• Paynesville – Una Verdadera Experiencia Australiana

    Estuvimos al menos un mes cargando con un dolor en el talón de aquiles de Dani. Seguíamos pedaleando pero hablábamos de eso constantemente. Franco y yo intentando que Daniel se de cuenta de que tarde o temprano teníamos que frenar. Encima estamos hablando de SU talón, no el nuestro, pero, sin duda, bajarlo al Dani de la bicicleta era uno de los desafíos más complicados.

    Los tres días anteriores a Paynesville estuvimos con varias personas y los lugares donde dormimos fueron distintos a los de siempre: la casa de una mujer de Indonesia que nos invitó a pasar luego de una breve charla afuera de un negocio, el piso de un apartamento vacío que nos dio la llave una persona que conocimos en la calle y un baño público en la ciudad de Stratford. Esta noche de Stratford la recuerdo más que ninguna porque conocimos un músico excepcional llamado Willy a las once de la noche en este baño público. Nos invitó a pasar a su camioneta, en donde vive, e hicimos música hasta altas horas de la noche. Fue una locura.

    Haciendo música en la van de Willi

    La cuestión es que después de tantos lugares en donde hubo que dormir y levantarse al alba para no dejar rastros, llegar a un pueblo como Paynesville fue un abrazo al alma. Aún más cuando nos volvimos a encontrar con Bernie y Ruth Ryan. A ellos los conocimos en el Sur de Australia, cuando estábamos tocando en el Wirrulla  Hotel. Bernie, un hombre de unos 60 años, alto y robusto, se acercó después de que terminara nuestro pequeño gran concierto (que duró unas tres horas) y me pidió que lo acompañara hasta su mesa. Allí tenía un video de YouTube en reproducción en donde se veía una especie de casa de chapa flotando en las aguas de los lagos de Gippsland, al sureste de Melbourne, unos 2000 km desde donde estábamos nosotros sentados esa noche en el Hotel de Wirrulla.

    _ “Tienen que venir a tocar en los lagos. Los espero en mi casa”.

    _ “!Vamos a ir!”, dije yo entre risas y unas cuantas cervezas.

    _”Aquí tienen mi número de teléfono para cuando estén cerca, pero tienen que venir”.

    Le compartí una tarjeta del proyecto y comenté que podía seguir nuestra locación en el GPS de la página web de los bikings. Nos despedimos muy rápidamente y me uní a Franco para seguir entreteniendo con los instrumentos y la música que nos gusta.

    Tocando esa noche en el Wirrulla Hotel

    La vida siguió y así nosotros de vuelta a la bicicleta. Nunca más pensé en el encuentro con Bernie que fue muy rápido de veras y tampoco había entendido del todo qué pasaba con esa casa que flotaba y si él era el dueño o eso pasaba en su pueblo y quería que vayamos a verlo. No entendí del todo bien así que nunca más volví a hablarlo.

    Lo interesante es que mucho tiempo después y de pura sorpresa, recibimos un mail de este hombre de Paynesville, Bernie. Nos decía que, de acuerdo a lo que decía en nuestro GPS de la página de los bikings, nos encontrábamos a unos 700 kms de su casa y que nos estaba esperando. Teníamos que ir en dirección a Paynesville a encontrarnos con Bernie y Ruth. Los micro-objetivos en este tipo de aventuras son lo mejor que le puede ocurrir a la mente. Lugares hacia dónde nos dirigimos y un motivo por el cual viajar, vivir y respirar. Paynesville, hacia allá nos dirigíamos.

    Cuando llegamos fue después de haber dormido en el baño público de Stratford, como conté anteriormente. Nos encontramos con Bernie, el mismo hombre alto y robusto, con el pelo completamente blanco y muchas ganas de compartir. Ruth, una mujer amorosa y sumamente cálida, nos invitó a pasar a nuestra casa. Toda la construcción fue hecha por ellos con su propias manos. Donde nosotros dormíamos era un pequeño apartamento dentro de un gran galpón en donde Bernie trabaja sus proyectos. Fue el lugar donde ellos vivieron durante la construcción de la casa principal, la cual tiene un diseño muy particular, osado e increíble. Grabaron un programa para la TV con el proceso y los años que tomo hacer la casa, es muy interesante.

    https://www.dailymotion.com/video/x6hl773

    Un parque industrial; el lugar elegido para poder construir su casa como se le diera la gana.

    Rápidamente nos hicieron sentir como en casa.  Bernie salió disparado a mostrar todos los proyectos de construcción que tenía. Un avión a escala, una guitarra-barco de 15 metros para flotar por los lagos, un pontiac del ´86 a restaurar (lo está terminando actualmente) y decenas de cosas auténticas. Daré un ejemplo más y con esto termino, al menos creo, de describir a estas grandes personas que son de Australia y se llaman Bernie y Ruth. Durante el verano conseguían la máxima cantidad de pianos posibles y los disponían en distintos puntos del pueblo al aire libre para que cualquiera lo toque. Ese tipo de personas son: cuidan a su comunidad, comparten con los demás y disponen siempre una actitud positiva.

    Restaurando el Pontiac

    Además de todo, llevaron a Daniel al médico y lo ayudaron en su recuperación del talón de aquiles.

    Estos vídeos, fotos y momentos son un pequeño fragmento de la cantidad de cosas que vivimos en este pueblo llamado Paynesville, al sur del estado de Victoria, en donde compartimos nuestra música flotando en los lagos incontables veces, fuimos testigos de diferentes estilos de vida y compartimos con la gente local que siempre enseña.

     

    Gracias Bernie y Ruth Ryan.

  • Otra Nullarbor Plain

    Contamos la historia de una Nullarbor Plain distinta. En verdad no estamos todavía dentro de la Nullarbor Plain propiamente dicha. Muchos australianos llaman así al tramo que abarca desde la salida de Norseman hasta la llegada a Ceduna, pero la realidad es que el parque nacional de la Nullarbor Plain abarca desde Eucla hasta Yalata, unos 400 kms. aproximadamente.

     

    ¿Por qué digo que es distinta?

     

     

    Bush camping en Caiguna, roadhouse en la Nullarbor Plain

     

    Este tramo es uno de los lugares más desérticos en todo Australia. Pocas lluvias y mucho calor, más aún en esta época del año que es verano. Estamos en Febrero y nos persigue un anti ciclón con lluvias permanentes que nos permiten avanzar de a pocos kilómetros además de una temperatura fría que nos obliga a usar campera. Intentamos no pedalear demasiado abajo del agua porque no nos podemos permitir enfermarnos, el viaje sigue y una fiebre nos podría retrasar demasiado. En fin, a eso me refiero con una Nullarbor Plain diferente. Entiendo que estas lluvias deben ser ideales para estos suelos secos en donde un poco de verde es admiración para cualquiera, pero definitivamente nos tiene un poco cansados. Tuvimos que esperar un día entero sentados dentro de un baño y hoy es otro día completo en donde solo queda sentarse y esperar leyendo, escribiendo o simplemente contemplando. Dependiendo de la perspectiva en como se lo mire, esta situación puede ser bella también. Nosotros descansamos, los árboles se refrescan y el momento de escribir aparece rodeado de naturaleza y canguros. Nada mal.
    Pensábamos que esta ruta abarcaba 1200 kms. sin ningún árbol, pero los primeros días nos sorprendió ver unos árboles vastos y hermosos. Con un color verde intenso y claro en sus copas que bañados con el naranja del sol lograban una mezcla que parecía un cuadro. Así logramos estar sentados en las bicicletas largos ratos casi sin sentirlo. Pudimos avanzar mucho y con un andar muy ameno. Los lugares en donde se pueden encontrar provisiones o señal de teléfono (o al menos algunas personas) están distanciados a 200 kms. uno del otro, pero eso no importaba. Pedalear se hizo fácil y nuestras bicicletas cargaban lo necesario para ser independientes de estos lugares en donde, obviamente, las cosas son muy caras. Pensamos que andando así esta ruta se iba a hacer muy fácil. Hasta nos sorprendió escuchar que muchos australianos destaquen lo solitario y duro que era este tramo, demasiado sencillo para nosotros.
    Calor intenso en uno de los tramos de la Nullarbor Plain
    De golpe, la naturaleza nos sacó estos aires de grandeza con los que veníamos cargando y nos demostró que no todo es tan sencillo como parece. Las lluvias comenzaron y toda nuestra ropa junto con nuestras tiendas de dormir se mojaron. Las miradas a la mañana, en silencio, demostraban que poco a poco se iban dificultando las cosas. El encierro en el baño molestó a alguno y la impotencia de querer avanzar y no poder desesperaba un poco. Así entre charlas, silencios, lecturas, apariciones fugases de personas que se aceraron a conversar, pasó el día y llegó la noche. Como siempre nos ocurre, no hay mal que por bien no venga. Una pareja de ancianos que viven en la ruta hace 11 años se acercó y nos dieron la cena más rica de nuestras vidas. Un estofado bien caliente para subir nuestros ánimos. A la mañana siguiente de ese día “perdido” otra pareja de buzos caminó hacia nosotros y amablemente nos dio agua (lo más preciado), fruta y pasteles dulces que nos hicieron bien al alma. De esa manera arrancamos a pedalear debajo de la lluvia porque seguir esperando dentro del baño no era una opción válida. Fueron los 27 kms. más rápidos desde que comenzó nuestro viaje. Los hicimos muy motivados. Fue un día especial, en donde, por primera vez, fuimos juntos y con el mismo ritmo durante todo el día de pedaleo, además de luchar contra la lluvia y contra nuestras propias limitaciones.
    Refugiandonos de la lluvia y descansando dentro de un baño antes de llegar a Caiguna

     

    Llegamos a Caiguna, otra de estas estaciones que se encuentran en el medio de la nada y donde las cosas salen tres o cuatro veces más caras que en cualquier sitio común. Estábamos contentos y motivados. Cabe aclarar que este viaje esta sujeto a constantes cambios de humor. Es como una montaña rusa en donde a la mañana podes levantar mal, sin ganas, abatido y a la noche podes ser la persona más feliz del mundo. En Caiguna todo era buen humor. Habíamos logrado nuestro objetivo del día y pensamos que podíamos descansar, darnos una ducha, entablar algunas conversaciones, hacer nuevos amigos. Pero a veces la gente complica las cosas. Los dueños de la estación no fueron para nada amables y lo único que querían de nosotros era la billetera. Sino comprábamos, fuera. Lo sorprendente fue que a pesar de haber comprado un pan, dos snacks, unas galletas y haber pagado dos duchas nos quisieron echar. Nos fuimos pensando que eran dos amargados de la vida, pero en realidad cada uno hace lo que puede y probablemente en otras circunstancias podríamos haber tenido una buena conversación. Quien sabe.
    Foto general del bush camping
    Porque creo que las situaciones buenas y malas tienen la misma esencia. Nos ponen a prueba y nos dejan ver que la perspectiva con la que uno mire estos encuentros será la que determine nuestro humor y nuestro carácter. Si uno no se enoja e intenta ser empático, nunca hubo conflicto porque una de las dos partes no se metió en el problema. Me lo han dicho muchas veces, cuando en una pelea uno de los dos no quiere pelear no existe tal pelea. Intentamos, o eso buscamos, que estas situaciones nos sirvan para aprender porque sabemos que toda la gente con la que nos cruzamos quiere lo mejor para nuestro viaje y nos desea que se cumplan todas nuestras expectativas.
    Maxo riendo de un chiste malo de alguno

    Seguimos estando en esta ruta que no es fácil como pensábamos. Nos encontramos abajo de una lona que nos cubre amablemente de la lluvia y nos brinda un espacio para poder pensar y reflexionar. A nuestro lado tenemos árboles, hormigas, canguros, arañas, moscas, que seguro estén agradeciendo esta agua cayendo del cielo que proporciona vida y crecimiento. Agradecemos al que lee, al que se interesa y el que busca nuevas maneras de ver las cosas buenas y malas con otra perspectiva.

  • GREAT OCEAN ROAD EN BICICLETA

    La Great Ocean Road es, sin duda, una de las rutas más visitadas del país. Tanto en invierno como en verano, la costa de Victoria recibe cientos de turistas, en su mayoría asiáticos. Alquilan un auto o pagan una excursión (el viaje puede hacerse en bus saliendo desde Melbourne hacia los 12 Apóstoles y volviendo el mismo día)  y emprenden camino para conocer este hermoso y recomendable trayecto. Es un tramo corto de apenas 243 kilómetros y bordea la costa sur-este de Australia. Va desde Torquay hasta Allansford. Bosques frondosos, playas y miradores con vistas a rocas milenarias que emergen del mar. Hogar de los famosos “12 Apóstoles” y otras formaciones de piedra magníficas tales como ¨Loch Ard Gorge”, “The Grotto” and “London Bridge”. La ruta atraviesa varios pueblos costeros y todos están preparados para recibir visitas de todas partes del mundo. Se puede hacer en auto, autobús, caminando, en bicicleta o como uno quiera.
    Desde Lorne hacia Ayres Inlet se encuentra este cartel
    Montados en la bicicleta

    fue una experiencia

    única.

     

     

     

     

    Nuestro primer día en la Great Ocean Road camino a Port Cambell

     

    La bicicleta de personaje principal en este paraíso

    COSAS A TENER EN CUENTA ANTES DE EMPEZAR

    1¡Cuidado con los autos! Nos cansamos de escuchar esta recomendación, pero en esta ruta hay que tener mayor atención de verdad. Como mencionamos, hay mucho turismo que viene de China en donde los autos van en dirección contraria que Australia. Hay carteles escritos en mandarín pero hay varios despistados que se olvidan de manejar por el carril correcto. Hay un número elevado de accidentes y hay que ir atento, visible y luego, disfrutar.
    2– Hay subidas pronunciadas. Recomendamos hacerla con el menor peso posible en la bicicleta. Nosotros llevamos instrumentos en dos trailers por lo que nuestro peso es exageradamente pesado y costaron mucho algunas subidas. Tanto que en algunos tramos tuvimos que bajar y llevar la bici caminando. De todos modos, se puede y no es un esfuerzo extremo en absoluto. Hay agua, gente y comida, por lo que si vas con mucho peso solamente carga la paciencia, ¡Y a pedalear!
    3Disfrutar el camino. Es realmente una de las rutas más hermosas y atractivas para hacer en bicicleta del mundo. Sentirse ahí fue una sensación demasiado placentera. Hacete cargo del lugar en donde estás y entende que es una oportunidad única.

    I WARNAMBOOL HACIA PETERBOROUGH

    Warnambool es una ciudad bastante grande para lo que veníamos acostumbrados. Simplemente pasamos por ahí y nos fuimos a dormir para empezar con la ruta frescos.
    A las afueras de la ciudad comenzamos a sentir el paisaje que iba a presentarse. Pequeñas casas arriba en las colinas, mucha subida y vegetación playera. El primer día hicimos una pedaleada corta de 53 km por la “Princes Highway”. Hacía frío y llovía, ya que la hicimos en el mes de Mayo. Lo hermoso de este día es que pudimos agarrar un sendero de bicicleta por la costa que nos llevó durante 5 km, poco pero ideal para no estar constantemente al lado de los autos. Llegamos a un pequeñísimo pueblo llamado Peterborough en donde tuvimos que pasar la noche en el baño. Hacía mucho frío para dormir afuera y estar adentro con refugio fue la mejor solución. A comer temprano, película y a dormir.

    II PETERBOROUGH HACIA PORT CAMPBELL

    Aquí comenzamos a conocer lo que son las grandes piedras que se presentan imponentes en el océano. Mientras vas por la ruta aparecen las entradas que te llevan a conocer cada una de estas piedras. Este día conocimos “Bay of Islands”, “The Grotto”, “London Bridge” y “The Arch”. Decidimos parar en todas las entradas. Es que solo vamos a estar una vez acá y pensamos aprovechar cada lugar por donde pasamos. Estas piedras son increíbles y en “Bay of Islands” tuvimos una experiencia bella. Llegamos muy temprano, estuvimos solos y desayunamos ahí. Tomamos unos mates y nos adentramos en las piedras, donde el mar formaba una ola y pegaba muy fuerte contra las rocas. Era un sonido contundente y nos quedamos en silencio un rato largo. Conocimos varias personas que se acercaban a hablarnos cuando veían nuestras bicicletas. Finalmente, llegamos a Port Campbell después de 16 km. Prácticamente no pedaleamos porque estuvimos conociendo cada lugar, pero no tenemos ningún apuro.
    Cuando llegamos a Port Campbell hablamos con Will y Fabiola, la pareja que maneja el hotel. Ella es de Perú y el australiano. Nos invitaron a comer y tocamos con Guampas del Sur en el bar. ¡Un lujo!

    III PORT CAMPBELL

    Mientras estuvimos tocando en el hotel conocimos a Railey, la camarera del bar. Es australiana y vivió 6 meses en Argentina. Conversamos un buen rato y la pasamos muy bien. Al no tener un lugar para dormir ella nos invitó a pasar la noche en la casa de sus abuelos. Es la única casa con vista al mar que hay en el pueblo de Port Campbell. Una ubicación perfecta y hermosa. Railey nos comento que ella tenía que ir a Melbourne pero que cuando nos despertaramos vayamos al local donde trabaja su madre y digamos adiós a este bello pueblo. La madre de Railey nos invitó a quedarnos dos días más en la casa y la disfrutamos al máximo. Pudimos conocer Port Cambell en profundidad y además, en una casa con vista al mar. Hicimos uno de los senderos que te lleva bordeando el mar y las vistas son alucinantes. Mucho más no se puede pedir.
    Conocé más del lugar a través de este video:
    Ir a video!

     

    IV PORT CAMBELL HACIA LAVERS HILL

    A pesar de estar cómodos en la casa del sueño volvimos a arrancar un día nuevo de bicicleta. A veces cuesta el principio, pero una vez que las piernas empiezan a girar ya no hay vuelta atrás. Este día íbamos a conocer los 12 apóstoles, la gran atracción de la Great Ocean Road. Honestamente, las demás piedras no tienen nada que envidiarle a los 12 apóstoles y hasta se pueden disfrutar más porque no hay tanta conglomeración de personas. Antes de llegar se encuentran las piedras de “Loch Ard”, una de las más lindas para nosotros. Como siempre, unos mates mientras observábamos y conversamos con distintas personas que iban y venían. Ahora sí llegamos a los 12 apóstoles. Nos encontramos con unos jóvenes que habíamos conocido en Port Cambell y nos quedamos un rato largo conversando. Sacamos la guitarra, el cajón y cantamos. Hicimos un video del tema “Y vos de mí” de Guampas del Sur y muchos turistas se acercaban curiosos a ver que estábamos haciendo. Pudimos observar que de las 12 piedras que había inicialmente solo quedan 3, con el paso del tiempo, el agua, el viento se van cayendo y volviendo al fondo del mar.
    Mirá el video acá:
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    Decidimos continuar camino hacia el “Otway National Park”. Un poco de camino de ripio y nos adentramos en el bosque. Vimos un camino de arena y tuvimos la brillante idea de empujar las bicicletas 200 metros creyendo que luego el camino nos dejaría pedalear. En total hicimos 400 mts, 200 para ir y 200 para volver porque era imposible caminar por ahí durante 30 km. Al volver y frenar un rato en el parque nacional, la noche comenzó a caer. Nos subimos a las bicicletas y fuimos en búsqueda de algún granjero que nos deje acampar en su jardín. Así fue que conocimos a un hombre de pocas palabras pero generoso que nos permitió acampar en una vieja estación donde ordeñaban vacas. El terreno era irregular pero se pudo dormir y comer muy bien.

    V LAVERS HILL (donde el bosque se encuentra con el mar)

    Esta es la descripción del cartel en la ruta que describe a Lavers Hill. El camino costero empieza a volverse frondoso y el bosque aparece. Este pequeño lugar es, generalmente, un sitio donde la gente para por un café, comer algo y sigue. Hay un motel para dormir y una tienda, nada más. Fue un día de pedaleo intenso en donde subir fue la meta. Subir y subir y subir. Nuevamente, por nuestro peso, se hizo difícil pero pedalear adentro del bosque lo hizo único e irrepetible. En Lavers Hill llegamos a la tienda y nos regalaron comida que no se iba a vender ya que estaba cerrando el local. Hablamos con la dueña y nos invitó a poner las carpas en un jardín que estaba al lado de la tienda. Es un jardín especialmente diseñado y estaba repleto de flores y colores. Armamos las carpas, comimos un guiso de lentejas y nos acercamos al hotel. Pedimos una cerveza y nos fuimos a dormir.

    VI LAVERS HILL HACIA APOLLO BAY (Cruzando el Beech Forest)

    Fue una decisión muy sabia atravesar el “Beech Forest”. La cuestión es la siguiente: ir hacia a Apollo Bay costeando el mar o adentrarnos en el bosque. El bosque requería más subida y el mar parecía tener un camino menos “duro”. Decidimos ir hacia el bosque y no nos arrepentimos. De hecho, es obligatorio hacerlo. El camino es puro bosque, aire fresco, árboles altos, sonidos de animales. Parecía estar en el cine. Muchas subidas pero muchas bajadas también. La Great Ocean Road bordea constantemente el mar, por lo que subir por aquí es distinto y especial. Afortunadamente fue un día de semana por lo que no estaba repleto de autos. En este tramo hay que tener mucho cuidado porque el camino es muy sinuoso y no hay lugar para las bicicletas. Los autos pasan muy cerca y siempre hay que ser visible. Vale la pena, si tu idea es hacer esta ruta TENES que pasar por acá.

    Llegando a Apollo Bay llamamos al hotel y nos invitaron a tocar a la noche. Comida, cervezas y una buena cama. La gente se prendió a la música y pasamos una noche muy divertida.

    Nos quedamos un día mas y tocamos también en la Brewhouse del pueblo, nos dieron comida y alojamiento también.
    Apollo Bay tiene unas playas y una gente increíble. Vengan.

    VII APOLLO BAY HACIA LORNE

    Este tramo es extremadamente bello. Vas pedaleando bordeando la costa y toda la visual es única. Como en toda la Great Ocean Road hay subidas largas, pero también están las bajadas para respirar un poco. Anduvimos todo el día cada uno por su cuenta y el día se presto para disfrutar del deporte. El cielo claro y azul, las bahías que se pueden ver a lo lejos, el goce de encontrarse en estos paraísos terrenales.

    Llegando a Lorne encontramos a un grupo de argentinos que vivían todos juntos en una casa y nos invitaron a pasar. Tocamos un rato de música y llamamos al club de bolos de Lorne. Nos esperaban con la cena lista y el sistema de sonido preparado para nuestra llegada. Así fue que llegamos y conocimos a Luke, Tobi y Christy. Ambos 3 son gente muy amable y generosa. Tobi nos dijo que luego de cerrar el local podíamos dormir en su casa. Luke y Christy nos prepararon una comida exquisita. Nuevamente, una noche para recordar y con la noticia de que al día siguiente habría una “jam session” en el local. Nosotros teníamos que estar, por lo que decidimos quedarnos todo el día siguiente.

    VIII LORNE Y LA JAM SESSION

    Lorne es absoultamente encantador. Las calles del pueblo tienen una mucha pendiente, mucha, y todas las casa se esconden entre los grandes árboles. En la terraza de la casa de Tobi podían verse y escuchar todo tipo de pájaros. La casa nos acogió y toda la gente que vivía en ella también. Aprovechamos que teníamos internet y recibimos un llamado de una radio en Argentina. Contestamos preguntas y fue una mañana productiva.

    A la tarde conocimos el pueblo y por la noche encaramos hacia el club de bolos para la Jam Session. Tocamos alrededor de 4 horas entre todos. Había mucha gente y hablamos con varios locales y personas de los pueblos cercanos. Otra vez la comida estupenda.

     

    IX LORNE HACIA AYRES INLET

    Veíamos el faro a lo lejos. Al final de la bahía estaba parado majestuoso esperándonos. El camino es similar, casi idéntico al que transitamos desde Apollo Bay hacia Lorne. Una vez que estás inmerso normalizas la ruta, pero no puede dejar de asombrar. La Great Ocean Road es increíble de principio a fin.

    Nuestra meta era el faro, no sabíamos el nombre del pueblo al que íbamos, ni cuanta gente había, ni donde íbamos a dormir. Eso no importaba, solo queríamos llegar al faro.

    Cuando llegamos sacamos los instrumentos y decidimos grabar una canción en esa locación tan linda. Estábamos tan a gusto que no queríamos dejar de ver el atardecer y la siguiente caída del sol, pero teníamos que asegurarnos de encontrar algún lugar para dormir.
    Mirá el video acá:
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    Fuimos a la tienda del pueblo, la única que había para comprar algunos vegetales. Intentamos hablar con algunas personas para que nos den alojo pero sin éxito decidimos que teníamos que armar la tienda de dormir.
    La empleada del local, Gill, nos preguntó donde íbamos a dormir. Al responder que no teníamos la menor idea nos invitó a pasar la noche en su casa. Cocinó un risotto demasiado rico y dormimos en cama.

    X AYRES INLET HACIA GEELONG

    Gill, la empleada de la tienda de Ayres Inlet subió una foto a sus redes sociales sobre el viaje que estábamos haciendo. Una amiga suya comentó la foto y dijo que nos esperaba en su casa de Geelong. La ciudad queda pasando Torquay, que es el final de la Great Ocean Road.
    Arrancamos a pedalear con la idea de que alguien nos iba a alojar por lo que el día inicia con mucha motivación.
    En Torquay solo paramos a comprar una fruta y descansar un poco. Desde ahí solo restaban 20 km para llegar a Geelong. Por primera vez, el día estaba lluvioso y el frío se hizo presente. Cuando comenzamos a pedalear ese último tramo nos encontramos con dos ciclo turistas. Arith, de Sri Lanka y Johann de Francia. Ambos estaban pedaleando largos tramos por Australia y uno de ellos era técnico en reparación de bicicletas. Aunque el clima no era el mejor, la reunión duró unas dos horas debajo de la llovizna. Compartimos muchas historias en común y nos ayudaron a reparar algunas cosas de nuestras bicicletas. Con un abrazo y ganas de juntarnos en el futuro, seguimos nuestro camino hacia Geelong. ¡Terminamos la Great Ocean Road!

    Llegamos a Geelong y como siempre se nos abrieron las puertas de la vida de dos personas más. Sue y Justin. Habría que escribir un libro sobre como nos trató esta pareja y los momentos vividos juntos a ellos, pero queda para otra historia. Lo importante es que completamos el camino y tenemos más experiencias vividas.

    Si estás pensando en hacer esta ruta, deja de pensar. Vení que te vas a encontrar con paisajes, personas, olores y lugares inolvidables. Seguramente esta sea una de las rutas más hermosas por las cuales vamos a transitar en nuestra vida. Agradecemos a toda la gente que nos brindó su confianza y apoyo para seguir haciendo de este viaje un cuento en nuestra vida futura. Salgamos a viajar y a conocer, a confiar y conversar, que la vida es una sola vez.

  • La Experienca cicloturista

    Primero imaginé, lo creé, idealizé, proyecte, volqué, materializé y ahora escribo desde las sensaciones vividas. El mejor tiempo invertido es el destinado a la realización de sueños.

    Mi pasado

    Desde pequeño que la aventura es algo especial para mí. Vengo de una familia numerosa en la cual yo soy el cuarto de siete hermanos. Solíamos pasar dos meses en las montañas en Córdoba, Argentina. Casi a diario y a veces, casi que obligado mi padre nos levantaba temprano y salíamos a caminar. Había recorridos de todo tipo y a todo lugar. Algunos cortos en los cuales aprovechábamos del agua, o cascada para pasar el día y otros largos que nos tomaban todo el día a puro caminar. En ambos casos cargábamos con comida, distribuíamos el agua y terminábamos agotados. Recuerdo las caras insoladas y el apetito de todos. Fue esta infancia la responsable de mi delirante sentido de aventura que hoy día poseo. Ubicar el norte con una brújula casera, el sur con la cruz por la noche y que siempre hay que seguir el río cuando seg está perdido son de las primeras lecciones. El contacto con la naturaleza tiene ciertas sensaciones que en ningún lugar hay semejantes.

    “El contacto con la naturaleza tiene ciertas sensaciones que en ningún lugar hay semejantes”.

    El silencio. La flora y fauna. Ver el horizonte. La inmensidad. Estar sentado en una piedra a casi dos mil metros de altura calentando agua para una sopa que voy a tomar viendo él ocaso es adictivo. Priorizar esas experiencias viviendo en la cuidad es complicado. Los tiempos ahí son los raros y por demás acelerados.

    Adaptando sobre la marcha sin perder el plan.

    Estando en España haciendo temporada surgió la idea de trabajar en Australia así luego recorrer con una van dicho país. Revisando papeles de última hora, con ticket en mano, caigo en cuentas que mi carnet de conducir está caducado. Es de los pocos trámites que son personales así que hasta que no vuelva a Buenos Aires no manejo auto. Y ahora que ? Mi hermana mayor sembró una semilla que hoy día cobra frutos. Me regaló un libro de un ciclo turista que recorre Australia y antes de llegar al nuevo destino ya tenía medio libro leído. Cambio el cómo pero sigo con la idea fija en viajar.

    “Aún me siento joven. Es ahora que puedo hacerlo”

    Poco a poco fui armando la estructura de el viaje en el que estoy ahora y desde el que escribo. Casi dos años tomo formar el proyecto.

    Nada le gana al mapa de papel.
    Recién llegado a Sidney conseguí trabajar en un hotel de recepcionista. En cuanto pude recaudar dinero, adquirí una bicicleta. No deportiva ni para pasear. Más bien una sólida y simple. Con pocos kilómetros encima conseguí un segundo trabajo como delivery y durante meses que me aboqué a trabajar. Necesitaba equiparme y tener el suficiente sustento para poder viajar. Cámara, alforjas, panel solar y el equipo de acampe. ( saco de dormir, tienda, esterilla, frontal y cocina ) Fue en ese momento en el que conocí a Aleix. Oriundo de Cataluña repartía sus horas trabajando arriba de la bici y en un bar. La verdad es que tomó mucho tiempo conseguir todas las cosas y restando dos meses antes para que la visa se venza organiza un viaje al centro de Australia. Me encontraba con un gran estado físico y quería que el viaje sea extremo. Necesitaba de una experiencia semejante. Así fue pues como durante 21 días recorrimos desde Alices Springs a Uluru a mitad de noviembre.
    Andando sobre la llamada Mereenie Loop
    La ruta trazada fueron 1200 km. Fuimos de vacaciones, de hobbie y como experiencia. Ya tenia en mi cabeza la idea de un viaje más vasto por lo que aproveché la situación y generamos contenido. Eso sí, de manera libre. No había ninguna marca involucrada. Fue un viaje duro por el calor y el ripio.
    Generando contenido mientras le dabamos una pausa a la bici.
    Las distancias diarias eran cercanas a los 100 km. Entre nosotros no había complicaciones. Dividir las tareas de manera equivalente es fácil siendo dos. A dos días de haber concretado el objetivo me encontraba en buenos aires, con material y con ganas de viajar.
    La inmensidad de Uluru!
    Los cielos Australianos y su mágia
    Experiencia solo
    Costa Rica fue el próximo destino. Trabajé ahí durante 6 meses en una agencia y por su puesto que la bici vino conmigo. Aún no tiene nombre y/o apodo. Vuelta la misma situación. Me idealizé haciendo surf y viviendo cerca de la playa. En San José llueve casi a diario y el trabajo ocupó la mayor parte de las horas.
    Clásica postal de CR
    Mejor saludarlos desde la bici
    Los nuevos amigos pueden seguir esperando tranquilos
    ” Creo que es la presión de que algo termina lo que me lleva a tomar ciertas decisiones”.
    En este caso pedí unos días en la oficina y me fui diez días a recorrer Cuba con la bicicleta. Por primera vez solo. Casi seiscientos km y unas cuántas postales en la memoria. El silencio me agrada. La soledad también. Es en la inmensidad donde mis pensamientos fluyen de manera positiva.  Eso sí, el movimiento como eje principal. Todas las decisiones son propias y no hay a quien reclamar. Delegar tareas no existe y la pereza desaparece. El humor pasa a un segundo plano. Tampoco hay quien se queja. Y si fuese el caso , pues cojo la bici y me marcho. Es un plan simple. La serenidad es importante y tener en claro que hago más aún. Pinchar ocho veces en un par de horas puede tornarse molesto como no. Es la situación presente y lo único que resta es resolver. Se trata de eso. Uno en contacto con la Pacha frente a las adversidades es resolutivo. El pensamiento luego viene en sí las cosas hubieran sido de otra manera, pero no es mi caso. Me adapto fácil a la circunstancia.

    “Viajar en solitario por unos cuantos días es una experiencia que recomiendo a que se auto regalen”.

    Viaje en grupo

    Ahora me encuentro en australia. Hace un mes que junto a tres personas salimos desde Perth. Expectante a encontrarme con un clima más que caluroso, enero en el oeste me sorprendió. Varios días nublados, otros lluviosos y muy escasos los calores extenúantes.
    Después de 1200 Km llegamos a Esperance
    Este viaje es distinto. Con The Bikings project tenemos que generar contenido. Hay varias marcas involucradas y la armonía grupal es necesaria para poder transmitir algo genuino y bonito.

    Aleix grabando
    Entender la extensión del mismo es lo que lo vuelve complejo. La meta dista casi a un año. En kilómetros son 16 mil pero ya aprendí que ese conteo no dice nada. Dormir a la intemperie y estar todo el día bajo el sol es agotador. Compartir el desayuno, almuerzo y cena también. La mínima queja puede ser la causa de muchas horas de pensamiento sobre el pedal.

    ” Ceder se convierte en un arte obligatorio de tener y o aprender”.

    Es muy fácil perder la perspectiva y noción de dónde estamos y lo que estamos haciendo. Nos acostumbraron a otra cosa. Consumir, competir y estar constantemente “conectados”. Son muchos los ratos los que no logró disfrutar por qué mis pensamientos están ajenos a la causa. Donde están ? Atentos a que la conversación no suba de tono, en el desorden del otro y la lista es larga. Menudo experimento. El trabajo mental sube primero en la lista de prioridades así poder continuar con el viaje.

    “En todo grupo hay un líder natural”.

    En este caso soy el mayor de los cuatro y adjudicado el puesto, trabajo en son del bien común. A continuación hay una serie de herramientas organizativas que ayudan al equipo que aplico desde hace poco.

    @maxocadel grabando ambientes

     

    grabando en nuestro día libre
    Seguridad por sobre todas las cosas
    Contar con un protocolo es esencial. Cómo actuar frente a x situaciones no está obrado al azar. Debemos contemplar la integridad de los cuatro. Ceder es la norma madre. Siempre hay alguien más loco que uno y estando en bicicleta en medio de la ruta nos convierte en vulnerables. Ceder por perspectiva. Cada uno carga con un walkie talkie. Tienen un alcance de 60 kilómetros el cual no hemos probado… El viento suele generar mucho ruido. Saber que el canal 40 es el que usan los camiones nos da cierta tranquilidad. Serían ellos los que intervendrían en primera instancia ante una problemática. (Ojalá nunca tengamos que contactarlos.) Espejos retrovisores fueron nuestra última adquisición. Fundamentales a la hora de encarar rutas de una sola mano en la cual los camiones empujan casi  120 toneladas de carga. Frenar y hacerse a un lado es lo más sensato y responsable de hacer. El sol en este país es muy fuerte y en muchos sectores la sombra es nula. Ponerse protector solar por las mañanas es vital para evitar riesgos. Una quemadura no sólo sería dolorosa sino que retrasa todo el grupo. 

    “Ninguno se puede dar el lujo de ser irresponsable”.

    De estar solo la responsabilidad no se delega y la atención es mayor. La ruta la trazo con anterioridad e investigó lo más posible sobre el lugar. Contactar algún local así tener donde parar los primeros días y desde el lugar terminar de organizar el viaje. 

    “Planificar no quita el sentido de aventura”.

    Andando por Cuba solo tomandome el tiempo para plantar el tripode y sacar una foto
    La Cocina
    El fuego y el combustible. En Australia el tema está latente. Llueve muy poco y el paisaje se torna súper inflamable. De hecho prender fuego está multado con unos mil dólares en el acto al visado. Nuestra cocina es a gasolina. Mediante la presión de aire el fuego que se genera esta más que controlado. Se prende una ves al día y es debido al despliegue y tiempo que toma. Desayunamos y cenamos lo mismo. El hecho que seamos un grupo ubica. Hay veces en las que el apetito voraz lleva a malas decisiones en un supermecado y que alguno del grupo ponga un freno es festejo para la economía.

    @francobicicleta a cargo de la cocina
    No soy un gran cocinero y en casos de necesidad no le achico. Uno de los chicos es cocinero y su experiencia culinaria hacen las comidas ricas. Muchas tareas se reparten por el mero hecho de predisposición. En este caso las especias y las técnicas son más que útiles para la alimentación del grupo. Calcular cantidades, tiempos de cocción y alternativas. Tener dieciséis alforjas y dos trailers permiten llevar ingredientes que solo no estarían. Desayunamos avena con pasas de uva, coco rayado, miel y cereales prensados… Todo un lujo. El planeamiento a la hora de andar por zonas remotas es vital.
    Desayuno de campeones
    Pedalear en grupo sin ser un pelotón
    De a ratos andamos todos juntos. Andar a 30 km por hora e ir gritando de la felicidad es algo grandioso. De distanciarnos por kilómetros sabemos que en en el punto pautado nos encontraremos. Esperar es algo que ejerce la paciencia. No obstante muchas veces es causa de desánimo y mal estar.  De pinchar uno la cubierta da gusto contar con un equipo que alienta y ayuda a cambiarlo. Caso contrario puede ser causa de cortar con el ritmo, enfriar y perder la atención. 
    Andar en grupo tiene este tipo de dicotomías frente a una misma situación. Lo mismo al desayunar, cenar , etc. Compartir unos mates por la mañana y/o por la tarde en una locación extraordinaria no la puedo explicar. Debe ser el único buen vicio.
    Emparchando en equipo
    6 orejas son mejores que 2

    La charla, algo único cuando se viaja de a grupoPedalear solo es algo hermoso. El libre albedrío está presente en todo momento y el como también. Puede tornarse un tanto arduo en viajes largos. No el hecho de tomar todas las decisiones sino más bien por la soledad. Me llevo bien conmigo mismo y disfruto de mi compañía. Dedico tiempo a la lectura y a escribir.  
    Andar solo es la libertad de hacer lo que querés cuando querés. Acá, fumando un habano Cubano.

    Date la oportunidad!

    El movimiento es algo único. Tan único que la gente saluda, sonríe y alienta al pasar con el auto o desde la acera. De todas las edades y en cualquier situación algunos curiosos se acercan en búsqueda de un poco del cuento. Es simple y primitivo. Tan así que parece incierto. Andar en bicicleta necesita de la bicicleta y de las ganas. Viajar así lo recomiendo. Tanto en grupo como en solitario. Por algunos días o por años. La ruta es solo la excusa. Volcarse a la naturaleza estando expuesto las veinticuatro cuatro horas del día tiene sus consecuencias. Cachetes morados, los ojos achinados y una sonrisa hambrienta. Durante el camino la cantidad de personas que se conoce es algo que solo sucede por la circunstancia. Por pedir indicaciones, asilo o por compartir una cena.
    Nuevos amigos
    “Aprendí así a estar presente. Entender que el tiempo pasa y los instantes son las historias que luego tengo de cuento”.

    escrito por @francobicicleta and @rechtdaniel

  • Nullarbor Plain – Semana 2

    Si todavía no tuviste la oportunidad de leer la semana 1, puedes hacerlo a través del link:

    https://bit.ly/2JB5Cwx

    Día 8 :

    Desde que abrí los ojos se escuchaban las gotas repicar contra la carpa. No había dejado de llover en toda la noche y parecía que no pararía en todo el día. Desayunamos bajo techo y las caras largas anticiparon las pocas ganas de salir. Decidimos esperar un rato. Un rato que se hicieron horas y así pasamos todo el día. Leyendo, escribiendo y de a ratos nos juntábamos bajo el único refugio a conversar. Cerca de las 14 hs. los chicos tuvieron la idea de ir a la gasolinera. Pensaron que el episodio de ayer fue producto de un mal día y fueron con la ilusión de tomar una cerveza sentados en el bar. Yo opté por quedarme solo en el campamento y disfrutar de la situación. Pensé en los astronautas y sus meses enteros en cubiculos pequeños. Sus cenas y el temple que deberían tener. No pasó si quiera una hora y ya estaban de vuelta. Sucedió algo inexplicable. No los dejaron tomar dentro del local y solo podían comprar para llevar. Mientras del cielo caían gotas a montones; sin cerveza, marcharon vuelta al campamento más que enojados. Cenamos arróz con latas y decidimos que el día siguiente nos moveríamos sí o sí. De postre, unas galletitas de chocolate y con ellas el cambio de humor. Nos fuimos a dormir motivándonos. 

    Cuando la cara lo dice todo

     Día 9 : 

    La Nullarbor con lluvia!

    El arranque fue épico. Determinación. Eso fue lo que tuvimos. Mientras desayunábamos la avena nos alentábamos a salir. Seguía lloviendo. Desarmamos todo con una velocidad única. La próxima gasolinera distaba a 66 km.

    El pedaleo fue emocionante. Todos estábamos a gusto. Todos mojados . Todo mojado. Llegamos a la meta sin llluvia y los últimos 10 km habían servido para llegar secos.

    Felices sonreíamos de la hazaña. Para el festejo de la salida del sol, el movimiento y la actitud, Dani compró una cerveza para cada uno y ordenó un plato de fritas. Mientras hacía el pedido le comentó de la situación pasada los últimos dos días. El hombre se mostró más que interesado y con bolígrafo en mano apuntó toda la queja. Al terminar manifestó que el encargado del local donde nos habían negado sentarnos, no le caía para nada bien. Adelantó que en cuanto podía se lo hacía saber a la dueña. Cuando salió a dejarnos la comida vino con dos platos en vez de uno. Guíño el ojo derecho y más que contentos nos devoramos las papas. El precio del agua en este lugar era mucho más accesible y razonable. 10 litros por 2 dólares. Aprovechamos para cargar las computadoras, baterías y cerca de las 16 salimos de vuelta a la ruta. 20 km con la puesta del sol. Instalados en el lugar, montamos el tarp por si las dudas y cenamos pasta con salsa de tomate. Él hambre que genera el ejercicio hace que la comida sea riquísima. La repetición de las mismas no quitan el sabor . De postre un poco de chocolate para cada uno y acordamos como meta futura unos 70 km. Venimos con buen ritmo y el día fue una montaña rusa en cuanto a lo emocional. Una experiencia hermosa. Al acostarme me tome unos minutos para reflexionar sobre ello. Determinación. 

    Agua barata en la Nullarbor, algo difícil de encontrar

    Día 10 :

    Estar por salir y encontrarnos con un pinchazo nos demoró 30 minutos. El cielo estaba nublado y los ánimos eran buenos. Todos teníamos ganas de pedalear. Salimos cerca de las 8 y sin parar llegamos a la primera meta. 70 km por una ruta increíble.

    Los paisajes infinitos de Australia, algo que no deja de sorprendernos

    En la gasolinera nos dieron agua caliente gratis que sirvió para cocinar un cous cous con atún y tomate perita. El equipo estaba famélico. La mujer a cargo fue muy amable. Nos dió acceso a los baños y la ducha fue hermosa. Cargamos los equipos y esperamos a que baje la comida y el sol. Situaciones impensadas. Trabajar más que contentos dentro de un baño!   

    Las baterías siempre llenas!

    Antes de salir cargamos gasolina para la cocina y recordé que no teníamos más sal. Buscando la cocina del lugar me topé con un piano. No pude evitar sentarme a tocar. Compramos una docena de huevos y una loncha de pan. Con la sal en la mano salimos a la ruta. Hicimos una proeza. Nuestros primeros 100 km. El viento encontra no nos importó nada. Estábamos contentos, con energía y el sol estaba arriba. La llegada fue de cuento. Antes de bajarme de la bicicleta un hombre que estaba en su caravana había dejado un burbon con 4 coca-colas. Todos sonreíamos. Felicidad.

    No solo por los regalos que nos brinaron. El sacrificio y esfuerzo generan eso. Felicidad. Además del whiskey nos cargó todas las aguas, nos dió papel higiénico, arróz, salmón en lata, porotos en salsa de tomate y un jarrón lleno de maní con chocolate! Cenamos el kilo de arróz con todas las latas obsequiadas y de postre, el chocolate. Dormimos más que a gusto. Realizados.

    Día 11: 

    El desayuno fue diferente. Teníamos los huevos del día anterior así que los hicimos a la plancha. Dos para cada uno. Maxo se hizo cargo. Si bien la cena de la noche anterior había sido contundente todos quedamos con hambre de más. Una loncha con mantequilla de cacahuete y a encarar la ruta.

    Nos propusimos 80 km. Aleix salió como caballo de carrera. Más que motivado con llegar al destino. El resto del equipo fuimos detrás. Paramos a observar un auto abandonado en la ruta. De a poco nos adentramos y de curiosos lo revisamos. Dani sostenía las bicicletas. No quedaba nada. En cuanto decidimos continuar pedaleando cayó un aguacero. Sin aviso. Campera y a cubrir los instrumentos

    De a ratos el sol se asomaba entre las nubes y algunas gotas volvían a caer. Los últimos 10 km el viento en contra se puso violento. Estábamos cansados y hambrientos. Llegamos a la meta cerca de las 2 de la tarde con 4 horas y media de pedaleo detrás. Cociné una polenta! En cuanto puse el agua a hervir se acercaron dos coches a nuestro pequeño camping improvisado. En una camioneta viajaba una pareja jóven de alemanes y en la otra un muchacho australiano que su trabajo constaba en llevar la camioneta a la cuidad que se dirigía. Al llegar, regresaría en avión pagado por la empresa. Antes de entablar diálogo saco 4 cervezas frías del baúl. Otra hermosa bienvenida. Mientras brindamos dimos por finalizado el día y luego de charlar unos 15 minutos nos dejaron un kilo de arroz basmati y pan.

    De postre, una loncha bien cargada para cada uno

    Siguieron ruta y nosotros nos sentamos a comer la polenta. Por la tarde juntamos leña seca, hicimos música y a la noche  encendimos nuestra primer fogata.

     Observar al fuego es algo único. Los cuatro conteplamos la madera arder mientras cenamos arróz con latas de champiñón. Nos fuimos a dormir cansados y contentos. 

    Maxo dandose el gusto de grabar a un road train

    Día 12: 

    Despertamos y aún el cielo estaba oscuro. Ya se anticipaba que iba a ser un día caluroso y con poca sombra. Madrugamos y post desayuno grabamos unas tomas. Algunos planos, un rato de escritura y salimos. A 8 km había un tanque con agua y 2 km más se encontraba una roadhouse.

    Un tanque de agua de lluvia en el medio de la nada. Cosas lindas y amigables para el viajero que tiene la ruta Australiana.

    A penas subimos el asfalto se presentó un viento poco amigable. En contra y con fuerza. Cargamos agua y salimos para la estación. No necesitábamos nada de ella, pero queríamos parar. Antes de llegar un muchacho chino freno y luego de unas preguntas nos saco una foto. Más que contento nos dio un poco de comida y seguimos ruta. Algunos días suceden estas situaciones y el intercambio es enriquecedor.

    Llegue último a la Roadhouse. Tenía muy pocas ganas de pedalear. Estaba cansado mentalmente. Al llegar Dani reparte unas galletitas caseras de chocolate y dando aliento dice ” Un poco de energía para encarar el día que viene duro”. Pasaron los minutos y ninguno alentaba a salir. La pereza se fue contagiando cada vez más.

    Ah, recordé! Necesitábamos avena!! Estábamos cortos y aún restaban 8 días para finalizar la ruta. En primera instancia el personal del lugar respondió que no vendían. Habré entrado unas 4 o 5 veces al mostrador sin intención de comprar nada. Hablaba con las dos mujeres que estaban detrás y el muchacho de la cocina. Les contaba mis pocas ganas de salir, sobre el proyecto y mostraba mi interés de quedarme en el lugar. Todas las veces que salía me despedía y todos reíamos. La última entré para regalarles una pegatina. Ellos tenían dos bolsas llenas de copos de avena. La sonrisa se dibujó en mi rostro. Hasta ahora núnca tuvimos problemas de comida. El local nos acogió. Estaba a gusto. La conversación siguió y de pronto surgió la propuesta de que nos quedemos a tocar en el bar por la noche. No hubo oposición. Fue una decisión unánime. Nos dejaban quedarnos en el lugar de acampe. Yo ya contaba con las llaves del baño que siginificaban duchas y electricidad.

    Algo es algo. Nos movimos 10 km y como todo, es cuestión de perspectiva si fueron muchos o pocos… A todo esto no eran ni las díez de la mañana. Instalados en el lugar nos regalamos una ducha caliente. Cambiamos la distancia a recorrer por horas de edición y selección de material. Habiendo pasado un tiempo prudente de ocio nos juntamos a organizar las tareas. Ahí entra en el cuento Matthew. Mateo en español. El es del norte de Liverpool, Inglaterra. Entendí que era un boy scout o algo semejante. De por sí que era un aventurero nato. Trabajando en temporadas en parques nacionales por alrededor del mundo llevando gente a escalar, al río a hacer Kayak y a observar pájaros. Portaba un bigote frondoso.

    El gran Mathew

    Estaba muy atento a la conversación. Comía una bolsa de papas fritas caseras y se tomó un litro de leche helada. Esa era su gasolina. Cuestión; vino a Australia a acompañar a un muchacho a caminar todo el país. Este recauda fondos para la investigación del ACV, ya que sufrió uno hace 4 años cuando tenía 27. Mateo contó que no pudo congeniar con el debido a diferencias en las personalidades y algunas cuestiones éticas. Sin profundizar mucho en la historia contó que se marchó y acordó con su hermana encontrarse en Perth, a 3 mil km de donde se encontraba. Consiguió equiparse casi de manera gratuita y con una bicicleta del súpermercado estaba frente a nosotros disfrutando de su comida. Al rato el hambre se sintió en el equipo y cociné un cous cous. Algunas latas y salsa de tomate.

     

    A las cinco de la tarde nos presentamos con Maxo en el bar. Para el primer tema cenaba una pareja de motoqueros y el personal detrás de la barra se mostraba contento. De a poco fue cayendo gente al baile y de pronto me encontraba ebrio y el bar estaba lleno. Todos cantando al unísono clásicos que tocaba un muchacho francés que andaba de paso. Ver y participar de todo el proceso fue tremendo. Nos dieron unas papas fritas. Lo bueno de arrancar temprano fue que no eran ni las 12 y estaban todos fuera y nosotros ordenando las mesas del bar. Nos fuimos a dormir más que contentos. Revolucionamos el bar a través del sonido. 

    Día 13: 

    Nos despertamos tarde y perezosos. Recién cerca de las 9 am terminamos con el desayuno. Yo tenía resaca y los chicos estaban cansados. Tuvimos una breve reunión matinal y resolvimos quedarnos. Contábamos con electricidad y el día anterior, por diferentes motivos, no nos sentamos a trabajar sobre el material. La devolución de las llaves del baño era el último acto antes de salir a pedalear. Al entregarle las llaves, la encargada me dio una torta para que comieramos de desayuno. “Que tengas lindo viaje y gracias por todo” . “¿ Me quedo con la torta y nos vamos a pedalear o le pido las llaves y devuelvo la torta? ” Tenía ese pensamiento en mi cabeza. 

    Por fortuna no hubo problema que nos quedáramos un día más en el estacionamiento y también pudimos comer la torta. Por la tarde fuimos a tocar y no había mucha gente. El staff también sufría las consecuencias de trasnochar así que la tocada no duro mucho. 

    Con Dani acomodamos el bar mientras Maxo y el Tito preparaban la cena. Prepararon fideos con salsa y Dani se trajo el postre. Una vez más nos regalaron un generoso pedazo de budín de banana! Nos acostamos súper contentos. El western nos estaba reteniendo y de la mejor manera. Al día siguiente cruzaríamos al estado sur del país. 

    Día 14: 

    Nos despertamos con ganas de pedalear. Habíamos dejado las bicis lo más listas posibles. El desayuno, como casi todas las mañanas, ya estaba preparado. Desmontamos las carpas y salimos a la ruta. Faltó el comentario sobre la clásica foto con el personal. Después de los saludos y agradecimientos encaramos el asfalto… 

    El clima fue perfecto. Un poco de viento a nuestra espalda y algunas nubes en el cielo que de a ratos tapaban un poco al sol. Con casi dos días de descanso apretamos el acelerador y con un promedio cercano a los 30 km por hora paramos a los 55km.

    Frente a nosotros se encontraba la única subida y a su final Eucla. Última estación antes de la frontera. Los chicos salieron a pura marcha y yo me quedé 5 minutos a contemplar. Al subirme a la bici me encontré con una situación extraña. La rueda trasera se movía de un lado a otro tocando con el marco. Quiero creer que fue de un momento a otro… Los rayos traseros estaban casi todos flojos y dos de ellos rotos. Desmonte las alforjas y levanté el dedo. 5 minutos después, el tercer auto paró y me auxilió. Cargué la bicicleta en el techo y me acercaron a Eucla donde esperaban los chicos.

    No cargamos con las herramientas ni el conocimiento sobre el asunto. Así fue como emprendí la misión de ir hasta la bicicleteria más cercana y volver al grupo. (se encontraba en Port Augusta a 1200 km). En la toma de decisión aparece en escena Steve. Oriundo de Inglaterra se presenta como explorador. Sabía sobre rayos de bici y tenía toda la intención de solucionar el problema pero no contábamos con las herramientas. Cuestión que estaba junto con una productora de televisión. El capítulo era sobre Cuevas en los acantilados de la Nullarbor y Steve era el guía.

    Steve el explorador

    Así fue como el sonidista del grupo me llevó hasta la frontera a 12 km. (Ahí es donde paran los camiones) Desde pequeño que tuve interés por los programas de supervivencia en la tele. Él se dedicaba hace 20 años a grabar sonido en ese tipo de aventuras. Tiró el telón abajo y me desveló el misterio. “Ellos viajan en primera clase de avión y comen mejor que nosotros… Ustedes son aventureros de veras.”  Me bajé del auto más motivado que desilusionado. Me encontraba en la frontera del país con una linda misión por delante. 

     

    Mientras hablaba con todo camionero que veía en busca de un aventón, llegaron los chicos en bici. No pasaron siquiera dos horas y yo ya estaba dentro de un camión. Abrazo grupal y nos vemos cuando nos vemos! 

    En el próximo blog contaré todo lo que sucedidó en los 2100 km hechos para arreglar la bici y volver a encontrarme con los chicos.

    Camino a Port Augusta a la bicicletería más lejana del mundo!

    Escrito por @francobicicleta

  • Viajar con la música

    Esta vez habíamos decidido no llegar hasta la Roadhouse (estación de servicio en el medio del desierto) y acampar 10 kms. antes en el “bush”. Sabemos que en las estaciones cobran 20 dólares por armar la tienda y nos parece un gasto muy evitable. Es literalmente lo mismo tirarte a dormir en el medio de la nada que en el medio de la nada pero con 6 personas cerca tuyo. Entonces dormimos y por primera vez prendimos un fuego para cenar. Fue una noche distinta en donde todos nos sentimos atrapados por las llamas y el silencio se hacia presente en un ambiente de goze. Podría asegurar que todos nos sentíamos bien y a gusto con la noche.

    Estábamos siendo felices, lo cual siempre es fugaz y solemos no darnos cuenta. Esta vez, estoy seguro que lo éramos.

    Nuestro primer fogón.

    Despertarnos fue cosa de todos los días y la disciplina de subir a la bicicleta y pedalear también. Avena con cereal, un poco de miel y unos tragos de agua para comenzar lo que sería un día con sol brillante arriba de nuestros cascos y, por ende, mucho calor. Empezamos despacio para que las piernas entren en ritmo y poco a poco se acuerden de lo que tienen que hacer por el resto de la jornada, salvo que esta vez ocurrió algo distinto.

    10 kms. después de empezar nos topamos con la Roadhouse, que como bien dije, no íbamos a frenar porque no nos hacía falta nada ni tampoco queríamos gastar dinero. Dani, que estaba adelante de todo, tuvo la interesante idea de entrar en la estación y comprar galletas para todos. Una vez comidas seguiríamos rumbo.

    El lugar nos pareció hermoso. Tenía una energía distinta a las demás Roadhouses en donde estuvimos y sonaba una música muy alegre. Una especie de “reggae” bien veraniego.

    El sol intenso se sentía rico.

    La roadhouse desde afuera

    Caminamos unos metros hacia adentro y vimos un pasto que invitaba al descanso, unas mesas que llamaban a sentarnos y una gente que quería conversar. Franco fue el primero en dar un paso al frente y entabló una charla con la manager del lugar. Su nombre era “Mari” y nos regaló 2 bolsas de avena porque nos estábamos quedando sin. Le contamos sobre el proyecto y empatizó con nosotros enseguida.

    ¨Somos 4 jóvenes que damos la vuelta en bicicleta a Australia. Filmamos, nos gusta tocar música y conversar con las personas. Nos gustaría tocar acá hoy y generar un buen ambiente. Podes ver lo que hacemos. Tomá. Acá te dejamos una pegatina y podes vernos ahí. The Bikings Project, buscalo en internet.”

    Algo así es lo que nos introduce con las personas (no siempre obviamente) y hace que se interesen en nuestro proyecto. Por cierto, arreglamos con Mari que podíamos tocar a la noche en el bar del lugar y que podíamos acampar gratis. Con solo 10 kms. recorridos en todo el día nos abrazamos contentos con el hecho de quedarnos un día en ese lugar.

    Desde ahí todo fue una locura.

    Conocimos a Matthew. Un cicloturista inglés que se quedó con nosotros a acampar y disfrutar de unas canciones. Nos contó que comenzó con un proyecto de recorrer todo Australia a pie. El viaje presentó unas complicaciones de nivel “relaciones humanas” y optó por seguir solo en una bicicleta. Es una persona muy interesante y con un humor muy parecido al nuestro, así que llevarnos bien fue fácil. Dentro de la Roadhouse los empleados eran muy buena gente. Nos dieron de comer y unas cuantas cervezas de regalo. Llegó mucha gente y el ambiente fue mejorando cada vez más. Un camionero estaba muy contento con todo y aplaudía con fuerza y compraba cervezas. Más tarde llegaron 4 jóvenes. Uno de portugal con su amigo de Alemania que viajaban juntos haciendo música, una situación idéntica a la mía con Franco. Estaban con dos amigas, una de Suecia y otra de Francia. Todos se unieron en el canto y la pareja de músicos tocaron unos cuantos temas. Era muy bueno escucharlos y lo hacían muy bien. Además tocaban canciones en inglés y eso puso a la gente a cantar y bailar. Fue estupendo. Todos nos felicitábamos por ser buenos, amables y hacer que los demás pasen un buen momento, a pesar de no conocernos.

     

    El nombre de esta Roadhouse es “Mundrabilla” y queda muy cerca del borde entre Western Australia y South Australia. Queda en un lugar muy remoto en donde las personas que viven se relacionan todos los días entre sí. Es un sitio muy seco y desértico. Reciben constantemente australianos, turistas, ciclistas, viajeros y demás personas totalmente desconocidas. Eso es lo interesante. Sin conocernos, optamos por entregarnos un buen rato el uno con el otro. Y que buen rato. Unico y auténtico. Lleno de interés, especialmente abierto a recibir y a entregar.

    Lleno de música, como siempre.

     

     

    Escrito por @maxocadel

  • Nullarbor Plain – Semana 1

    Desde Perth fue la nullarbour plain la que se llevó la atención. Los comentarios giraban en torno a la locura, el calor en esta instancia del año, los peligros por los camiones y algunas historias. Su recta infinita, la escasez de recursos y la poca circulación de los autos. Ah, y muchos japoneses en solitario en la misma época… De toda la vuelta a la isla, éste era el único trayecto en el cual la gente hacía hincapié. De tanto oírlo generó muchísima expectativa en el grupo. De antemano sabíamos que para el mes dos del proyecto nos toparíamos con un desafío interesante. Nullarbour significa sin árboles. Las estaciones de servicio distan entre ellas unos 200 km y tiene una extensión cercana a los 1200 km. Esto y que el sol radiante con 35 grados de promedio era casi todo lo que sabíamos. Algunos decían que tendríamos el viento a las espaldas, otros de frente y así sin saber seguíamos con nuestra rutina.

    “Nullarbour significa sin árboles. Las estaciones de servicio distan entre ellas unos 200 km y tiene una extensión cercana a los 1200 km”.

    En Esperance nos quedamos tres días. Teníamos la intención de visitar sus hermosas playas pero el clima no fue favorable. La única tarde en la que el sol salió disfrutamos dos horas de la arena blanca. Una nube negra anticipó nuestra salida y vuelta al campamento terminamos de organizar todo. Ahí nos aprovisionaríamos por casi 24 días. A tres días de Norseman, vale decir 200 km, nos cargamos hasta la médula. Re organizamos todas las alforjas y distribuimos el peso. 50 latas de todo tipo, 7 kilos de avena, kilo y medio de coco rallado, 8 kilos de frutos secos, 10 kilos de arroz, 12 kilos de pasta, 8 litros de salsa de tomate, 4 kilos de polenta, 4 kilos de cous-cous, 4 kilos de cereales prensados, manteca de maní, miel y aceite de oliva. Con una capacidad máxima de 70 litros de agua pusimos a prueba los equipos y con mucha paciencia salimos.

    Votadas como las mejores playas de Australia.
    Haciendo la distribución el día previo a la salida

    El último pueblo antes de entrar en la mítica ruta se llama Norseman. Allí nos hospedó Theresa en su hotel y no contaré mucho más ya que se merece todo un capítulo entero. Solo anticipo que como cena despedida ella nos cocinó salmón rosado en papillote y yo acompañé con un puré de papas y brócoli.

    Llegando al hotel a probar suerte

    Día 1:

    Salimos cerca de las 9 am. Fotos con el personal del hotel. Despidiendo a los familiares y acomode de las provisiones tomo más de lo pensado. Desayunamos como campeones. Como todos los días. Avena cocida con pasas de uva y una crosta de coco rallado encima. Toque final de canela y cada uno en su plato, miel a gusto. Descansados recorrimos los primeros 80 km. Para sorpresa de todos el paisaje seguía igual que los días anteriores. El sol nos acompañó desde temprano y cerca de las 4 de la tarde llegamos a la parada. Una mesa con dos bancos. Algunos tachos de basura y nada más. Se acercó un curioso a saciar su sed de cuento y nos invitó unas cervezas bien frías. Hermosa bienvenida. Cenamos arroz con dos latas y en cuanto se pudo, a dormir. Yo llegué extenuado. No tenía fuerzas y creo que me insolé. Era el cuarto día que llevaba con el trailer y Maxo me acompañó los últimos kilómetros dándome aliento. El se paseaba por el asfalto mientras que yo tenía la idea fija en no parar así no caerme de la bicicleta. Al llegar armé la hamaca paraguaya, que acá le dicen, Hamog, y pasadas las dos horas no conseguía bajar las pulsaciones. Con el estomago descompuesto me fui a dormir mentalizado en que mañana iba a despertar mejor. Nos esperaban 85 km.

    Foto despedida con Theresa y Estela
    Un simple recordatorio para los despistados

    Día 2:

    Arriba a las 5 30. Desayuno de lujo y desarme de campamento. No dejamos huella por donde pasamos. Si bien me encontraba mejor por la mañana, me notaba un poco débil y ante la propuesta Maxo accedió a hacerse cargo del trailer. (Aleix lo cargó por un mes entero y Dani lo carga desde que salimos de Perth.)

    Maxo y sus primeros km con el trailer

    De los comentarios recibidos siempre se habló de que era una ruta plana. Evidentemente van en auto y no reconocen lo que es una subida… Que día que no dio respiro. En cuanto subíamos, antes de bajar ya se presentaba otra. Terminamos el día cumpliendo un objetivo de 87 km. A gusto con el contador cenamos un kilo de pasta con salsa de tomate. Deberíamos ser un poco más prudente con la velocidad al comer. El apetito es voraz y la cacerola se vacía en la mitad del tiempo en la que se cocina. Cerca de las ocho a la cama. Va, a la carpa. Un poco de lectura y a dormir.

    Bajar para volver a subir

    Día 3 :

    La rutina ya está implantada en el grupo. El horario a despertar es el indicado y el único cambio fue que el desarme se haga post desayuno. Pedalear con la avena en la garganta no es agradable. De a ratos sube la acidéz y no es placentero. A los 25 km nos encontramos con la primer ” road stop”. Son gasolineras que cuentan con hospedaje y sus precios son un poco extravagantes.

    Una clásica Roadhouse. Gasolina, restaurante y hotel por detras

    Esta estaba solo a 150 km de Norseman y por un litro de agua cobraban 5 dólares. Dani intentó una rebaja mediante una charla a solas con el muchacho del mostrador pero este se mostró cero empático y marchamos a la ruta sin el agua deseada. En el súpermercado una lata ronda él dólar y medio y en este lugar se atrevían a cobrarla a 9 … Comimos unas frutas ( cada una por 2 dólares) y el cielo que no tenía nubes mostraba su azul claro y con él, su calor. A los 25 kilómetros encontramos una casa abandonada. Ubicada en el medio de la nada. Los únicos árboles estaban cerca de ella y decidimos frenar a esperar a que el sol bajara un poco. Estaba más que picante.

    La casa de los Bikings. Otra de las tantas que tomamos prestadas por un rato
    Siesta en la sombra

    Nos echamos en el suelo y con algunos frutos secos distrajimos el apetito. A las 15, aún con el sol bien en lo alto salimos a la ruta. Restaban solo 27 km para llegar a la meta del día. Un auto paró y yo venía con Aleix atrás. Dani y Maxo iban un poco más motivados adelante. Baja una chica morena de unos 20 años y se manifiesta más que contenta. “¿Son ustedes los Bikings? ¡Los sigo desde que arrancaron en Perth! ” Posamos para la foto y nos dio una banana a cada uno que fue como la espinaca de Popeye. Nos reunimos en un cartel mítico. Entramos en la ruta recta más larga del país y supongo que debe de ser también del mundo … 146 km sin ninguna sola curva. Sacamos algunas fotos y el mero hecho del cartel nos motivó a todos.

    El medio de la nada y 40 grados de calor no son razón para no divertirse

    “Entramos en la ruta recta más larga del país y supongo que debe de ser también del mundo … 146 km sin ninguna sola curva”.

    Recorrimos los últimos km juntos. Lo que sucedió fue increíble. Llegué con Maxo unos minutos más tarde que los chicos y sin ver dónde se ubicaron paramos donde se encontraba un hombre fumando un puro. Stan. Oriundo de Escocia, buzo de saturación, nos invitó cervezas hasta que se acabaron. Nos dió palabras de aliento y cenó con nosotros. Arroz con porotos de todos los colores y salsa de tomate. Dormir no cuesta más que acostarse. El cansancio y estar desde las 5 am arriba hace que sea fácil y placentero.

    Nuestro gran amigo Stan

    Día 4 :

    Despertamos un poco mas tarde de lo normal a causa de las cervezas. Desayunamos la avena y Stan compartió unos higos secos que quedaron en el recuerdo. Aleix tenía una rueda pinchada y en cuanto la arregló comenzó a llover. Un ciclón en el Norte del país hizo que en esta zona árida caiga agua. Y de qué manera. Movimos campamento a una mesa que contaba con el único techo de toda la zona de acampe. Montamos la lona para protegernos de la lluvia y pasamos el día leyendo.

    Bajo techo y con lona para cubrirnos de la lluvia.

    Esperando encontrarnos con 40 grados de promedio diario nos mirábamos las caras con todo el abrigo con el que contamos y nos reíamos de la situación. No tardó mucho en que se borrara. Por la tarde estábamos todos mojado. Todo mojado. Eso sí, con cara de perro amigable me presenté en una caravana en búsqueda de agua caliente. La pareja nos regaló una torta de frutos secos que disfrutamos muchísimo. Con el agua cociné un kilo de cous cous y por la tarde pasó algo mágico.

     

    Había cesado la lluvia y fue la primera vez en mi vida que vi algo así. Un arco iris completo. Los cuatro parados uno a lado del otro. Atónitos. El cielo se encontraba parcialmente nublado y el atardecer fue un regalo. Un abanico de colores nos devolvió la sonrisa. Para la cena me encontraba satisfecho y los chicos optaron por no prender la cocina. Un poco por pereza y otro por falta de hambre, cenaron unas latas con aceite de oliva. Nos acostamos con la idea fija que mañana iba a ser un día hermoso.

    Día 5 :

    Con el desayuno preparado desde la noche uno se levanta bien predispuesto. Al abrir la carpa y encontrarnos con una neblina espesa fue desmotivante. Aun así desarmamos el campamento y decidimos esperar. Teníamos la teoría que en cuanto suba el sol la neblina se disiparía.

    Es un tanto peligroso andar así ya que perdemos visibilidad y tanto los camiones como los autos no pueden ser prudentes.

    Aprovechamos la mañana para hacer un vídeo de Guampas del Sur. Banda duo que formamos con Maxo hace 5 años.

      

    A las 10 am ya habíamos hecho todas las tomas necesarias y nos encontrábamos súper animados. Guardar las cosas toma más tiempo del que uno cree. Así se hicieron cerca de las 12 del mediodía y antes de salir con el estómago vacío decidimos comer un plato de pasta. Con atún y salsa de tomate postergamos las salida para las 14 hs. Los planes en este tipo de viaje están sumamente atados a la circunstancia por lo que suelen cambiar mucho. Siempre los discutimos entre todos y barajamos todas las posibilidades. Estábamos poniéndonos la crema de sol,  casi listos para salir, cuando una casa rodante paró delante de nosotros. Nunca vi una parecida. Un hotel sobre ruedas. Atrás tenían un trailer cerrado en el que llevaban dos Harley división para dar unas vueltas. Nos abastecieron de agua y encaramos la ruta más que contentos. Habíamos sacado un buen provecho de la mañana. Pedaleamos unos 60 kilómetros y paramos en un área de acampe. Este no contaba con mesas ni nada. Solo un tacho al costado de la ruta. Cenamos arroz con remolacha y maní mientras disparamos ideas para el proyecto. El movimiento nos encanta. Nos alegra. Una pareja de alemanes apareció en medio de la cena. Estando en medio de la nada en un principio nos pusimos alerta y en cuanto vimos que se trataba de dos jóvenes viajeros nos relajamos. El estrés fue por deporte. Antes de dormir compartimos unas palabras con ellos.

    Arróz, remolacha y maní. Receta que nunca falla

    Día 6 :

    Amaneció nublado y apenas desarmamos comenzó a gotear. De hecho hizo que sea todo más rápido. Salimos a ruta sabiendo que a los 30 km había una parada con un techo. Llegamos a las 10 am y por suerte aún habían dos caravanas paradas. Pedimos por agua y el muchacho encantado bajo un tanque de 20 litros y nos llenó las botellas. Resulta que viajaba con toda su familia. Es legal en este país hacer la escuela a distancia y sus hijos por un año aprenderán sobre el mundo al costado de la ruta, en parques nacionales y conociendo gente de todas las localidades. En cuanto se llenó la última botella desde el cielo comenzó a diluviar. Nos refugiamos los 4 en el baño. La escena era graciosa. Daban ganas de llorar, pero le pusimos el pecho a la situación. Estar todo el día en un espacio tan reducido no es agradable. Menos mojado y muchísimo menos a lado de un agujero lleno de mierda.

    Maxo intentando conseguir algo que no fuera arróz ni pasta

    Cada tanto paraba un auto para hacer uso del mismo y teníamos que sacar todas nuestras cosas del baño. Una pareja que vive hace 11 años en su caravana nos dió agua caliente. Con ella cociné un cous cous y con algunas latas almorzamos. Hora a hora, charlando de cualquier cosa pasamos la tarde.

    Se puso excitante cuanto un hombre bajo así botar la mierda de su caravana y nos regaló una cerveza para cada uno. Brindamos y con unas galletitas comenzamos a reír. Aleix fue en búsqueda de agua caliente nuevamente y la propuesta fue una caricia al alma. La mujer septuagenaria se ofreció a cocinarnos la cena. A las 1 8 30 como pactado nos presentamos los cuatro en la puerta de su casa. El plato era carne desmechada con papas hervidas. Con dos tupers nos sentamos en la puerta del baño, bajo techo a cenar. Estiré con el arroz que había quedado del mediodía y saciados nos fuimos a dormir con la ilusión que mañana sería un día bonito. Los 35 km recorridos fueron un tanto desalentadores pero el día tiene sus sorpresas. Aceptar la condición de estar condicionados y disfrutar de las pequeñas cosas.

     

    Día 7 :

    Otra vez lluvia. El ciclón nos convirtió en testigo de un fenómeno rarísimo. Tres días consecutivos en la zona más árida del país. Con la idea fija de pedalear cual fuera el clima desmontamos todo rápidamente. En el proceso una pareja que estaba saliendo del camping freno y nos ofreció agua. Se trataba de dos buzos de cuevas. Fue hermoso. Nos cambió la cara completamente. Nos dieron kilos de fruta y magdalenas de frutos secos.

    Salimos súper motivados. Acordamos una primera parada a los 35km que sabíamos de la existencia de un techo. Fue la primera ves que rodamos todos juntos y a un ritmo fuerte. Aleix se puso al costado arengando cada treinta segundos. Cuál entrenador, efusivo y enérgico gritaba palabras de aliento. Con un promedio de 25 km por hora el paron apareció rápido. Disfrutamos de las manzanas y naranjas con caras de regocijo.

    Cuesta encontrarlas en esta zona del país. La próxima gasolinera distaba a unos 40 km. Llegamos a Caiguna cerca de las 15 de la tarde.

    Habíamos terminado la “90 Miles Straight”!

    Dani, como buen líder, contento con el trabajo del equipo compró dos duchas. Vale decir 20 minutos de agua caliente. Nos sentamos a comer lonchas de pan con mantequilla de cacahuete. Una fina capa de miel hacen de esta comida una única. La textura y el sabor hacen a esta tostada adictiva. Las personas encargadas del lugar fueron mas que antipáticos. Nos pidieron que nos valláramos acusándonos de que molestábamos a los pocos transeúntes. Estábamos un poco enojados con la situación y cansados de los 70 km. Analizamos la situación y ante una posible lluvia venidera nos distanciamos 300 metros del lugar y acampamos en la intemperie. Armamos las carpas y montamos la lona. Apenas terminamos de armar las sillas, comenzó a llover. Bajo techo y protegidos cenamos pasta con salsa de tomate. Un kilo para festejar el movimiento y sin hablar mucho de lo acontecido a la tarde así no amargarnos. Sin mucho sobre mesa nos fuimos a dormir.

     

    Escrito por @francobicicleta

  • Odisea Australia

    Navidad Catalana

    la espera se hizo un poco larga. No por la cantidad de días. Mas bien fue el frío y las ansias las que tensaron un poco el ambiente. La navidad descontracturó un poco y fue de los escasos momentos en los que la charla no fluctuó en son de las bicis o trayectos. Comimos sin parar. De a tragos pausamos el masticar con vino, cerveza , cava o agua. ( Ese fue el orden por cantidad.)  Sepia, cerdo y un millar de canapés de todos los colores y formas decoraron la mesa larga. Eramos casi treinta. El postre fue mi perdición. Nose cuanto turron comí. Seguro que no fue por hambre. Turron blando, de jijona, semiduro y duro. No falto el de chocolate que , entre medio de los otros, camuflaba su poca autenticidad catalana. Al no estar aún en marcha los hipotéticos llevan siempre a discusiones banales y en un sin sentido conversamos durante horas.( Toda discusión hace crecer al equipo.) El armado del equipo nos motivó, calmó y fue el inicio del final de la espera, etapa. A esta la llamaría “ de contacto”. Entre nosotros, con el material técnico y con las bicis. Desarmarlas y ponerlas en cajas no fue tarea ardua. El aeropuerto era nuestro miedo. Los pesos y la cantidad de bultos. El próximo texto se lo dedico enteramente a Mona Lisa. Mujer detrás del mostrador que hizo posible la llegada a Australia.

     

    Maxo armando su bici nueva para luego volver a desarmarla.

    La Mona Lisa

    Imposible olvidarla. Rubia, de ojos celestes oriunda de Albania. Dato que resolvimos luego de preguntar. Preguntamos mucho. Fue la única que mostró interés en ayudarnos. Llegamos al aeropuerto del Prat, Barcelona 5 horas antes del despegue. Habíamos planeado una táctica. Dani se presentaba solo en el mostrador y luego de que el resolviera llegariamos los tres restantes con el resto de los bultos (si él lo lograba un acuerdo, debían aceptar lo mismo para el resto…) Pretendíamos una negociación viable y sabiendo que estabamos en exceso de peso contabamos con unos dolares por si las dudas. Dani se presentó en el mostrador y al cabo de un rato todos nos pusimos nerviosos. Hablaba con uno, luego se presentaba otro y nosotros de a tandas, cada tanto apreciamos a lo lejos solo para visualizar lo que acontecia. Contábamos con cuatro bicicletas, dos trailers, dos bolsos grandes, cajón peruano, funda de guitarra y cuatro mochilas. Para no tensionar el relato voy a anticipar que viajamos con todo y al final, más barato de lo calculado. La empresa permitía 30 kilos por persona y un bolso de mano de 7. Pues cada uno tenía los 30 kilos en la bici, los bolsos pesaban igual y los trailers rondaban los 26. Las mochilas de mano tenían 3 kilos extra cada una y el cajón estaría de sombrero. Resulta curioso agradecer tanto a esta mujer pero sin ella no hubiese sido posible. Querian cobrarnos 80 dólares por kilo extra !! Dando una cuenta estrafalaria e impagable (en el sitio web no estaba tan claro y por teléfono al enterarnos de esto nos pensamos que era una mal información de la telefonista. Se suele pagar 150 por bicicleta bajo el concepto de equipamiento deportivo. Algunas aerolíneas incluso dejan llevar la bici gratis). Dani estaba mas que nervioso y volvió a nosotros con las dos cajas ( combo de trailer + bicicleta ). No había podido negociar nada. Los bikings estabamos al horno. Decidimos apelar a “ tocar la fibra” como se dice acá. Nos presentamos los cuatro sin mas ni menos que con la confianza de querer viajar y las buenas intenciones de nuestro proyecto. Ahi ella. Bella, un tanto nerviosa, asediada de preguntas empezó a ser admisible. Sin mirar los pesos aceptaba los que le cantaba y en ningún momento fue rigurosa. Dejamos mitad de la mochila junto con los trailers que ya sabíamos que no iban a viajar con nosotros. Hecho el check-in Dani y Aleix fueron para la otra terminal a despachar el bolso restante y los dos trailers (aun los esperamos pero confiamos en que llegaran pasado mañana.) Maxo y yo esperamos con la certeza de que el líder iba a resolver en horario. Y asi fue ! Al regreso corrimos a la puerta donde salia el avión. Ya habían dado el último aviso. Con cajón en mano izquierda y ticket en la derecha me presente al último control. Ahí estaba ella, Mona Lisa! Preocupada miró a su izquierda donde estaba su supervisor (aquel que no quiso dar ninguna herramienta para ayudar) Con un giro de pelicula me metí en la manga sin darle tiempo siquiera a que pregunte por el cajón y con un grito victorioso exclame : Felíz año!

     

    “Resulta que la empresa permitia 30 kilos por persona y un bolso de mano de 7. Pues cada uno tenía los 30 kilos en la bici, los bolsos pesaban igual y los trailers rondaban los 26. Las mochilas de mano tenían 3 kilos extra cada una y el cajón estaría de sombrero”.

     

    Realizados después de despachar los trailers vía cargo
    Lo logramos. Sentados uno a lado del otro viajamos rumbo a Dubai. Con dos horas de retraso perdíamos la conexión a Perth lo que nos llevo a diferentes hipotéticos. Una vez en Dubai fuimos escoltados, con un poco de apuro, hasta el avion que nos llevaria a Oceania. Otras dos horas de retraso hicieron que lleguemos a Perth cerca de las 7 pm.

     

    Hola Perth, hola Australia

    Mediante una aplicación alquilamos una casa en las afueras del centro. Aca pasaremos la próxima semana aclimatando los cuerpos y poniendo a tono las bicicletas. Perth es la ciudad más aislada del mundo. La próxima población con un millón de habitantes se encuentra a más de dos mil kilómetros, Adelaide. Nunca me habia pasado algo semejante al Jet Lag. Encontraba este término como absurdo, lejano. Estoy hecho una planta. Durmiendo todo el día y sin apetito. Soy el único del grupo que tiene esta sensación y ellos extrañados se preocupan por el futuro cercano que nos toca.

     

    “Perth es la ciudad más aislada del mundo. La próxima población con un millón de habitantes se encuentra a más de dos mil kilómetros, Adelaide”.

  • @rechtdaniel contesta

    ¿Cómo surge la idea del viaje?

    En mi caso todo empieza en la navidad del 2016. En realidad un poco antes… Me encontraba en España haciendo temporada en Ibiza. Ya con pasaje para Australia y con la idea fija en la cabeza de querer recorrer el país en una motorhome en cuanto pudiera.

    Todavía en España, un buen día olvido mi billetera en la playa, perdiendo así todos mis documentos, incluyendo mi licencia de conducir. Mientras organizaba todo para volar hacia Australia hice todo esfuerzo como para poder tramitar un duplicado pero todo intento fue en vano. Tenía que ser presencial y en Buenos Aires.

    La idea del motorhome se iba desvaneciendo. Tenía claro de que no iba a sentarme a sacar una nueva licencia en Australia y que aquello era una señal que me estaba dando la vida. Tenía que pensar en un plan B. Esa navidad recibo como obsequio de mi hermana un libro llamado “Australia sobre ruedas”, escrito por Iván Faure. Un español que cuenta en el mismo su experiencia viajando en bicicleta desde Perth hacia Sydney.

    Ya había realizado una primer experiencia cicloturista en el 2015, recorriendo 400 kilómetros por la costa de Uruguay. Esto le terminó de dar sentido a todo para mí e hizo que llegara a Australia con el plan de recorrerla en bicicleta.

    ¿Porqué Australia?

    Australia siempre me llamó la atención. De chico y como muchos de mi edad seguro, influenciado por el cazador de cocodrilos. Ya mayor, me atraía la idea de saber lo que significaba vivir en un país donde las cosas supuestamente funcionaban. Al menos esa era la percepción que tenía a partir de experiencias vividas por amigos. Viví 9 meses trabajando en la ciudad de Sydney y pude corroborar esto.

    Primero la idea era recorrer desde Perth hasta Sydney. Luego la ruta se alargó y llegaba a Cairns hasta terminar siendo la vuelta completa. Esto porque a medida que iba investigando, me iba dando cuenta que había más y más lugares que quería conocer y porque se iba sumando gente al baile, cosa que me daba aún más confianza a la hora de pensar en recorrerla en su totalidad. Primero fue Aleix, a quien conocí trabajando. Los dos haciamos delivery de comida en bicicleta en ese entonces y coincidimos haciendo una entrega a la misma persona al mismo tiempo, en uno de esos encuentros locos de la vida. Luego Franco mi hermano, que siempre fue un adicto de la bicicleta. Siempre hablamos para ponernos al día y me contaba que no la estaba pasando bien en la ciudad, que solo quería andar en bicicleta por el mundo. Obviamente, lo convencí para hacerlo juntos. Y más tarde se sumo Maxo, que un buen día me sorprendió con un llamado y me dijo que le encantaba la idea y quería sumarse para ayudar a documentar el viaje.

    Lo que más me llama es que considero que es un país aún poco explorado. Rutas y paisajes infinitos que invitan a la constante reflexión y a encontrarse con uno mismo. El tema historia también es un punto. Australia como tal tiene apenas unos 116 años. Antes de la colonización, fue habitada por más de 40 mil años por los Aborígenes que hoy viven una situación más que adversa. Vivencie esto en todo ese primer viaje por el Territorio Norte. Aprender y conocer más de ellos y su historia es algo que también me atrae muchísimo. Por otro lado, el Australiano es muy amigable con el turismo. En las rutas uno se encuentra constantemente con viajeros dispuestos a ayudar. En nuestra primer experiencia por el Outback, donde pedaleamos bajo temperaturas extremas y con poco acceso a agua, esto fue algo que nos llamó poderosamente la atención. Autos frenaban incluso sin haber recibido seña alguna nuestra para preguntarnos si estábamos bien o necesitábamos algo. Siendo esta la primer experiencia de larga distancia, no es un dato menor.

    “Por algún lado hay que empezar” me decía siempre mi hermano Franco y concuerdo, por lo que me gusta reformular la pregunta… ¿Porqué no Australia?

    ¿Qué buscas con el proyecto? ¿Cual es tu rol ?

    Un montón de cosas. Empezaría por las intenciones personales… Lo veo como un retiro espiritual, un viaje para aprender de la vida y sus simplicidades. Hacerme más fuerte a partir de la superación de las adversidades que se presentan día a día en este tipo de viaje. Aprender a vivir felíz con lo mínimo e indispensable y lograr esa conexión terrenal que trabajando en una oficina no se conseguir.

    En cuanto al proyecto en sí, lo contemplo como la comunión de todo lo que me gusta.  Pasé mi infancia en las montañas. Nuestras vacaciones siempre se trataron de caminatas, camping y aventura. Esto hizo que de grande siempre tuviera ese espíritu aventurero presente, las ganas de viajar y explorar el mundo. Por el otro lado, me forme en la comunicación que es lo que me apasiona. Pensar en ideas y piezas creativas es lo que me gusta hacer. Es por eso que no es simplemente un viaje, es un proyecto. Unas ganas de adoptar un estilo de vida para poder alcanzar el deseo último que es recorrer el mundo.

    Con Bikings busco vivir como me gusta, haciendo lo que sé hacer y me apasiona. 

    Mi rol es todo lo que involucra la comunicación del viaje. Desde el diseño, la formulación de los textos, las redes, el armado de las presentaciones para buscar marcas interesadas, hablar con dichas marcas y pensar en ideas para desarrollar durante el viaje.  

    ¿Qué tipo de preparación llevas a cabo?

    Llegue a Australia en el 2016 sabiendo ya que es lo que iba a hacer. Por eso lo primero que hice fue buscar un trabajo que me permitiera hacer dinero y entrenar a la vez. Trabaje durante 8 meses haciendo repartos en bicicleta. Básicamente me la pasaba más arriba de la bicicleta que caminando o haciendo cualquier otra cosa. Mi último mes y antes de volverme para la Argentina hicimos junto con Aleix un viaje piloto por el Outback australiano, en el territorio norte. Estas dos experiencias me ayudaron muchísimo para el físico. La segunda, me preparo mentalmente.

    Después de volver a la Argentina para las fiestas, volé con mi bicicleta a Costa Rica. Viví allí unos 6 meses donde hice una experiencia laboral en una agencia de publicidad digital. Pasar de andar todos los días a hacerlo los días que no lloviera ( la época de lluvias dura 8 meses en San José y es cuestión de todos los días, sin excepciones ) y saliera de la oficina lo hicieron más difícil pero siempre me mantuve entrenando en cuanto pude.  Estando allí, tuve la oportunidad de viajar a Cuba por 10 días y realizar otra experiencia cicloturista de casi 500 km por la isla. 

    Hoy de nuevo radicado en Argentina, salgo a andar en bicicleta casi que todos los días como para mantener el ritmo. Creo igual que lo más importante está en la cabeza. Tuve la suerte y agrado de realizar 3 experiencias cicloturistas previas y esto te da un poco de noción de lo que se va a enfrentar. Será cuestión de empezar tranquilos e ir siendo pacientes con el cuerpo: escucharlo y respetarlo.

    ¿Qué sacrificios comprende un proyecto tal ?

    Como todo proyecto nuevo, hay muchas etapas. Hoy nos encontramos compartiendo esta entrevista pero hubo todo un trabajo detrás hasta llegar a esta acá. Desde el planificado de la ruta, el comunicarnos diariamente para hablar con marcas y ver si les interesaba apoyarnos, el armado de la web, textos, editar videos, fotos. Muchos meses de trabajo y esfuerzo. Siendo 4 los involucrados, todo esfuerzo es doble. Sumado a eso, estuvimos mucho tiempo cada uno en distintas partes del mundo. Ponernos de acuerdo para hacer videollamadas  fue siempre un tema.

    En cuanto al viaje, personalmente no lo veo como un sacrificio. Solo sueño con estar en Perth y sentir esa libertad al dar la primer pedaleada sobre el asfalto. No siento estar dejando algo detrás. Al contrario, siento que estoy yendo hacia algo: algo nuevo y mágico. Todo lo que el viaje comprende en cuanto a cambios de hábitos lo contemplo con entusiasmo y como parte del paquete, no como sacrificio.

    ¿Qué sería para vos un viaje exitoso?

    Creo que se pueden planear y prever millones de cosas pero en una aventura de estas caracteristicas siempre van a surgir nuevos retos y situaciones donde uno va a tener que formarse de cero y en el momento para poder superarlas. El éxito lo veo más bien como el estar bien conmigo mismo, el grupo y ser fiel siempre a la convicción de estar haciendo esto porque es en este momento lo que quiero y me hace vibrar. Si en un momento siento lo contrario será momento de replantearme las cosas.

    ¿Tenes miedos al respecto? ¿Cuales?

    Mis miedos pasan hoy por temas de logísticas más que nada. Todas cosas que se van resolviendo en el día a día. Pero personalmente y hacia con el viaje diría que no siento tipo de miedo alguno. Bueno quizás sí, miedo a las serpientes.

    ¿Cuales serán para vos las claves para poder concluir el viaje?

    Obviamente estar bien preparados físicamente pesa y mucho pero creo que el tema principal es la cabeza. Vamos a estar todos los días a la merced de la naturaleza y sus cambios aleatorios y hay que ser muy fuerte para no quebrarse ante las adversidades. El clima que existe en Australia y los insectos es otro punto no menor.

    Son muchos meses de levantarse todos los días y dar el máximo. Física y mentalmente. Un día a día que a veces puede ser rutinario, enfrentando paisajes bastante monótonos en largos tramos.

    La unión y el apoyo entre todos los del equipo será clave. Necesitamos estar todos en la misma página siempre, remando hacia el mismo lado. Si uno se cae, hacer todo lo que se pueda para levantarlo. El espíritu humano y la unión del grupo diría que es lo más importante.

    ¿Qué expectativas tenés para con el grupo?

    Las mejores. Valoro a cada uno de los que conformamos este proyecto. Como personas y como profesionales. No es fácil encontrar 4 amigos se junten y anhelen con las mismas ganas enfrentar un desafío de estas características juntos. Eso significa un montón y está buenísimo. Los tres tiene una luz propia y valores humanos increíbles y siento que junto a ellos aprenderé un montón.

    ¿Qué piensan tus pares sobre la decisión ?

    Seguro que muchos deben pensar que estamos locos. Lo que me contenta y motiva siempre es que al compartirlo con la gente, la mayoría se alegra y muchos quieren sumarse. Tengo miles de amigos que conocí en Australia y amigos en Argentina que me dicen que se van a sumar en alguna etapa. Para mi eso sería un sueño.

    ¿Cual es el futuro de Bikings?

    Primero hay que dar el primer paso, que es vivir este viaje y aventura. Todo lo demás es fantasía, que las tengo obviamente, pero hoy me enfoco más en la realidad y en lo cercano. En dar lo mejor de mí para con el grupo y hacer todo lo posible y que esté a nuestro alcance para que este proyecto se de y salga adelante.

  • @francobicicleta responde

    ¿Cómo surge la idea del viaje?

    Un llamado telefónico dio de alta la térmica de la aventura. Fue una propuesta sencilla, honesta y clara. Pedalear sin importar el donde o cuando; más bien el juntos por un rato. En la barra de aquel bar sucedió la llamada. Mi pulso incremento y mis sueños cobraron vida. Estaba lleno de adrenalina, eufórico. No se acordó nada. Se forjó la idea y desde ese entonces empezamos a desarrollarla.

    ¿Porqué Australia?

    A medida que fueron pasando los meses se fueron evaluando diversas rutas. Habiendo estado por rutas del viejo continente quería explorar otras. A su vez Dani estaba fascinado con su visita por Australia. La poca densidad de población, la diversidad animal y su cultura aborigen. Una isla que es habitada hace más de cuarenta mil años debe tener mucho por enseñar si se dispone la atención y el tiempo.

    ¿Qué buscas con el proyecto? ¿Cual es tu rol ?

    Generar contenido. Llamar la atención así poder transmitir. Quiero ser fuente de inspiración mediante el esfuerzo diario. Generar movimiento a través del ejemplo.

    Levantar ánimos cuando haga falta y que la comida NUNCA falte. Creo que el rol va a mutar acorde a las necesidades de los compañeros y del mismo viaje. Citando a Platón “la música es para el alma lo que la gimnasia es para el cuerpo.

    ¿Qué tipo de preparación llevas a cabo?

    La bicicleta es el medio de transporte que tengo por excelencia. Solo días de lluvia y tormenta son los que hacen que me suba a un colectivo. Desde que se propuso el viaje que comencé a nadar semanalmente e incursione en el running. El abril que paso me anime a correr una maratón de aventura en Tandil, provincia de Buenos Aires. La mente es el motor en este tipo de viajes. La memoria muscular y el apoyo de Esteban ( hermano y personal trainer ) hacen que la rutina laboral pase desapercibida. El mayor sacrificio es el que hago actualmente al viajar 4 horas por dia para llegar y volver de la oficina a mi casa. La paciencia es clave y se practica desde la madrugada.

    ¿Qué sacrificios comprende un proyecto tal ?

    La entrega absoluta. Atención. Hacer cien por ciento foco en los pasos a seguir así hacer el proyecto realizable. El hecho de pedalear bajo el sol y los días de carpa son una cosa más dentro de lo que es la estructura. Horas de dedicación al cuerpo, la mente y el espíritu luego de las jornadas laborales. Dejar de lado otras propuestas musicales y laborales. Cambio de hábitos alimenticios.

    ¿Qué sería para vos un viaje exitoso?

    Aterrizar en Australia los cuatro. El mero hecho que la idea se haya materializado cumple todas mis expectativas. Años de conversaciones, viviendo en diferentes puntos cardinales del mundo rompiendo con los esquemas. Cada uno hizo lo que tenía que hacer , dejo todo y por eso aterrizamos.

    ¿Tenés miedos al respecto?¿Cuales?

    En la escuela participe de comedias musicales. Durante los ensayos no había adrenalina o siquiera se manifestaba el “pánico escénico”. El último ensayo que solía ser en el teatro ya venía cargado de emoción. Hoy día no tengo miedo ni dudas no obstante cuando este frente al ticket del avión, desarmando la bicicleta, o haciendo trámites de última instancia la adrenalina aparecerá. De hecho, mientras escribo estas líneas un cosquilleo por la columna se hace presente y la sonrisa de inmediato surge. El miedo es amigo.

    ¿Cuales serán para vos las claves para poder concluir el viaje?

    La perseverancia y la disciplina. La honestidad y la paciencia son igual de importantes a la hora de poner un parate al físico, obligar al descanso y la empatía sobre todas las cosas.

    ¿Qué expectativas tenés para con el grupo?

    La entrega absoluta. Una conexión única. Todos tenemos como nexo el deporte, como vínculo la música y como humanos hermanos. Al compartir principios y valores el desarrollo sucede de manera armónica. Sin duda será una experiencia que moldeara no solo nuestros físicos sino también nuestras relaciones personales y como grupo.

    ¿Qué piensan tus pares sobre la decisión ?

    Desde el llamado telefónico que mi discurso fue “ Me voy” . Nunca di lugar a pensar en limitaciones de tiempo, salud o dinero. Tuve un pensamiento no lineal. Yo lo quiero realizar. Cuando en el proceso mental cooperan tu mejor amigo y hermano hay un empuje fuerte. Sus preguntas-trabas las tomo como problemas a resolver en vez de cuestionar. Ha sido de gran ayuda compartir y la apertura al diálogo es clave. Suenan las campanas de las dudas y las palomas del amor.

    ¿Cual es el futuro de Bikings?

    Una productora audiovisual que fomente a jóvenes a realizar proyectos altruistas. El Aconcagua es un documental que tengo en vistas al finalizar este y la cordillera de los Andes como lugar a visitar.