Viajar con la música

Esta vez habíamos decidido no llegar hasta la Roadhouse (estación de servicio en el medio del desierto) y acampar 10 kms. antes en el “bush”. Sabemos que en las estaciones cobran 20 dólares por armar la tienda y nos parece un gasto muy evitable. Es literalmente lo mismo tirarte a dormir en el medio de la nada que en el medio de la nada pero con 6 personas cerca tuyo. Entonces dormimos y por primera vez prendimos un fuego para cenar. Fue una noche distinta en donde todos nos sentimos atrapados por las llamas y el silencio se hacia presente en un ambiente de goze. Podría asegurar que todos nos sentíamos bien y a gusto con la noche.

Estábamos siendo felices, lo cual siempre es fugaz y solemos no darnos cuenta. Esta vez, estoy seguro que lo éramos.

Nuestro primer fogón.

Despertarnos fue cosa de todos los días y la disciplina de subir a la bicicleta y pedalear también. Avena con cereal, un poco de miel y unos tragos de agua para comenzar lo que sería un día con sol brillante arriba de nuestros cascos y, por ende, mucho calor. Empezamos despacio para que las piernas entren en ritmo y poco a poco se acuerden de lo que tienen que hacer por el resto de la jornada, salvo que esta vez ocurrió algo distinto.

10 kms. después de empezar nos topamos con la Roadhouse, que como bien dije, no íbamos a frenar porque no nos hacía falta nada ni tampoco queríamos gastar dinero. Dani, que estaba adelante de todo, tuvo la interesante idea de entrar en la estación y comprar galletas para todos. Una vez comidas seguiríamos rumbo.

El lugar nos pareció hermoso. Tenía una energía distinta a las demás Roadhouses en donde estuvimos y sonaba una música muy alegre. Una especie de “reggae” bien veraniego.

El sol intenso se sentía rico.

La roadhouse desde afuera

Caminamos unos metros hacia adentro y vimos un pasto que invitaba al descanso, unas mesas que llamaban a sentarnos y una gente que quería conversar. Franco fue el primero en dar un paso al frente y entabló una charla con la manager del lugar. Su nombre era “Mari” y nos regaló 2 bolsas de avena porque nos estábamos quedando sin. Le contamos sobre el proyecto y empatizó con nosotros enseguida.

¨Somos 4 jóvenes que damos la vuelta en bicicleta a Australia. Filmamos, nos gusta tocar música y conversar con las personas. Nos gustaría tocar acá hoy y generar un buen ambiente. Podes ver lo que hacemos. Tomá. Acá te dejamos una pegatina y podes vernos ahí. The Bikings Project, buscalo en internet.”

Algo así es lo que nos introduce con las personas (no siempre obviamente) y hace que se interesen en nuestro proyecto. Por cierto, arreglamos con Mari que podíamos tocar a la noche en el bar del lugar y que podíamos acampar gratis. Con solo 10 kms. recorridos en todo el día nos abrazamos contentos con el hecho de quedarnos un día en ese lugar.

Desde ahí todo fue una locura.

Conocimos a Matthew. Un cicloturista inglés que se quedó con nosotros a acampar y disfrutar de unas canciones. Nos contó que comenzó con un proyecto de recorrer todo Australia a pie. El viaje presentó unas complicaciones de nivel “relaciones humanas” y optó por seguir solo en una bicicleta. Es una persona muy interesante y con un humor muy parecido al nuestro, así que llevarnos bien fue fácil. Dentro de la Roadhouse los empleados eran muy buena gente. Nos dieron de comer y unas cuantas cervezas de regalo. Llegó mucha gente y el ambiente fue mejorando cada vez más. Un camionero estaba muy contento con todo y aplaudía con fuerza y compraba cervezas. Más tarde llegaron 4 jóvenes. Uno de portugal con su amigo de Alemania que viajaban juntos haciendo música, una situación idéntica a la mía con Franco. Estaban con dos amigas, una de Suecia y otra de Francia. Todos se unieron en el canto y la pareja de músicos tocaron unos cuantos temas. Era muy bueno escucharlos y lo hacían muy bien. Además tocaban canciones en inglés y eso puso a la gente a cantar y bailar. Fue estupendo. Todos nos felicitábamos por ser buenos, amables y hacer que los demás pasen un buen momento, a pesar de no conocernos.

 

El nombre de esta Roadhouse es “Mundrabilla” y queda muy cerca del borde entre Western Australia y South Australia. Queda en un lugar muy remoto en donde las personas que viven se relacionan todos los días entre sí. Es un sitio muy seco y desértico. Reciben constantemente australianos, turistas, ciclistas, viajeros y demás personas totalmente desconocidas. Eso es lo interesante. Sin conocernos, optamos por entregarnos un buen rato el uno con el otro. Y que buen rato. Unico y auténtico. Lleno de interés, especialmente abierto a recibir y a entregar.

Lleno de música, como siempre.

 

 

Escrito por @maxocadel

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