrancar temprano fue que no eran ni las 12 y estaban todos fuera y nosotros ordenando las mesas del bar. Nos fuimos a dormir más que contentos. Revolucionamos el bar a través del sonido. 

    Día 13: 

    Nos despertamos tarde y perezosos. Recién cerca de las 9 am terminamos con el desayuno. Yo tenía resaca y los chicos estaban cansados. Tuvimos una breve reunión matinal y resolvimos quedarnos. Contábamos con electricidad y el día anterior, por diferentes motivos, no nos sentamos a trabajar sobre el material. La devolución de las llaves del baño era el último acto antes de salir a pedalear. Al entregarle las llaves, la encargada me dio una torta para que comieramos de desayuno. “Que tengas lindo viaje y gracias por todo” . “¿ Me quedo con la torta y nos vamos a pedalear o le pido las llaves y devuelvo la torta? ” Tenía ese pensamiento en mi cabeza. 

    Por fortuna no hubo problema que nos quedáramos un día más en el estacionamiento y también pudimos comer la torta. Por la tarde fuimos a tocar y no había mucha gente. El staff también sufría las consecuencias de trasnochar así que la tocada no duro mucho. 

    Con Dani acomodamos el bar mientras Maxo y el Tito preparaban la cena. Prepararon fideos con salsa y Dani se trajo el postre. Una vez más nos regalaron un generoso pedazo de budín de banana! Nos acostamos súper contentos. El western nos estaba reteniendo y de la mejor manera. Al día siguiente cruzaríamos al estado sur del país. 

    Día 14: 

    Nos despertamos con ganas de pedalear. Habíamos dejado las bicis lo más listas posibles. El desayuno, como casi todas las mañanas, ya estaba preparado. Desmontamos las carpas y salimos a la ruta. Faltó el comentario sobre la clásica foto con el personal. Después de los saludos y agradecimientos encaramos el asfalto… 

    El clima fue perfecto. Un poco de viento a nuestra espalda y algunas nubes en el cielo que de a ratos tapaban un poco al sol. Con casi dos días de descanso apretamos el acelerador y con un promedio cercano a los 30 km por hora paramos a los 55km.

    Frente a nosotros se encontraba la única subida y a su final Eucla. Última estación antes de la frontera. Los chicos salieron a pura marcha y yo me quedé 5 minutos a contemplar. Al subirme a la bici me encontré con una situación extraña. La rueda trasera se movía de un lado a otro tocando con el marco. Quiero creer que fue de un momento a otro… Los rayos traseros estaban casi todos flojos y dos de ellos rotos. Desmonte las alforjas y levanté el dedo. 5 minutos después, el tercer auto paró y me auxilió. Cargué la bicicleta en el techo y me acercaron a Eucla donde esperaban los chicos.

    No cargamos con las herramientas ni el conocimiento sobre el asunto. Así fue como emprendí la misión de ir hasta la bicicleteria más cercana y volver al grupo. (se encontraba en Port Augusta a 1200 km). En la toma de decisión aparece en escena Steve. Oriundo de Inglaterra se presenta como explorador. Sabía sobre rayos de bici y tenía toda la intención de solucionar el problema pero no contábamos con las herramientas. Cuestión que estaba junto con una productora de televisión. El capítulo era sobre Cuevas en los acantilados de la Nullarbor y Steve era el guía.

    Steve el explorador

    Así fue como el sonidista del grupo me llevó hasta la frontera a 12 km. (Ahí es donde paran los camiones) Desde pequeño que tuve interés por los programas de supervivencia en la tele. Él se dedicaba hace 20 años a grabar sonido en ese tipo de aventuras. Tiró el telón abajo y me desveló el misterio. “Ellos viajan en primera clase de avión y comen mejor que nosotros… Ustedes son aventureros de veras.”  Me bajé del auto más motivado que desilusionado. Me encontraba en la frontera del país con una linda misión por delante. 

     

    Mientras hablaba con todo camionero que veía en busca de un aventón, llegaron los chicos en bici. No pasaron siquiera dos horas y yo ya estaba dentro de un camión. Abrazo grupal y nos vemos cuando nos vemos! 

    En el próximo blog contaré todo lo que sucedidó en los 2100 km hechos para arreglar la bici y volver a encontrarme con los chicos.

    Camino a Port Augusta a la bicicletería más lejana del mundo!

    Escrito por @francobicicleta

  • Nullarbor Plain – Week II

    If you haven´t had the opportunity to read “Week I”, you can do it through the following link:

    https://bit.ly/2JB5Cwx

    Day 8 :

    From the moment my eyes opened, I could audibly listen to the drops falling against the tents’ walls. Rain had poured all night and didn’t show any signs of stopping. We had breakfast under the cover of a roof and our long, weary faces expressed our little will to continue. We then decided to wait. A short while turned into hours, and suddenly, we had spent all day in. We read, we wrote and sometimes we sat by the fire to discuss and connect. Around 2 pm some of us thought it wise to go to a gas station. They believed last days episode had probably been the product of a bad day and went with the idea of drinking some beers together. I chose to remain alone in the camp and enjoy my solitude. I pondered on astronauts lives and how they spend whole months in small, isolated cubicles. I thought about their dinners and the stability they need to have. Not one hour had gone by and the boys had returned. Something inexplicable had happened. They weren’t allowed to drink it inside and had to buy some and drink it outside. Drops were falling without mercy and without any type of beer, they furiously returned to the camp. We ate rice with cans and decided that we definitely had to continue moving the next day. As dessert we had some chocolate cookies and with their sweetness came a change in character. We went to sleep motivated.  

    Cuando la cara lo dice todo

     Day 9 : 

    La Nullarbor con lluvia!

    The beginning of the journey was, for lack of a better word, epic. Determination.That was what we had. As we devoured our oatmeal, we pumped up ourselves to leave. It was still raining. We undid everything at an incredible speed. The closest gas station was 66 km away.

    Pedalling was thrilling: we were all pleased, all wet, everything was wet. The rain ceased and thanks to the last 10 km we were able to arrive safe and dry.

    We were ridden with excitement. We had made it. In order to celebrate the sun’s appearance, our riding and our attitude, Daniel bought the four of us a beer and ordered a plate of fries. As he waited for his fries to arrive, Daniel recounted the last days situations to the man who was serving us.The man showed tremendous interest and he even wrote down our complaints. Once he was finished he shared his dislike for the couple who ran the place we were in. Finally, when the food was done, he came up with two plates instead of one. With a smug wink he left us happily swallowing our fries. The price of water here was much more reasonable: 2 dollars for 2 litres. We charged our computers and batteries and around 4 pm we resumed our journey. We rode 20km as the sun set. We settled down and ate pasta with tomato sauce. The famine generated by such exhaustive exercise adds an extra flavour to any food we eat. For dessert we all had some piece of chocolate and we agreed upon a new goal: 70 km. Our rhythm had been good and the last few days had been an emotional rollercoaster. As I laid down I reflected upon the beauty of it: Determination.  

    Cheap water on the Nullarbor. Something really difficult to find

    Day 10 :

    We were almost about to leave when a puncture added on 30 minutes. The sky was cloudy and the morale was high. We were all looking forward to pedalling. We began at about 8 am and without any stop we reached our first goal: 70 km.

    The infinite landscape of Australia. Something that always amazes us.

    We ate some couscous we were able to cook thanks to some hot free water they offered us at a gas station. The team was almost absurdly hungry. The woman in the gas station was very generous, she gave us access to the bathrooms and showering was beautiful. We packed all the equipment and then went on to wait for the food and the sun to go down. Working within a bathroom sure was unprecedented and seemed funny and amazing to us.

    Batteries always full

    Before starting up again we loaded some gas for the kitchen and while doing so I remembered we were out of salt. In searching for the kitchen I bumped into a piano and was unable to resist the urge of playing. We then bought some eggs and some bread, and with a load of salt in hand, we entered the route again. We achieved a feat: our first 100 km. The wind did not tumble our state of mind; we were delighted, energized and the sun was looking down on us. The arrival was magical. Before I was even able to get down from my bike, I noticed a man who lived there had left a bottle of bourbon and 4 cokes out for us. We were overjoyed and rather emotional.

    It wasn’t merely the gifts they gave us but rather the notion of the sacrifice and effort that is needed for those to even exist. They offered us whiskey as well as unlimited water, paper towels, rice, and many other delicious foods. For dinner we had rice and for dessert some chocolate they gifted us. We slept thoroughly and spiritually complete.

    Day 11: 

    Breakfast was different this day. We had some eggs left from the previous day and we decided to fry two for each of us. Last nights dinner had been more that we had bargained for and nonetheless we found ourselves hungry for even more. We had some bread and butter and we were ready to face the trail, our objective this time was 80 km.

    Aleix shot forward like never before, he was excited to meet the goal. The rest of us decided to keep a slower pace and at one point we decided to stop and observe an abandoned car. As soon as we started up again, rain started pouring like we’d never seen before. We had to act quickly and so we covered everything we could as fast as we could.

    From time to time the sun mocked us from the cracks in the clouds and then some drops poured again. During the last 10 km the wind blew against us and grew to become rather violent. We were now extremely tired and hungry. We reached our goal at around 2 pm having pedaled for around 4 and a half hours. Whilst I was cooking up some ‘polenta’, two cars approached our improvised campsite. One of them belonged to a young German couple and the other to an Australian man whose job partly consisted of taking this van to whichever city he was going to. Before even striking up a conversation, the man took out four ice cold beers from his trunk: a beautiful welcome. As we drank and cheered, we realized our day was over. After 15 more minutes of interesting conversation, they decided to go and left behind a kilo of rice and some bread.

    For dessert, one peanut butter bread slice for each one of us

    In the afternoon we collected some wood and at night we lighted our first fire.

     We all sat around and contemplated the crackling of the flaming wood and understood the moments uniqueness. As we absorbed the beauty of it, we ate some rice with canned champignons (not that tasty by the way). We then proceeded to sleep happily and full. 

    Maxo recording the sound of a road train

    Day 12: 

    The sky was still dark as we awoke. We could sense the day ahead would be extremely hot and with little to no shade. After having breakfast, we decided to take some shots, some angles, we wrote for a while and we started the journey. We found a tank of water 8 km into the road and roadhouse 10 km in.

    Water tanks with rainwater, something really helpful for cyclist and travelers you can find on Australian roads.

    As soon as we hit the road we felt a sort of unforgiving wind against us. After loading up with water, we headed towards a gas station. Our only intention behind going there was to take a little break. As we got near our first goal, a sympathetic man stopped us and after some questions asked for a photograph. Thrilled by our accounts, he gave us some food and we continued onwards. These types of encounters are morally enriching and provide us with an inexplicable gratitude.

    Due to my mental and physical exhaustion and little will to pedal that day, I arrived last. Upon arrival, Daniel tried to motivate us with some homemade cookies and inspiring words. Nonetheless, the group’s unwillingness to continue grew stronger and spread like a virus.

    I suddenly remembered: we needed oats. We had fallen short of them and we still had 8 days to go. At first, the shop’s personnel told us they didn’t sell any. I must have gone to the counter about 4 or 5 times without meaning to buy anything. I talked to the two women who were standing behind it and to the fellow in the kitchen. I told them about my lack of enthusiasm to continue with that days journey and about the project. As I talked to these people, a growing desire to stay there developed in me. Each time I went out again I said goodbye and we all laughed together. Finally, the last time I went in I gifted them a sticker. Then I noticed they were holding two great bags of oats. A smile appeared on my face. We haven’t had any kind of problems with stock yet. I didn’t want to leave the shop… I was at ease, calm. The conversation continued and the idea of staying to play some songs in the bar at night rose to our encounter. No one opposed this idea, we all knew it was a good option. The locals let us use the installations and camp there. I had the keys to the showers and bathrooms and also to electricity.

    We had moved 10 km and as with everything in life, the issue on whether those kilometres were a lot or very few is relative to the perspective one decides to take. I believe it’s worth noting that all this happened before 10 AM. Once we were settled, we decided to gift ourselves the beauty of a warm shower. In this time, we decided to trade traveled distance for hours of editing and material selection. After some well deserved leisure time, we got together and organized the tasks. This is where Matthew, a Liverpool native,  enters the narrative. He was a boy scout or something of the sort. In any case, a born adventurer. He had been working some periods in national parks and had been around the world climbing mountains, kayaking and observing birds. He had a thick and luscious mustache.

    The great Matthew

    He paid close attention to our conversation and meanwhile swallowed a bag of homemade chips and a litre of cold milk. He had come to Australia with a partner in order to walk around the whole country. This partner, after suffering from a stroke when he was 27 years old, decided to invest himself in the cause. He decided to raise funds for research. Matthew then explained how the relationship between his partner and himself had become too strained due to differences in personalities and ethical issues and had to part ways. Without getting into much more detail, he then revealed to us that once he changed paths with his partner he decided to meet up with his sister in Perth, 3000 km from where he was now. He had been able to find most of his equipment for free basically and with a bike from the supermarket he sat in front of us placidly enjoying his chips. After a while, the guy felt as part of the crew and we all shared some couscous.

     

    At 5 PM Maxo and I started playing some songs in the bar. During the first song, a couple of bikers and the personnel looked genuinely happy. Slowly, the bar started filling up and my sobriety started falling down. At one point, we were all singing, or rather, shouting some classics a french guy started playing for us. Seeing and being a part of all this was a beautiful experience. French fries were passed around. The good thing about starting early was that before even reaching 12 AM we were already arranging the bar and getting ready to sleep. We slept soundly and happily.

    Day 13: 

    On this day we woke up late and feeling tremendously lazy. Around 9 am we all finished our breakfast. I had a terrible hangover and the rest of the boys were extremely tired. After a brief meeting, we came to the agreement that we were going to stay put, no one could continue in such poor conditions. We had electricity. During the course of the previous day, due to a variety of reasons, we hadn’t sat down and worked on the material. Giving back the keys of the restrooms marked the last step before resuming the cycling. When we went to return the keys we realized the locals hadn’t noticed we were going to leave. We could tell thanks to the fact that when we gave them back, the manager met my gesture with the gifting of a whole cake. Given the circumstances and the fact that we were allowed to stay one more day in the parking space in exchange for some live music that night, we decided to stay and work while eating carrot cake.

    We went to play in the afternoon and the place was rather empty and the staff looked weary from last nights hangover. The gig didn’t last for too long.

    Dani and I stayed up arranging the bar once again while Maxo and Tito prepared dinner: some pasta with sauce. Dani brought some banana bread the staff had

    Once again, we went to sleep with our bellies full and our hearts at ease. The Western was keeping us at bay in the best way possible. The following day we would have to cross to the southern state of the country.

    Day 14: 

    We woke up hungry for cycling. We had left our bikes ready the night before in order to make the departure as efficient as possible. Breakfast was served. We undid our tents, bid farewell to the personnel and hit the road.

    The weather was perfect: a bit of wind hit our backs and some kind clouds hid the sun from hurting us too much.  Having rested for almost two full days, we mounted our bikes and with an incredible average speed of 30 km per hour we stopped at 55 km.

    We were now facing the reality of having to climb the only ascent and waiting at its end was Eucla: the last station before reaching the frontier. The crew rushed on forward whilst I stayed behind and contemplated the view. When I climbed back on the bike I was faced with a bizarre situation: the back wheel was moving from side to side and bumping into the frame. Luckily, even though the probability was high, I didn’t suffer any blows.  Most of the spokes were loose and two of them were broken. I disassembled the saddlebags and I put my finger up. After around 5 minutes give or take, a car stopped and helped me. I went on to load the bike on the roof of the car and they kindly gave me a ride to Eucla where the guys were waiting for me.

    We weren’t carrying neither the tools or enough knowledge to be able to fix the situation. This is how I was then left to carry on a new mission which consisted in taking the bike to the nearest Bike Repair Shop. This was located in Port Augusta, 1200 km away. During his new mission, a new character entered the scene: Steve. Steve, an English explorer showed all possible willingness to help but was faced with the reality of lacking the tools. Steve was with a production company. They were filming an episode on caves in the Nullarbor cliffs and Steve was the guide.

    Steve the explorerThanks to this encounter the sound engineer of the production gave me a ride up to the frontier (12 km) place in which the trucks tend to park. Since childhood, I’ve always held a strange and profound interest for survival reality shows. This man had been working 20 years for this type of adventures. During conversation revealed to me the following declaration “…they (referring to the “explorers” he worked with) travel in business class and eat better meals than us…you, on the other hand, are real adventurers”. I got out of the car feeling terribly motivated. I found myself standing on the frontier and heading towards an incredible mission.

     

    While talking to every truck driver I encountered looking for a ride, the boys arrived. It took two hours to get the final lift. After a group hug I sat on the truck, excited for the upcoming adventure.

    In the next blog, I will write about everything that happened in the 2100 km I made to fix the bike and meet the boys again.

    On my way to Port Augusta to the most far away bike shop on the planet

    Writen by @francobicicleta