GREAT OCEAN ROAD EN BICICLETA

La Great Ocean Road es, sin duda, una de las rutas más visitadas del país. Tanto en invierno como en verano, la costa de Victoria recibe cientos de turistas, en su mayoría asiáticos. Alquilan un auto o pagan una excursión (el viaje puede hacerse en bus saliendo desde Melbourne hacia los 12 Apóstoles y volviendo el mismo día)  y emprenden camino para conocer este hermoso y recomendable trayecto. Es un tramo corto de apenas 243 kilómetros y bordea la costa sur-este de Australia. Va desde Torquay hasta Allansford. Bosques frondosos, playas y miradores con vistas a rocas milenarias que emergen del mar. Hogar de los famosos “12 Apóstoles” y otras formaciones de piedra magníficas tales como ¨Loch Ard Gorge”, “The Grotto” and “London Bridge”. La ruta atraviesa varios pueblos costeros y todos están preparados para recibir visitas de todas partes del mundo. Se puede hacer en auto, autobús, caminando, en bicicleta o como uno quiera.
Desde Lorne hacia Ayres Inlet se encuentra este cartel
Montados en la bicicleta

fue una experiencia

única.

 

 

 

 

Nuestro primer día en la Great Ocean Road camino a Port Cambell

 

La bicicleta de personaje principal en este paraíso

COSAS A TENER EN CUENTA ANTES DE EMPEZAR

1¡Cuidado con los autos! Nos cansamos de escuchar esta recomendación, pero en esta ruta hay que tener mayor atención de verdad. Como mencionamos, hay mucho turismo que viene de China en donde los autos van en dirección contraria que Australia. Hay carteles escritos en mandarín pero hay varios despistados que se olvidan de manejar por el carril correcto. Hay un número elevado de accidentes y hay que ir atento, visible y luego, disfrutar.
2– Hay subidas pronunciadas. Recomendamos hacerla con el menor peso posible en la bicicleta. Nosotros llevamos instrumentos en dos trailers por lo que nuestro peso es exageradamente pesado y costaron mucho algunas subidas. Tanto que en algunos tramos tuvimos que bajar y llevar la bici caminando. De todos modos, se puede y no es un esfuerzo extremo en absoluto. Hay agua, gente y comida, por lo que si vas con mucho peso solamente carga la paciencia, ¡Y a pedalear!
3Disfrutar el camino. Es realmente una de las rutas más hermosas y atractivas para hacer en bicicleta del mundo. Sentirse ahí fue una sensación demasiado placentera. Hacete cargo del lugar en donde estás y entende que es una oportunidad única.

I WARNAMBOOL HACIA PETERBOROUGH

Warnambool es una ciudad bastante grande para lo que veníamos acostumbrados. Simplemente pasamos por ahí y nos fuimos a dormir para empezar con la ruta frescos.
A las afueras de la ciudad comenzamos a sentir el paisaje que iba a presentarse. Pequeñas casas arriba en las colinas, mucha subida y vegetación playera. El primer día hicimos una pedaleada corta de 53 km por la “Princes Highway”. Hacía frío y llovía, ya que la hicimos en el mes de Mayo. Lo hermoso de este día es que pudimos agarrar un sendero de bicicleta por la costa que nos llevó durante 5 km, poco pero ideal para no estar constantemente al lado de los autos. Llegamos a un pequeñísimo pueblo llamado Peterborough en donde tuvimos que pasar la noche en el baño. Hacía mucho frío para dormir afuera y estar adentro con refugio fue la mejor solución. A comer temprano, película y a dormir.

II PETERBOROUGH HACIA PORT CAMPBELL

Aquí comenzamos a conocer lo que son las grandes piedras que se presentan imponentes en el océano. Mientras vas por la ruta aparecen las entradas que te llevan a conocer cada una de estas piedras. Este día conocimos “Bay of Islands”, “The Grotto”, “London Bridge” y “The Arch”. Decidimos parar en todas las entradas. Es que solo vamos a estar una vez acá y pensamos aprovechar cada lugar por donde pasamos. Estas piedras son increíbles y en “Bay of Islands” tuvimos una experiencia bella. Llegamos muy temprano, estuvimos solos y desayunamos ahí. Tomamos unos mates y nos adentramos en las piedras, donde el mar formaba una ola y pegaba muy fuerte contra las rocas. Era un sonido contundente y nos quedamos en silencio un rato largo. Conocimos varias personas que se acercaban a hablarnos cuando veían nuestras bicicletas. Finalmente, llegamos a Port Campbell después de 16 km. Prácticamente no pedaleamos porque estuvimos conociendo cada lugar, pero no tenemos ningún apuro.
Cuando llegamos a Port Campbell hablamos con Will y Fabiola, la pareja que maneja el hotel. Ella es de Perú y el australiano. Nos invitaron a comer y tocamos con Guampas del Sur en el bar. ¡Un lujo!

III PORT CAMPBELL

Mientras estuvimos tocando en el hotel conocimos a Railey, la camarera del bar. Es australiana y vivió 6 meses en Argentina. Conversamos un buen rato y la pasamos muy bien. Al no tener un lugar para dormir ella nos invitó a pasar la noche en la casa de sus abuelos. Es la única casa con vista al mar que hay en el pueblo de Port Campbell. Una ubicación perfecta y hermosa. Railey nos comento que ella tenía que ir a Melbourne pero que cuando nos despertaramos vayamos al local donde trabaja su madre y digamos adiós a este bello pueblo. La madre de Railey nos invitó a quedarnos dos días más en la casa y la disfrutamos al máximo. Pudimos conocer Port Cambell en profundidad y además, en una casa con vista al mar. Hicimos uno de los senderos que te lleva bordeando el mar y las vistas son alucinantes. Mucho más no se puede pedir.
Conocé más del lugar a través de este video:
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IV PORT CAMBELL HACIA LAVERS HILL

A pesar de estar cómodos en la casa del sueño volvimos a arrancar un día nuevo de bicicleta. A veces cuesta el principio, pero una vez que las piernas empiezan a girar ya no hay vuelta atrás. Este día íbamos a conocer los 12 apóstoles, la gran atracción de la Great Ocean Road. Honestamente, las demás piedras no tienen nada que envidiarle a los 12 apóstoles y hasta se pueden disfrutar más porque no hay tanta conglomeración de personas. Antes de llegar se encuentran las piedras de “Loch Ard”, una de las más lindas para nosotros. Como siempre, unos mates mientras observábamos y conversamos con distintas personas que iban y venían. Ahora sí llegamos a los 12 apóstoles. Nos encontramos con unos jóvenes que habíamos conocido en Port Cambell y nos quedamos un rato largo conversando. Sacamos la guitarra, el cajón y cantamos. Hicimos un video del tema “Y vos de mí” de Guampas del Sur y muchos turistas se acercaban curiosos a ver que estábamos haciendo. Pudimos observar que de las 12 piedras que había inicialmente solo quedan 3, con el paso del tiempo, el agua, el viento se van cayendo y volviendo al fondo del mar.
Mirá el video acá:
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Decidimos continuar camino hacia el “Otway National Park”. Un poco de camino de ripio y nos adentramos en el bosque. Vimos un camino de arena y tuvimos la brillante idea de empujar las bicicletas 200 metros creyendo que luego el camino nos dejaría pedalear. En total hicimos 400 mts, 200 para ir y 200 para volver porque era imposible caminar por ahí durante 30 km. Al volver y frenar un rato en el parque nacional, la noche comenzó a caer. Nos subimos a las bicicletas y fuimos en búsqueda de algún granjero que nos deje acampar en su jardín. Así fue que conocimos a un hombre de pocas palabras pero generoso que nos permitió acampar en una vieja estación donde ordeñaban vacas. El terreno era irregular pero se pudo dormir y comer muy bien.

V LAVERS HILL (donde el bosque se encuentra con el mar)

Esta es la descripción del cartel en la ruta que describe a Lavers Hill. El camino costero empieza a volverse frondoso y el bosque aparece. Este pequeño lugar es, generalmente, un sitio donde la gente para por un café, comer algo y sigue. Hay un motel para dormir y una tienda, nada más. Fue un día de pedaleo intenso en donde subir fue la meta. Subir y subir y subir. Nuevamente, por nuestro peso, se hizo difícil pero pedalear adentro del bosque lo hizo único e irrepetible. En Lavers Hill llegamos a la tienda y nos regalaron comida que no se iba a vender ya que estaba cerrando el local. Hablamos con la dueña y nos invitó a poner las carpas en un jardín que estaba al lado de la tienda. Es un jardín especialmente diseñado y estaba repleto de flores y colores. Armamos las carpas, comimos un guiso de lentejas y nos acercamos al hotel. Pedimos una cerveza y nos fuimos a dormir.

VI LAVERS HILL HACIA APOLLO BAY (Cruzando el Beech Forest)

Fue una decisión muy sabia atravesar el “Beech Forest”. La cuestión es la siguiente: ir hacia a Apollo Bay costeando el mar o adentrarnos en el bosque. El bosque requería más subida y el mar parecía tener un camino menos “duro”. Decidimos ir hacia el bosque y no nos arrepentimos. De hecho, es obligatorio hacerlo. El camino es puro bosque, aire fresco, árboles altos, sonidos de animales. Parecía estar en el cine. Muchas subidas pero muchas bajadas también. La Great Ocean Road bordea constantemente el mar, por lo que subir por aquí es distinto y especial. Afortunadamente fue un día de semana por lo que no estaba repleto de autos. En este tramo hay que tener mucho cuidado porque el camino es muy sinuoso y no hay lugar para las bicicletas. Los autos pasan muy cerca y siempre hay que ser visible. Vale la pena, si tu idea es hacer esta ruta TENES que pasar por acá.

Llegando a Apollo Bay llamamos al hotel y nos invitaron a tocar a la noche. Comida, cervezas y una buena cama. La gente se prendió a la música y pasamos una noche muy divertida.

Nos quedamos un día mas y tocamos también en la Brewhouse del pueblo, nos dieron comida y alojamiento también.
Apollo Bay tiene unas playas y una gente increíble. Vengan.

VII APOLLO BAY HACIA LORNE

Este tramo es extremadamente bello. Vas pedaleando bordeando la costa y toda la visual es única. Como en toda la Great Ocean Road hay subidas largas, pero también están las bajadas para respirar un poco. Anduvimos todo el día cada uno por su cuenta y el día se presto para disfrutar del deporte. El cielo claro y azul, las bahías que se pueden ver a lo lejos, el goce de encontrarse en estos paraísos terrenales.

Llegando a Lorne encontramos a un grupo de argentinos que vivían todos juntos en una casa y nos invitaron a pasar. Tocamos un rato de música y llamamos al club de bolos de Lorne. Nos esperaban con la cena lista y el sistema de sonido preparado para nuestra llegada. Así fue que llegamos y conocimos a Luke, Tobi y Christy. Ambos 3 son gente muy amable y generosa. Tobi nos dijo que luego de cerrar el local podíamos dormir en su casa. Luke y Christy nos prepararon una comida exquisita. Nuevamente, una noche para recordar y con la noticia de que al día siguiente habría una “jam session” en el local. Nosotros teníamos que estar, por lo que decidimos quedarnos todo el día siguiente.

VIII LORNE Y LA JAM SESSION

Lorne es absoultamente encantador. Las calles del pueblo tienen una mucha pendiente, mucha, y todas las casa se esconden entre los grandes árboles. En la terraza de la casa de Tobi podían verse y escuchar todo tipo de pájaros. La casa nos acogió y toda la gente que vivía en ella también. Aprovechamos que teníamos internet y recibimos un llamado de una radio en Argentina. Contestamos preguntas y fue una mañana productiva.

A la tarde conocimos el pueblo y por la noche encaramos hacia el club de bolos para la Jam Session. Tocamos alrededor de 4 horas entre todos. Había mucha gente y hablamos con varios locales y personas de los pueblos cercanos. Otra vez la comida estupenda.

 

IX LORNE HACIA AYRES INLET

Veíamos el faro a lo lejos. Al final de la bahía estaba parado majestuoso esperándonos. El camino es similar, casi idéntico al que transitamos desde Apollo Bay hacia Lorne. Una vez que estás inmerso normalizas la ruta, pero no puede dejar de asombrar. La Great Ocean Road es increíble de principio a fin.

Nuestra meta era el faro, no sabíamos el nombre del pueblo al que íbamos, ni cuanta gente había, ni donde íbamos a dormir. Eso no importaba, solo queríamos llegar al faro.

Cuando llegamos sacamos los instrumentos y decidimos grabar una canción en esa locación tan linda. Estábamos tan a gusto que no queríamos dejar de ver el atardecer y la siguiente caída del sol, pero teníamos que asegurarnos de encontrar algún lugar para dormir.
Mirá el video acá:
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Fuimos a la tienda del pueblo, la única que había para comprar algunos vegetales. Intentamos hablar con algunas personas para que nos den alojo pero sin éxito decidimos que teníamos que armar la tienda de dormir.
La empleada del local, Gill, nos preguntó donde íbamos a dormir. Al responder que no teníamos la menor idea nos invitó a pasar la noche en su casa. Cocinó un risotto demasiado rico y dormimos en cama.

X AYRES INLET HACIA GEELONG

Gill, la empleada de la tienda de Ayres Inlet subió una foto a sus redes sociales sobre el viaje que estábamos haciendo. Una amiga suya comentó la foto y dijo que nos esperaba en su casa de Geelong. La ciudad queda pasando Torquay, que es el final de la Great Ocean Road.
Arrancamos a pedalear con la idea de que alguien nos iba a alojar por lo que el día inicia con mucha motivación.
En Torquay solo paramos a comprar una fruta y descansar un poco. Desde ahí solo restaban 20 km para llegar a Geelong. Por primera vez, el día estaba lluvioso y el frío se hizo presente. Cuando comenzamos a pedalear ese último tramo nos encontramos con dos ciclo turistas. Arith, de Sri Lanka y Johann de Francia. Ambos estaban pedaleando largos tramos por Australia y uno de ellos era técnico en reparación de bicicletas. Aunque el clima no era el mejor, la reunión duró unas dos horas debajo de la llovizna. Compartimos muchas historias en común y nos ayudaron a reparar algunas cosas de nuestras bicicletas. Con un abrazo y ganas de juntarnos en el futuro, seguimos nuestro camino hacia Geelong. ¡Terminamos la Great Ocean Road!

Llegamos a Geelong y como siempre se nos abrieron las puertas de la vida de dos personas más. Sue y Justin. Habría que escribir un libro sobre como nos trató esta pareja y los momentos vividos juntos a ellos, pero queda para otra historia. Lo importante es que completamos el camino y tenemos más experiencias vividas.

Si estás pensando en hacer esta ruta, deja de pensar. Vení que te vas a encontrar con paisajes, personas, olores y lugares inolvidables. Seguramente esta sea una de las rutas más hermosas por las cuales vamos a transitar en nuestra vida. Agradecemos a toda la gente que nos brindó su confianza y apoyo para seguir haciendo de este viaje un cuento en nuestra vida futura. Salgamos a viajar y a conocer, a confiar y conversar, que la vida es una sola vez.

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