Nullarbor Plain – Semana 1

Desde Perth fue la nullarbour plain la que se llevó la atención. Los comentarios giraban en torno a la locura, el calor en esta instancia del año, los peligros por los camiones y algunas historias. Su recta infinita, la escasez de recursos y la poca circulación de los autos. Ah, y muchos japoneses en solitario en la misma época… De toda la vuelta a la isla, éste era el único trayecto en el cual la gente hacía hincapié. De tanto oírlo generó muchísima expectativa en el grupo. De antemano sabíamos que para el mes dos del proyecto nos toparíamos con un desafío interesante. Nullarbour significa sin árboles. Las estaciones de servicio distan entre ellas unos 200 km y tiene una extensión cercana a los 1200 km. Esto y que el sol radiante con 35 grados de promedio era casi todo lo que sabíamos. Algunos decían que tendríamos el viento a las espaldas, otros de frente y así sin saber seguíamos con nuestra rutina.

“Nullarbour significa sin árboles. Las estaciones de servicio distan entre ellas unos 200 km y tiene una extensión cercana a los 1200 km”.

En Esperance nos quedamos tres días. Teníamos la intención de visitar sus hermosas playas pero el clima no fue favorable. La única tarde en la que el sol salió disfrutamos dos horas de la arena blanca. Una nube negra anticipó nuestra salida y vuelta al campamento terminamos de organizar todo. Ahí nos aprovisionaríamos por casi 24 días. A tres días de Norseman, vale decir 200 km, nos cargamos hasta la médula. Re organizamos todas las alforjas y distribuimos el peso. 50 latas de todo tipo, 7 kilos de avena, kilo y medio de coco rallado, 8 kilos de frutos secos, 10 kilos de arroz, 12 kilos de pasta, 8 litros de salsa de tomate, 4 kilos de polenta, 4 kilos de cous-cous, 4 kilos de cereales prensados, manteca de maní, miel y aceite de oliva. Con una capacidad máxima de 70 litros de agua pusimos a prueba los equipos y con mucha paciencia salimos.

Votadas como las mejores playas de Australia.
Haciendo la distribución el día previo a la salida

El último pueblo antes de entrar en la mítica ruta se llama Norseman. Allí nos hospedó Theresa en su hotel y no contaré mucho más ya que se merece todo un capítulo entero. Solo anticipo que como cena despedida ella nos cocinó salmón rosado en papillote y yo acompañé con un puré de papas y brócoli.

Llegando al hotel a probar suerte

Día 1:

Salimos cerca de las 9 am. Fotos con el personal del hotel. Despidiendo a los familiares y acomode de las provisiones tomo más de lo pensado. Desayunamos como campeones. Como todos los días. Avena cocida con pasas de uva y una crosta de coco rallado encima. Toque final de canela y cada uno en su plato, miel a gusto. Descansados recorrimos los primeros 80 km. Para sorpresa de todos el paisaje seguía igual que los días anteriores. El sol nos acompañó desde temprano y cerca de las 4 de la tarde llegamos a la parada. Una mesa con dos bancos. Algunos tachos de basura y nada más. Se acercó un curioso a saciar su sed de cuento y nos invitó unas cervezas bien frías. Hermosa bienvenida. Cenamos arroz con dos latas y en cuanto se pudo, a dormir. Yo llegué extenuado. No tenía fuerzas y creo que me insolé. Era el cuarto día que llevaba con el trailer y Maxo me acompañó los últimos kilómetros dándome aliento. El se paseaba por el asfalto mientras que yo tenía la idea fija en no parar así no caerme de la bicicleta. Al llegar armé la hamaca paraguaya, que acá le dicen, Hamog, y pasadas las dos horas no conseguía bajar las pulsaciones. Con el estomago descompuesto me fui a dormir mentalizado en que mañana iba a despertar mejor. Nos esperaban 85 km.

Foto despedida con Theresa y Estela
Un simple recordatorio para los despistados

Día 2:

Arriba a las 5 30. Desayuno de lujo y desarme de campamento. No dejamos huella por donde pasamos. Si bien me encontraba mejor por la mañana, me notaba un poco débil y ante la propuesta Maxo accedió a hacerse cargo del trailer. (Aleix lo cargó por un mes entero y Dani lo carga desde que salimos de Perth.)

Maxo y sus primeros km con el trailer

De los comentarios recibidos siempre se habló de que era una ruta plana. Evidentemente van en auto y no reconocen lo que es una subida… Que día que no dio respiro. En cuanto subíamos, antes de bajar ya se presentaba otra. Terminamos el día cumpliendo un objetivo de 87 km. A gusto con el contador cenamos un kilo de pasta con salsa de tomate. Deberíamos ser un poco más prudente con la velocidad al comer. El apetito es voraz y la cacerola se vacía en la mitad del tiempo en la que se cocina. Cerca de las ocho a la cama. Va, a la carpa. Un poco de lectura y a dormir.

Bajar para volver a subir

Día 3 :

La rutina ya está implantada en el grupo. El horario a despertar es el indicado y el único cambio fue que el desarme se haga post desayuno. Pedalear con la avena en la garganta no es agradable. De a ratos sube la acidéz y no es placentero. A los 25 km nos encontramos con la primer ” road stop”. Son gasolineras que cuentan con hospedaje y sus precios son un poco extravagantes.

Una clásica Roadhouse. Gasolina, restaurante y hotel por detras

Esta estaba solo a 150 km de Norseman y por un litro de agua cobraban 5 dólares. Dani intentó una rebaja mediante una charla a solas con el muchacho del mostrador pero este se mostró cero empático y marchamos a la ruta sin el agua deseada. En el súpermercado una lata ronda él dólar y medio y en este lugar se atrevían a cobrarla a 9 … Comimos unas frutas ( cada una por 2 dólares) y el cielo que no tenía nubes mostraba su azul claro y con él, su calor. A los 25 kilómetros encontramos una casa abandonada. Ubicada en el medio de la nada. Los únicos árboles estaban cerca de ella y decidimos frenar a esperar a que el sol bajara un poco. Estaba más que picante.

La casa de los Bikings. Otra de las tantas que tomamos prestadas por un rato
Siesta en la sombra

Nos echamos en el suelo y con algunos frutos secos distrajimos el apetito. A las 15, aún con el sol bien en lo alto salimos a la ruta. Restaban solo 27 km para llegar a la meta del día. Un auto paró y yo venía con Aleix atrás. Dani y Maxo iban un poco más motivados adelante. Baja una chica morena de unos 20 años y se manifiesta más que contenta. “¿Son ustedes los Bikings? ¡Los sigo desde que arrancaron en Perth! ” Posamos para la foto y nos dio una banana a cada uno que fue como la espinaca de Popeye. Nos reunimos en un cartel mítico. Entramos en la ruta recta más larga del país y supongo que debe de ser también del mundo … 146 km sin ninguna sola curva. Sacamos algunas fotos y el mero hecho del cartel nos motivó a todos.

El medio de la nada y 40 grados de calor no son razón para no divertirse

“Entramos en la ruta recta más larga del país y supongo que debe de ser también del mundo … 146 km sin ninguna sola curva”.

Recorrimos los últimos km juntos. Lo que sucedió fue increíble. Llegué con Maxo unos minutos más tarde que los chicos y sin ver dónde se ubicaron paramos donde se encontraba un hombre fumando un puro. Stan. Oriundo de Escocia, buzo de saturación, nos invitó cervezas hasta que se acabaron. Nos dió palabras de aliento y cenó con nosotros. Arroz con porotos de todos los colores y salsa de tomate. Dormir no cuesta más que acostarse. El cansancio y estar desde las 5 am arriba hace que sea fácil y placentero.

Nuestro gran amigo Stan

Día 4 :

Despertamos un poco mas tarde de lo normal a causa de las cervezas. Desayunamos la avena y Stan compartió unos higos secos que quedaron en el recuerdo. Aleix tenía una rueda pinchada y en cuanto la arregló comenzó a llover. Un ciclón en el Norte del país hizo que en esta zona árida caiga agua. Y de qué manera. Movimos campamento a una mesa que contaba con el único techo de toda la zona de acampe. Montamos la lona para protegernos de la lluvia y pasamos el día leyendo.

Bajo techo y con lona para cubrirnos de la lluvia.

Esperando encontrarnos con 40 grados de promedio diario nos mirábamos las caras con todo el abrigo con el que contamos y nos reíamos de la situación. No tardó mucho en que se borrara. Por la tarde estábamos todos mojado. Todo mojado. Eso sí, con cara de perro amigable me presenté en una caravana en búsqueda de agua caliente. La pareja nos regaló una torta de frutos secos que disfrutamos muchísimo. Con el agua cociné un kilo de cous cous y por la tarde pasó algo mágico.

 

Había cesado la lluvia y fue la primera vez en mi vida que vi algo así. Un arco iris completo. Los cuatro parados uno a lado del otro. Atónitos. El cielo se encontraba parcialmente nublado y el atardecer fue un regalo. Un abanico de colores nos devolvió la sonrisa. Para la cena me encontraba satisfecho y los chicos optaron por no prender la cocina. Un poco por pereza y otro por falta de hambre, cenaron unas latas con aceite de oliva. Nos acostamos con la idea fija que mañana iba a ser un día hermoso.

Día 5 :

Con el desayuno preparado desde la noche uno se levanta bien predispuesto. Al abrir la carpa y encontrarnos con una neblina espesa fue desmotivante. Aun así desarmamos el campamento y decidimos esperar. Teníamos la teoría que en cuanto suba el sol la neblina se disiparía.

Es un tanto peligroso andar así ya que perdemos visibilidad y tanto los camiones como los autos no pueden ser prudentes.

Aprovechamos la mañana para hacer un vídeo de Guampas del Sur. Banda duo que formamos con Maxo hace 5 años.

  

A las 10 am ya habíamos hecho todas las tomas necesarias y nos encontrábamos súper animados. Guardar las cosas toma más tiempo del que uno cree. Así se hicieron cerca de las 12 del mediodía y antes de salir con el estómago vacío decidimos comer un plato de pasta. Con atún y salsa de tomate postergamos las salida para las 14 hs. Los planes en este tipo de viaje están sumamente atados a la circunstancia por lo que suelen cambiar mucho. Siempre los discutimos entre todos y barajamos todas las posibilidades. Estábamos poniéndonos la crema de sol,  casi listos para salir, cuando una casa rodante paró delante de nosotros. Nunca vi una parecida. Un hotel sobre ruedas. Atrás tenían un trailer cerrado en el que llevaban dos Harley división para dar unas vueltas. Nos abastecieron de agua y encaramos la ruta más que contentos. Habíamos sacado un buen provecho de la mañana. Pedaleamos unos 60 kilómetros y paramos en un área de acampe. Este no contaba con mesas ni nada. Solo un tacho al costado de la ruta. Cenamos arroz con remolacha y maní mientras disparamos ideas para el proyecto. El movimiento nos encanta. Nos alegra. Una pareja de alemanes apareció en medio de la cena. Estando en medio de la nada en un principio nos pusimos alerta y en cuanto vimos que se trataba de dos jóvenes viajeros nos relajamos. El estrés fue por deporte. Antes de dormir compartimos unas palabras con ellos.

Arróz, remolacha y maní. Receta que nunca falla

Día 6 :

Amaneció nublado y apenas desarmamos comenzó a gotear. De hecho hizo que sea todo más rápido. Salimos a ruta sabiendo que a los 30 km había una parada con un techo. Llegamos a las 10 am y por suerte aún habían dos caravanas paradas. Pedimos por agua y el muchacho encantado bajo un tanque de 20 litros y nos llenó las botellas. Resulta que viajaba con toda su familia. Es legal en este país hacer la escuela a distancia y sus hijos por un año aprenderán sobre el mundo al costado de la ruta, en parques nacionales y conociendo gente de todas las localidades. En cuanto se llenó la última botella desde el cielo comenzó a diluviar. Nos refugiamos los 4 en el baño. La escena era graciosa. Daban ganas de llorar, pero le pusimos el pecho a la situación. Estar todo el día en un espacio tan reducido no es agradable. Menos mojado y muchísimo menos a lado de un agujero lleno de mierda.

Maxo intentando conseguir algo que no fuera arróz ni pasta

Cada tanto paraba un auto para hacer uso del mismo y teníamos que sacar todas nuestras cosas del baño. Una pareja que vive hace 11 años en su caravana nos dió agua caliente. Con ella cociné un cous cous y con algunas latas almorzamos. Hora a hora, charlando de cualquier cosa pasamos la tarde.

Se puso excitante cuanto un hombre bajo así botar la mierda de su caravana y nos regaló una cerveza para cada uno. Brindamos y con unas galletitas comenzamos a reír. Aleix fue en búsqueda de agua caliente nuevamente y la propuesta fue una caricia al alma. La mujer septuagenaria se ofreció a cocinarnos la cena. A las 1 8 30 como pactado nos presentamos los cuatro en la puerta de su casa. El plato era carne desmechada con papas hervidas. Con dos tupers nos sentamos en la puerta del baño, bajo techo a cenar. Estiré con el arroz que había quedado del mediodía y saciados nos fuimos a dormir con la ilusión que mañana sería un día bonito. Los 35 km recorridos fueron un tanto desalentadores pero el día tiene sus sorpresas. Aceptar la condición de estar condicionados y disfrutar de las pequeñas cosas.

 

Día 7 :

Otra vez lluvia. El ciclón nos convirtió en testigo de un fenómeno rarísimo. Tres días consecutivos en la zona más árida del país. Con la idea fija de pedalear cual fuera el clima desmontamos todo rápidamente. En el proceso una pareja que estaba saliendo del camping freno y nos ofreció agua. Se trataba de dos buzos de cuevas. Fue hermoso. Nos cambió la cara completamente. Nos dieron kilos de fruta y magdalenas de frutos secos.

Salimos súper motivados. Acordamos una primera parada a los 35km que sabíamos de la existencia de un techo. Fue la primera ves que rodamos todos juntos y a un ritmo fuerte. Aleix se puso al costado arengando cada treinta segundos. Cuál entrenador, efusivo y enérgico gritaba palabras de aliento. Con un promedio de 25 km por hora el paron apareció rápido. Disfrutamos de las manzanas y naranjas con caras de regocijo.

Cuesta encontrarlas en esta zona del país. La próxima gasolinera distaba a unos 40 km. Llegamos a Caiguna cerca de las 15 de la tarde.

Habíamos terminado la “90 Miles Straight”!

Dani, como buen líder, contento con el trabajo del equipo compró dos duchas. Vale decir 20 minutos de agua caliente. Nos sentamos a comer lonchas de pan con mantequilla de cacahuete. Una fina capa de miel hacen de esta comida una única. La textura y el sabor hacen a esta tostada adictiva. Las personas encargadas del lugar fueron mas que antipáticos. Nos pidieron que nos valláramos acusándonos de que molestábamos a los pocos transeúntes. Estábamos un poco enojados con la situación y cansados de los 70 km. Analizamos la situación y ante una posible lluvia venidera nos distanciamos 300 metros del lugar y acampamos en la intemperie. Armamos las carpas y montamos la lona. Apenas terminamos de armar las sillas, comenzó a llover. Bajo techo y protegidos cenamos pasta con salsa de tomate. Un kilo para festejar el movimiento y sin hablar mucho de lo acontecido a la tarde así no amargarnos. Sin mucho sobre mesa nos fuimos a dormir.

 

Escrito por @francobicicleta

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